PASTA BOLOÑESA CURIOSA (invertida)

IMG_0479

 

Qué pasaría si de pronto algo viniera y te volviera tu vida del revés. Si cada mañana al despertar un martillo te diera contra la cabeza y no te dejara poner los pies en el suelo. Si cuando vieras las caras de tus hijos en el desayuno quisieras abrazarles fuerte, fuerte y prometerles que nada malo va a suceder, aún sabiendo que antes que ser hijos tuyos, lo son de su propio destino. Que pasaría si te diera por imaginar que en alguna parte del mundo hay un mesa y alrededor sentados unos señores siniestros que conspiran en tu contra. Que pasaría si en tu despiste chocas con el coche de delante y es un taxista malhumorado por las pocas bajadas de bandera, por la crisis, por las doscientas obras que se están acometiendo en la ciudad de manera simultánea. Qué pasaría si al salir de tu trabajo precario y escasamente remunerado te dirigieras al super y la cajera no se compareciera de ti y del ritmo frenético de la cinta, imposible llevar las cosas a las bolsas y vaciar el carrito desde el otro extremo. Y allí vuelven a estar los conspiradores siniestros, formando una fila de 20 personas detrás de ti, esperando por ti y porque le des ritmo de samba a tu compra y hagas todo a una, mientras la cajera te pide un dineral por las cuatro cosas que compras…..

Qué pasaría si de repente un día te llenaras de valor y le dijeras a tu marido que sabes que anda tonteando con otra y que se acabó.

Pasados los días pasaría y pasó que no estaba el martillo dándole golpes, solo salían unas lagrimillas que rápidamente había que secarse para que los niños no adivinaran su tristeza. Les daría los mismos abrazos, igualito de fuertes y con la certeza de saber que acabarían aceptando la ausencia diaria de papá, el mismo que no pensó en traicionar no sólo a ella, si no a toda la familia por pasar no sé sabe cuántos ratos, si mucho o pocos, eso ya daba igual,  al calor de otros abrazos. Pasaría y pasó que el trabajo se convirtió en una vía de escape y ya importaba un congo el número de días de asuntos propios. Pasaría y pasó que en el super el ritmo sigue siendo el mismo, pero ya no conspiran, ahora mira directamente a los ojos a la cajera y le dice:- Espere a que empaquete mi compra por la que ahora le pagaré un dinero que sustentará un porcentaje de su nómina. Y después, pasados los días nos llamaría a todas sus amigas y nos diría algo así…..

Un día leí un whatssapp  de fulanita de tal  a mi marido que ponía(……)

Hoy soy la mujer más triste del planeta, pero la más firme, la más segura y la más fuerte. No sé si le perdonaré algún día, solo sé que pensé que es lo que pasaría y dejé de sufrir por lo que no sabía y me imaginaba. Hoy sufro por recordar lo que fuimos, tuvimos e hicimos juntos, pero he recuperado mi vida y me recuperé yo de mi misma.

Por y para ella, por y para su dolor que cada día que pasa, me dice que se va haciendo más pequeño, preparo esta pasta boloñesa (invertida) porque a veces, cambiando el orden de las cosas, volvemos a encontrarnos en el camino.

 

INGREDIENTES (tienen trampa)

Este verano tuve la enorme suerte de disfrutar de un crucero y hacer algunas escalas en Italia. Concretamente en Venecia, compré esta pasta  “Pipettoni”   y es estupenda para rellenarla. No solo está buenísima si no que además llena de asombro y color la mesa en la que la sirves. Aquí en Gran Canaria la pueden encontrar en tiendas gourmet.

200 grs de pasta Pippetoni

200 grs de ternera molida

1 Cebolla

1 bote de 150 mml de salsa de tomate (mejor si es casera) si no hay que intentar que esté hecha con aceite de oliva

Aceite de oliva

Orégano

Sal

Pimienta negra molida

100 grs de queso parmesano

VAMOS A DARLE LA VUELTA

Cocemos la pasta según las indicaciones del paquete para dejarla al dente.

IMG_0453

 

IMG_0452

 

IMG_0456

 

Mientras se cuece la pasta, vamos cortando muy menuda la cebolla y la sofreímos en aceite de oliva hasta dejarla transparente y sin que se queme ni tome mucho color. IMG_0455

 

IMG_0458

 

Una vez tengamos el punto de la cebolla, incorporamos toda la carne molida a la sartén junto con la cebolla.

IMG_0461

 

 

Tan pronto como hayamos incorporado la carne, damos una par de vueltas (a fuego medio) incorporaremos la mitad de la salsa de tomate a la sartén y mezclaremos bien. Manteniendo el fuego a media temperatura, daremos vueltitas a todo de vez en cuando hasta que la carne se vaya haciendo suavemente. Salpimientamos e incorporamos orégano al gusto. (Le da un toque muy rico y sabroso).

IMG_0463

 

IMG_0466

 

Ya estará cocida la pasta y la pondremos a escurrir. Dejaremos que se enfríe un poco para poder manipularla. Una vez podamos tocarla sin quemarnos y ya tengamos lista la salsa boloñesa, iremos cogiendo nuestros pipettones uno a uno con cuidado y con la ayuda de una cuchara de postre iremos rellenándolos y colocándolos en la fuente donde posteriormente los vayamos a servir.

IMG_0468

 

IMG_0470

 

Inevitablemente alguno o algunos se pondrán romper pero aún así dejan un hueco estupendo para rellenarlos. Una vez los tengamos todos rellenos, los bañaremos con la salsa de tomate sobrante por encima. IMG_0472

 

Rallamos el queso parmesano y cubrimos la superficie de la fuente. IMG_0473

 

IMG_0476

 

Y ya por último le daremos un golpe de calor de 2 minutos (no más para que la pasta no se nos reseque) al gratén, bien en el horno ya caliente o bien en el microondas. Y listos para disfrutar, desde otra perspectiva una pasta boloñesa.

IMG_0478

 

 

 

 

 

 

 

 

BERENJENAS A LA NAPOLITANA

IMG_0439

 

Siempre se sentaba en la misma silla de mimbre. Le gustaba balancear sus piernas en el aire, no llegaba al suelo. Era divertido observar a las más viejas de la casa mientras cocinaban. Escuchar sus discusiones sobre quien de ellas hacía mejor esto o aquello. Al fondo la puerta,  se abría y se cerraba una y otra vez, al antojo del viento. Empezaban a llegar los olores y las tripas  le respondían girando sin cesar en su pequeña barriguita. Así pasaba las horas de los veranos eternos de su niñez. Entre pucheros , platos hondos y cucharas. Ayudaba a poner la mesa, colocaba los pesados platos de cerámica sobre la mesa de listones de madera, sin mantel. Servilletas de hilo,  blancas del sol que las secaba cada mañana, los cubiertos gruesos y mates de los años de uso y vasos de cristal que ya no brillaban pero que se llenaban de agua fresca y pura de la pila.  Entre gritos llamaban al resto a sentarse, alrededor de aquella mesa donde uno tras otro se llenaban los platos directamente de los calderos que las mayores, orgullosas transportaban desde la cocina hasta el viejo porche, con el suelo de pizarra y el techo de parras. Las moscas comían con el resto de la familia y no había almuerzo en que  los zarpazos al espantarlas no asustaran al resto menos a las moscas que volvían insistentes a posarse sobre el pan, sobre la perola de papas sancochadas, sobre la bandeja del rascacio frito, sobre las migas que iban quedando, sobre el mojo verde, sobre el escaldón de gofio,  sobre la manilla de plátanos maduros y sus pintitas negras, dulces y pegajosas….. Hoy tumbada en el sillón de su terapeuta recuerda con absoluta nitidez aquellos veranos, aquellos almuerzos, la compañía, las hojas de parra, la escoba barriendo el suelo, las moscas impertinentes, las olas de calor y el agua de la pila y le vuelve a responder a su gurú que aquellos veranos fueron y siguen siendo lo mejor de su vida. Se sienta en el sofá lo más atrás que le permiten sus posaderas e intenta balancear los pies en el aire. Cierra los ojos, las puede ver, a su Tata, a sus tías abuelas, a las vecinas, entre los fogones. Siente incluso el calor y el sudor que encendían sus mejillas y de vez el cuando le llega el frescor que batea la puerta. Tenía que haber hecho chiquititos aquellos veranos para llevarlos siempre en mis bolsillos. Lo único que me queda es la receta de las berenjenas de una pariente lejana que se había casado con un italiano y que nunca dábamos por finalizadas las vacaciones hasta que ella nos cocinaba las berenjenas a la napolitana. Cada vez que las preparo, su sabor me regala la certeza de que alguna vez en mi vida, fui inmensamente feliz.

Y yo feliz también porque su generosidad me regaló esta receta.

INGREDIENTES: (para dos)

1 Berenjena

3 Tomates maduros

1 Pimiento rojo no muy grande

1 Cebolla

1 manojo de hojas de albahaca fresca

1 cuchara tamaño postre de orégano

 1 diente de ajo

Aceite de oliva

Pimienta negra

Sal gorda

COMO BIEN DICEN, LA FELICIDAD NO ES LA META, ES LA ACTITUD, así que a preparar esta receta y a contagiarnos de optimismo

Antes que nada, lavaremos la berenjena y la cortaremos en rodajas de 1 cm de grosor, con piel incluída.

IMG_0412

Dejaremos ahora las rodajas de berenjenas sumergidas en agua para que pierdan el amargor y añadiremos un puñado de sal gorda. Reservamos.

IMG_0415

Ahora vamos pelando la cebolla y la picamos lo más pequeñita que podamos o mejor ayudarnos de una picadora eléctrica.

IMG_0417

En un caldero chato, pondremos el fondo de aceite de oliva y pocharemos la cebolla hasta dejarla transparente (no dejar que se queme)

IMG_0423

Picaremos ahora igualmente el pimiento rojo.

IMG_0425

Lo añadiremos al caldero junto con la cebolla y seguiremo pochando ambos.

IMG_0429

Utilizando también la picadora, pondremos dentro de la misma, las hojas de albahaca , la cucharada de orégano y el diente de ajo.

IMG_0421

IMG_0427

IMG_0430

Lo picaremos todo y lo mezclaremos con la cebolla y el pimiento. Removemos y mantenemos al fuego a temperatura media.

IMG_0432

Vamos poniendo ahora a escurrir nuestras rodajas de berenjenas y mientras se secan ligeramente, pasamos nuestros tomates maduros por el rallador.

IMG_0413

Una vez tengamos los tomates rallados, incorporaremos primero la rodajas de berenjenas sobre el caldero, intentado que no se queden muy sobre puestas, las repartiremos lo mejor posible.

IMG_0435

Ahora sobre las berenjenas, verteremos el tomate rallado. Taparemos el caldero y seguiremos manteniéndolo a fuego medio. Removeremos con cuidado de vez en cuando.  Así hasta 10 minutos después y ya estarán listas. Es muy importante tapar el caldero. Las berenjenas se guisarán y el olor que inundará nuestra cocina nos arrancará una gran sonrisa….. Delicioso.

IMG_0438

PUDING DE ESPÁRRAGOS BLANCOS

IMG_8684

 

Se levanta con prisas cada mañana. Cree que jamás ha hecho caso a la primera al incómodo pitido del despertador, siempre enemigo. Cada noche le marca las horas que no logra dormir y cada mañana la despierta de ese plácido sueño que no logra conciliar hasta antes de bien entrada la madrugada. Pero ella en el fondo lo sabe, sabe que eso,  solo es un maldito aparato que funciona porque ella le carga las pilas. No se calza zapatillas y el frío del suelo le recorre desde los tobillos a la corollina. Eso la ayuda a ponerse en pié de un salto. Siempre el primer idéntico pensamiento cada mañana….. No me parezco en nada a las que se levantan en el desayuno Special-K. Más frío, ahora directo a la cara mientras la empapa de agua. Se refugia en la toalla que se seca. Se mira y se  murmura al espejo todas esas inseguridades que la acomplejan y sigue a la cocina. Cafetera en marcha y a correr. Desde que da el primer sorbo una especie de descarga eléctrica recorre todo su cuerpo y escucha el mismo disparo que los atletas en la línea de salida. Prepara desayunos, prepara talegas de meriendas, despierta a la tropa, les bloquea la salida al pasillo para obligarles a enjuagarse sus angelicales caritas en el baño, les motiva con mensajes positivos solo con el fin de que se apuren y se vistan y se calcen. Les vuelve a apurar para que se acaben la leche con los cereales. Entre medio, ella se da algo parecido a una ducha, chorreando y ya algo perdido el tono animoso, empiezan las amenazas del tipo,:-El que no se haya acabado la leche cuando llegue a la cocina se queda sin consola todo el fin de semana. A medio vestir, entre un pantalón de deporte que bien podría ser de pijama (alguna vez) un ojo con rímel y otro todavía con alguna legaña, porteando las mochilas, las talegas, las bolsas de actividades complementarias, salen, siempre corriendo y apurando los minutos a la parada de la guagua y vuelve a pensar…. En nada me parezco a la mami de Actimel que sale tan vital y tan puntual a dejar a sus hijos cada mañana. Regresa a casa después de despedir desde la acera con las manos en alto agitándolas hasta que la guagua se pierde en la carretera. Como quien ve alejarse un trasatlántico. Y vuelve a poner en marcha los motores, para llegar a tiempo al trabajo, ese mismo trabajo que le permite pagar canguros todas esas tantas veces que el colegio requiera su presencia para reuniones, fiestas y celebraciones, catequesis, pediatras, dentistas y algún que otro imprevisto en algún que otro especialista. Y vuelve a pensar, debo de ser rara porque ni mis hijos ni yo, sonreímos en el dentista. Trabaja mientras piensa en la cena de sus hijos esa noche, mientras se acuerda que de camino a casa tendrá que pasar por el super, por la farmacia que no queda Dalsy, por la frutería, por la librería. Llega a casa, el sillón le grita que se tire y se regale un ratito, pero se dice que ella en nada se parece a esas chicas de la tele que desde un mullido y limpio sofá cosquillean la tripa de su bebé. Sigue y antes de comer deja prevista la cena de todos. Y vuelva a coger las llaves del coche y vuelve a salir a la calle. De nuevo se ha vuelto a olvidar de almorzar. Corre que se las pela de camino al cole, recibe contenta a sus hijos, los abraza, los besa y les pregunta por su día. Escucha cada batalla, cada secuencia en la vida de sus hijos, con especial atención a lo que cuenta el pequeño. Su tesoro más pequeño. Los reparte por sus actividades, los espera, los vitorea cuando marcan gol, cuando ganan la carrera, cuando encestan. Se hace oscuro el día y de regreso a casa, ya pensando en mañana. En que sus uniformes estén a punto, en que sus tareas estén terminadas. Repasa los huesos del cuerpo, sin calculadora para dar ejemplo, revisará las operaciones matemáticas, firmará y responderá las circulares y avisos varios que el día haya traído a su orilla. Pondrá la mesa y en ese momento se dará cuenta que aún no ha tenido tiempo de descalzarse los zapatos y que le aprietan. Recogerá la mesa, vigilará la limpieza de dientes, repartirá cariño y ternura en cada camita….. Serán las nueve de la noche y sus tripas le recordarán que no ha probado bocado. Escuchará una llaves girar la cerradura, entraré él y con un beso más al aire que a sus labios, le preguntará: -¿Qué tal tu día?……

Y ella se volverá a acordar que ha vivido un día más, pensando en todo  y en todos los demás, excepto en si misma.

Aquí queda esta receta, fácil y exquisita al igual que las vidas que nuestras madres  nos permiten vivir y dejan las de ellas,  por nosotros cada día y cada una a su manera.

INGREDIENTES:

1 lata de yemas de espárragos (solo de yemas)

1/2 vaso, tamaño de beber agua, de leche evaporada

1/2 cebolla

1 trozo de mantequilla

Sal y pimienta negra

3 huevos

MANOS A LA OBRA:

Antes que nada ponemos a escurrir las yemas de espárragos y encendemos el horno a 180º calor arriba y abajo para tenerlo listo para después. Ahora, ayudándonos de una picadora eléctrica, picaremos la 1/2 cebolla en tamaño muy menudo.

IMG_8646

IMG_8655

En una sartén, pondremos a derretir el trozo de mantequilla, a fuego medio, no dejar que tome color y mucho menos que se queme.

IMG_8658

IMG_8659

Cuando ya esté lista la mantequilla, añadimos la 1/2 cebolla picada y la salteamos. Seguimos a fuego medio.

IMG_8661

Mientras se va haciendo la cebolla, vamos batiendo enérgicamente los tres huevos.

IMG_8663

Después de batidos los huevos, añadimos a estos, el medio vaso de leche evaporada y volvemos a batir.

IMG_8664

IMG_8665

Reservamos y ahora vamos a por las yemas de espárragos. Las pondremos sobre una tabla de corte y les hacemos cortes así un poco a lo loco, lo que pretendemos es que desmenuzen algo sin que pierdan mucho cuerpo.  Reservamos.

IMG_8666

Volvemos  la sartén donde estábamos pochando las cebollas y cuando ya estén bobitas y transparentes, añadimos las yemas de espárragos desmenuzadas. Salteamos unos minutos má dando vueltas para que se mezcle bien con la cebolla.

IMG_8668

Pasados unos cinco minutos, retiramos del fuego y pasamos la mezcla al cuenco donde teníamos batidos los huevos con la leche evaporada. Mezclamos bien y damos buenas vueltas para que todo quede bien repartidito. Salpimentamos al gusto.

IMG_8674

Reservamos. Ahora cogemos un molde apto para horno (yo utilizo alargado) y lo cubrimos con papel vegetal para horno.

IMG_8675Echamos la mezcla dentro del molde ya forrado y cogemos ahora una bandeja apta para horno, más grande y con cierta profundidad, de manera que se cocine el puding al baño María.

IMG_8677

IMG_8679Lo introducimos así mismo en el horno. Mantenemos temperatura y función (180º calor arriba y abajo) durante unos 25 ó 30 minutos. Dependerá de cada horno, así que lo mejor será comprobarlo. Para ello introduciremos un cuchillo y cuando ésta salga limpio, nuestro puding también lo estará.

IMG_8681

Se puede comer caliente o frío acompañándolo en este caso de mayonesa…. De las dos maneras es exquisito.

IMG_8684

PAPAS (con aroma de romero)

IMG_9076

 

Todos en el barrio la llamaban Tomasa “la loca”. No era ni mucho menos respetada, era temida, muy temida.  Tomasa rara vez salía de su pequeña y vieja casa, pero cuando lo hacía soportaba las burlas de los chiquillos del barrio que corrían tras ella y la llamaban loca. A los niños no les respondía. Ella jorobada por los años, con cuatro pelos blancos que le quedaban en su cabeza, seguía a paso ligero derechita a la tienda de la esquina. Compraba papas, un cartón de leche y cuatro panes y de regreso a su escondite. De vez en cuando le daban “los ataques” como decían en el barrio. Abría la única ventana de su casa que daba a la calle y lanzaba toda suerte de cosas que encontraba.  Volando podían aparecer, calcetines, un colador, una silla, un florero que se hiciera añicos, un jersey. Mientras los lanzaba gritaba  profecías sobre todo aquel curioso que se acercara. La gente corría y desaparecía de su vista. Algunos se reían, las más viejas se presignaban porque creían que Tomasa era la viva imagen del demonio.  Ya de madrugada, cuando el barrio dormía, Tomasa salía en bata y recogía el desastre, pertrechada con una escoba,  limpiaba la calle de toda su ira, regresaba y nadie la volvía a ver hasta que volviera a la tienda a comprar, su kilo de papas, su cartón de leche y sus cuatro panes. Jamás fue a la misa del domingo, jamás participó de una verbena. De la tienda a su casa, de su casa a sus ataques. Y así se le fue yendo la vida. Los más viejos del barrio decían que de chiquilla había sido una niña de lo más alegre. Venía de buena familia, pero todos se habían ido a hacer las Américas hacía ya muchos años. Ella se había quedado aquí por amor. Pero lo que la volvió loca, nadie lo sabía. De jovenzuela andaba por los bailes con un muchacho inglés, bien parecido. Pero él desapareció de repente.

Hasta que un día, sus vecinos más cercanos alertaron al guardia del mal olor que salía de casa de la “loca”.  El guardia se hizo acompañar de otro compañero, ni él se atrevía a molestarla. Ya por la tarde y tras intentar a golpes en su puerta que Tomasa la abriera, decidieron tirarla abajo. Cierto que salía muy mal olor. Los vecinos se agolpaban en la puerta, los chiquillos se abrían hueco entre las piernas de los mayores y a gritos iban retransmitiendo lo que iban viendo. Hasta que uno de los guardias salió y fue dispersando a la muchedumbre que se concentraba allí. Tomasa había fallecido. Nadie sabía cuantos días podía llevar muerta y sola en su casa.

No tardaron en correr leyendas por las calles del barrio. La más disparatada es que había sido vedette en la post guerra y que las noches de juerga y el  alcohol le habían tirado a la cabeza. Todos los vecinos y todas las historias la velaron aquella noche. Rezaron por ella y por su endemoniado espíritu, mientras se hacían corrillos y crecía la leyenda.

Hubieron tantas historias como vecinos en el barrio. Vecinos que ahora, todos aseguraban haber hablado con ella, haber entrado a su casa a calmarla alguna vez. Hasta el párroco se aventuró en el sermón de su funeral a decirles a todos que ella confesaba a diario, cuando nadie la veía.

Lo cierto es que Tomasa dejó de estar en este mundo hacía muchos, muchos años atrás. Cuando la vida más le sonreía al lado del  amor de su vida, Dios les bendijo con un precioso varón que nació sano. Días después de dar a luz, en la estricta intimidad de aquella recién estrenada familia, Tomasa se despertó una mañana, el bebé no estaba en el camastro ni su hombre aparecía por sitio alguno. Solo quedaba una carta, sobre la mesa de la cocina. Él le explicaba que era un hombre casado, que había sido muy feliz a su lado pero que debía volver a su casa, donde Dios había pasado de largo y nunca le había dejado el regalo de un hijo. Me lo llevo conmigo, no quiero que vivas la deshonra de ser una madre soltera. Tranquila, eres fértil y bella y la vida te volverá a regalar muchos hijos, le decía en resumen en aquel papel.

Eran por aquel entonces los años cuarenta. Y Tomasa se volvió loca. Cuando falleció habían pasado cincuenta años más. Eso sí, su casa estaba destartalada el día que los vecinos,  ya sin el cuerpo presente,  se aventuraron a entrar por la ventana de la ira. Todo estaba viejo, rancio y gastado. Todo excepto un camastro pequeño, tallado a mano, con un jueguito de sábanas blancas de hilo con unas iniciales bordadas.  Te acercabas a aquel camastro y olía a agua de rosas. Aquella imagen solo sirvió para avivar más aún la leyenda de Tomasa. Nadie supo nunca de la verdad de su locura, nadie ni viva ni muerta,  tuvo para ella un instante de ternura, ni siquiera ella consigo misma.

Dicen los entendidos que nuestro cerebro se resigna antes de una pérdida que de una traición. Creo que ni una cosa ni la otra. Lo que si que es cierto es que la locura, a veces,  es  el único antídoto contra el dolor.

INGREDIENTES

Tantas papas como gente tengamos a comer a casa. Yo en este caso utilizé cuatro medianas

Aceite de oliva

Sal gorda

Pimienta negra molida

Unas hojas de romero fresco

ESTA ES UNA GUARNICIÓN PERFECTA, CASI QUE PARA CUALQUIER PLATO

Pelamos las papas, las lavamos bien y las introducimos en un caldero con un puñado de sal gorda. Las ponemos al fuego directamente, sin esperar que el agua hierva.

IMG_9037

Una vez que el agua rompa a hervir, calculamos 10 minutos de reloj.

IMG_9041

Pasados los 10 minutos, las ponemos a escurrir, aún estando las papas algo duras (se terminarán de hacer después en el horno)

IMG_9047

En este momento pondremos el horno a precalentar, calor arriba y abajo a 200º.

Ahora cogemos una fuente apta para el horno y repartimos aceite de oliva sobre el fondo. No en exceso, simplemente para que después, las papas no se queden pegadas.

IMG_9049

Colocamos las papas dentro de la fuente y las partimos en pedazos algo más pequeños, pero que aún conserven un tamaño interesante (no pequeño, ya que va a ser una vistosa guarnición).

IMG_9052

Volvemos a echar, ahora sobre las papas, un chorrito de aceite de oliva y con ayuda de una brocha de cocina, pintamos con el aceite ligeramente, la superficie de las papas.

IMG_9054

Añadimos ahora, al gusto, un poco de sal gorda y pimienta negra molida.

IMG_9056

Y ya por último, lavamos bien unas ramitas de romero y desmenuzamos las hojas que las iremos echando sobre las papas.

IMG_9058

Introducimos nuestra fuente con las papas en el horno, manteniendo la misma temperatura (200º arriba y abajo), unos 25 minutos. El aspecto final debe ser el de la papa doradita por fuera. Y ya tenemos una guarnición perfecta tanto para carne, para pescado o para pollo. Sabrosas y con aroma. Al partirlas verán que está doradita por fuera y muy cremosa por dentro, manteniendo todo su sabor a papa y ese regusto final a romero…. Exquisitas.

IMG_9077

ENSALADA DE ESPINACAS

IMG_9075

 

Releyó aquel e-mail unas cien veces. En la soledad de su habitación de aquel hotel, uno cualquiera en cualquier parte del mundo. Después de esas cien, volvió a leerlo en diagonal. Buscaba explicaciones que allí no estaban escritas. Cristina se casaba. Cristina, Cristina, Cristina, se repetía una y otra vez. Hacía más de un año que no la veía. Incluso cuando dejaron de ser pareja tampoco la había visto. Él estaba en Beirut (trabajo) y cuando regresó a casa tan solo quedaba de ella una nota manuscrita que decía:- Adiós, Efrén. No puedo más. Soy muy débil para vivir sola, dentro de esta extraña pareja. Un plato de espinacas en la nevera le dio la pista para saber que no hacía mucho que Cristina se había ido. Aún conservaban ese intenso color verde. Cristina y el verde, todo se lo come verde….. Pues a seguir sólo, pensó. Decidió no llamarla, no mandarle mensajes, ni mails, ni whatssap. ¿Para que iba a servir? Al fin y al cabo ella misma lo decía en su nota, se sentía sola dentro de aquella pareja y él había sido muy claro con respecto a su trabajo. No la había engañado. Tenía que viajar constantemente, tenía que cumplir con horarios inusuales y no quería ni sabía delegar. No estaba hecho para el compromiso, ya bastante tenía con la responsabilidad de asumir su cargo.

Pero un año después, Cristina se casaba. No pegó ojo en toda la noche. Un año después volvía a tener noticias de Cristina. Textualmente le escribía:

Querido Efrén, me atrevo a ponerte este correo para informarte de que me casaré dentro de unos días. Tranquilo, no espero respuestas. Imagino que esta noticia te es del todo indiferente pero para mí no lo es. Me parece importante que lo sepas, ya que hace un año abandoné tu casa y aún hoy no tengo ni la más remota idea de si has ido por allí y te has dado por enterado de nuestra situación. Lo dicho Efrén, que me caso y que espero de todo corazón que las cosas te sigan yendo igual de bien.

Un fuerte abrazo, Cristina.

Por momentos se engañaba y se decía, no debe de ser tan feliz, en tanto en cuanto, se acuerda de mí. No, no me ha olvidado. Cristina tiene terror a la soledad y se casa por no estar sola. Se casa porque le importa mucho el qué dirán y ya va a cumplir cuarenta y es la única de sus amigas que aún no se ha casado. Por eso y por la maldita perreta de ser madre. Con lo que coarta un hijo. Ella no ha pensado bien lo que significa tener un hijo. Mis amigos y mis colegas que se han aventurado a tener familia, están gordos, apagados, absolutamente domesticados bajo el yugo de sus esposas, hijos, mascotas…. Qué va!!! Cristina no sabe lo que está haciendo.

Se levantó de un salto de la cama. Volvió a leer el mail. Despacio, muy despacio. Se acercó al mini bar, se sirvió un Gin-Tonic. Dio un sorbo, después un trago más profundo, le llegó a quemar la garganta. Se tiró en la moqueta, de aquel hotel, de alguna parte del mundo y comenzó a llorar.

Era la primera vez en su vida que se sentía sólo y vulnerable. Era la primera vez que necesitaba los brazos de su madre desde que con un año comenzó a andar. Era la primera vez que pensaba en Cristina más que en su trabajo.

Las luces del día le despertaron. Le dolía todo el cuerpo. No quiso mirar la hora. Por primera vez en muchos años, no quería saber qué hora era. Se duchó, dejó que el agua cayera sobre su cabeza con la intención de borrar el mail de Cristina de su memoria. Volvió a llorar, a llorar por ese futuro por el que tantos y tantos años había trabajado, para llegar a ser ¿el qué?, ahora no se sabía las respuestas….. El mejor, el más rico, el ejecutivo más agresivo….??????

Se abrazó a si mismo envolviéndose en la toalla, se sentó a los pies de aquella cama de hotel. Dejó pasar el tiempo, dejó de atender todas las llamadas que incesantemente sonaban en su blackberry. Y allí se quedó, esperando un futuro, de repente incierto. Sin Cristina, había dejado de tener sentido el mañana. Se hizo tarde, muy tarde, en ese día, en aquella habitación de hotel de aquella parte del mundo y en su vida. Llegó tarde a su propia vida.

INGREDIENTES:

2 Manojos de espinacas

150 gras de Bacon en tiras o en trocitos

100 grs de queso Parmesano

Aceite de oliva virgen

Vinagre de Módena

Sal en escamas o sal gorda

SE HACE MUY RAPIDITA, ASÍ NOS DEJA TIEMPO PARA LAS COSAS QUE REALMENTE IMPORTAN….

Deshojamos las espinacas desechando el tallo y conservando las hojas. IMG_9044

Las lavamos bien y las escurrimos y las secamos igual de bien.

IMG_9045

Una vez lavadas y secas, las colocamos sobre la bandeja o ensaladera en que la vayamos a servir.

IMG_9061

Ahora vamos cortando el parmesano en lonchas como se pueda. Es un queso tan duro que mejor hacerlo con un cuchillo no muy grande, tipo navaja (que diría mi abuela) y se nos quedan lascas irregulares pero finas. Las vamos colocando sobre las espinacas ya dispuestas en nuestra bandeja.

IMG_9066

Ahora saltearemos el bacon en una sartén antiadherente ya que no le vamos a poner nada de aceite. El bacon se hará en su propia grasa. Lo dejaremos bien churruscadito.

IMG_9064

IMG_9068

Una vez hecho el bacon, lo colocaremos sobre las espinacas y el queso y ya solo nos queda aliñar.  Para ello mejor al gusto de cada uno. Yo le aconsejo aceite de oliva virgen un buen chorrito, otro buen chorrito de vinagre de Módena y por último el toquecito de sal en escamas o en su defecto, de sal gorda. Y a disfrutarla. Intensa y diferente. Muy recomendable.

IMG_9074

ATÚN ROJO MACERADO

IMG_0354

Esta receta tiene banda sonora…. Recuerdo entrar en casa, siendo apenas adolescente, volvía de clases de inglés. Se escuchaba música que salía desde el salón haciendo sonar el tocadiscos de vinilo. Era Sweet Caroline de Neil Diamond.  La puerta del salón estaba cerrada. La hice correr y tras ella, allí estaban los dos. Me miraron y seguidamente se miraron entre sí y automáticamente ella respondió: – Es Vane, mi hermana, la del medio. Él me sonrió y  volvió a mirarla con esa cara de tórtolo enamorado que aún hoy la pone cuando la escucha hablar, cuando la ve llegar, cuando tropiezan sus miradas. Aún hoy, unos cuantos años después.

Aquella fue la primera vez que un chico, más que amigo, entraba en casa con el resto de la tropa familiar allí presente. No tardaron en invitarme a abandonar el salón pero mi inquietud era igual de apremiante… Quería saber quién era él, si era novio o no novio de mi hermana mayor, de dónde había salido, lo quería saber todo y lo quería saber en aquel preciso instante. Hice bien mi papel, ejercí de hermana mediana y puñetera, así que después de la invitación volví una y una otra vez  a aquel salón con mil absurdas excusas y con la única intención de pillar al vuelo, un beso furtivo, una caricia reveladora, una conversación romántica.

Cuando aquel muchacho  desgarbado salió de casa,  mi hermana no tardó en buscarme y recriminarme mi actitud infantil (sin duda alguna que lo fue) pero para mi  dio comienzo toda una expedición que me llevaba a la búsqueda de pruebas. Tenía 14 años, a esa edad descubrir las intimidades de tu hermana mayor se convierte en una aventura apasionante. Así que por propia decisión me convertí en la testigo número de uno de una bella historia de amor.  Aquel fue el punto de partida y desde ese preciso momento  no ha hecho más que crecer y multiplicarse.  Hoy uno cuantitos años después soy tia orgullosa de tres sobrinas maravillosas y además madrina de una de ellas. Si con mi  hijos no corté el cordón,  con mi ahijada María comparto latidos de mi corazón. Especial y única. Y aquel desgarbado muchacho es mi cuñado, pero decir eso es no decir apenas nada. Mientras sonaba Sweet Caroline entraba en mi vida mi hermano, el que nunca parió mi madre ni contribuyó en su existencia mi padre. No es mi cuñado, es mi hermano porque así lo siento, así lo quiero, así hemos compartido nuestras vidas y así lo seguiré queriendo porque hace a mi hermana la mujer más feliz del planeta y porque al resto nos prepara platos exquisitos y deliciosos en sus pocos ratos libres. Este es uno de ello y cada vez que lo intento simular tarareo  Sweet Caroline tin tin tin…..

INGREDIENTES

200 grs de atún rojo cortado en tacos

1 Cuchara sopera de mostaza de Dijon

1 Cuchara sopera de mostaza fuerte

100 mml de salsa de soja

1 Cuchara tamaño moka,  de jengibre en polvo

100 mml de aceite de oliva virgen

100 mml de vinagre de Módena

El zumo de medio limón.

SI CANTAMOS MIENTRAS LO HACEMOS, SALE MÁS RICO

Disponemos el atún en una fuente, preferiblemente de cristal y de la que después tengamos tapa lo más hermética posible. Sobre el atún echamos las dos cucharadas soperas de los dos tipos de mostaza.

IMG_0358

IMG_0360

Sin mezclar nada, lo haremos todo junto al final, verteremos seguidamente los 100 mml de salsa de soja

IMG_0362

Ahora le toca el turno a los 100 mml de aceite de oliva virgen

IMG_0363

Ahora los 100 mml de vinagre de Módena

IMG_0364

Ahora exprimimos el zumo de medio limón y también lo vertemos sobre el resto

IMG_0365

Y por último y antes de empezar a mezclar, la cucharadita tamaño moka de jengibre en polvo

IMG_0367Con ayuda de una cuchara empezamos a mezclar, una y otra vuelta, una y otra vuelta, hasta que se integren bien todos los ingredientes. Tapamos y dos horas en nevera antes de consumirlo. Delicado pero exquisito. La suavidad del atún rojo crudo contrasta y explota en nuestra boca llenándola de sabores absolutamente dispares pero creando a su vez un conjunto de lo más armonioso…. Sweet Caroline ti ti ti!!!!!

IMG_0370

QUEQUE MÁRMOL

IMG_3005

 

Hora de la merienda en la  tarde de domingo. Llueve tras las ventanas y las manecillas del reloj que cuelga en la pared parecen ir más lentas que de costumbre. No hace frío pero mis pies están helados y también mis manos. En la cocina se escucha salir el vapor de la cafetera a la vez que llega intenso el aroma de un café natural que invade por completo la casa. Apenas entra luz, el día está muy gris pero me resisto a encender las luces artificiles. Hay mucha paz. Lleno hasta arriba una taza blanca de cerámica con el café recién colado, le añado unas cucharillas de azúcar moreno, remuevo y vuelve a regalarme su aroma. Empieza a escucharse algo de viento allá afuera y la lluvia golpea con más fuerza los cristales. Se apaga aún más la tarde.  Me llevo la taza al escritorio y antes paro y reparo en el queque que está dispuesto en la encimera,  tapado con la rejilla de bambú que una buena amiga me regaló hace unos cuantos años. Corto un pedazo modesto y me digo, qué demonios y entonces le doy un buen tajo. Lo coloco encima de una romántica servilleta de topos blancos con fondo rosa, esas servilletas le encantan a mi princesa y me pelearía si ve que se las utilizo. Las considera suyas exclusivamente.  Me voy derechita al escritorio que compartimos mi chico y yo en casa, empiezo a teclear esta receta con la intención de hacérsela llegar por mail a una querida amiga. Me paro, vuelvo a pensar, repesco las cantidades de cada ingrediente en algún papel que estará vaya a saber dónde y aporreo las teclas. Me vuelvo a parar y me imagino este blog cuando aún no lo era.

Llego a mi trabajo al día siguiente y comparto la idea con una compañera fenómena en la materia tecnológica, más fenómena como persona, todo sea dicho. Y en cinco minutos mi tarde creativa, mi pedazo de queque y mi café se materializaron en lo que ustedes están leyendo hoy. Esta fue la primera receta que intenté escribir y que después nunca subí, sobre todo porque en aquel momento no se me ocurrió hacerle foto alguna.

Desde aquel instante en que salí del despacho de mi compañera Esther hasta hoy, he cocinado mucho, he fotografiado cosas que jamás ni nunca antes, habían despertado mi interés…. Nunca pensé fotografiar un huevo, la verdad sea dicha. Hasta hoy, otra tarde de domingo, hoy soleada y llenitas de luz las ventanas llegó el momento de que mi amiga Ana, a la que después no envíe aquel mail, tenga la receta del queque inspirador. Y ustedes, los que cada día con un montones de visitas que jamás pretendí ni esperé, tengan mi agradecimiento. Cuando me llegan las notificaciones de las estadísticas con las visitas que recibe el blog, me abruma y hasta me conmueve. Ha habido tantas anécdotas desde que comencé esta “aventura” (mi chico me dice que el blog le roba tiempo para estar conmigo, como si fuera un amante,  pero se alegra más que yo si cabe, cuando algo me entusiasma) y todas y muchas positivas. Sobre todo y antes de seguir, a todos los que están ahí  detrás y muchos sé que ni siquiera me conocen, darles las gracias por su tiempo. Si algo nos falta siempre en la vida es precisamente tiempo, sobre todo el que nos queda por vivir, ese, siempre nos parece poco.  Agradecer la confianza, si además se han animado a cocinar algo de mis humildes, rápidas y sabrosas propuestas, al menos para mi paladar y para los que cocino. Agradecer la ternura que han puesto en la lectura de mis historias, si las cuento es porque a mi también me enternecen. Agradecer los ánimos cuando no he visto claro el futuro del blog, sobre todo por el tiempo del que acabamos de hablar. Tres hijos y el trabajo dentro y fuera de casa no siempre hacen que la fórmula cuadre. Esta ciencia no es exacta para nada. Agradecer a Rebeca y a Chani su ayuda diaria para que yo pueda robar tiempo impunemente de otras cosillas sin que se note mi ausencia. Y a mi chico, que me espera ansioso para cenar mientras yo aporreo teclado, como cuando éramos novios y me esperaba a la puerta del cine.  Agradecer a mis hijos la constante fuente de inspiración que son en mi vida y su paciencia y su delicadeza cuando me ven aquí sentada,  escribiendo para ustedes.

Son muchos miles de visitas ya y desde muchos sitios del mundo que ni siquiera conozco y me encantaría tener los nombres de todos y de cada uno. No es posible, pero no hay nada imposible. El agradecimiento más grande es para ustedes a los que también les robo su tiempo y que lejos de penarme por ello me premian. GRACIAS DE TODO CORAZÓN.

INGREDIENTES:

1 Yogurt sabor vainilla

1 sobre de levadura en polvo (yo siempre utilizo Polvos Royal)

3 huevos

1 vaso (tamaño vaso del yogurt) de aceite de oliva, hay quien prefiera para los postres aceite de maíz (tipo Happyday)

2 vasos (tamaño vaso del yogurt) de azúcar blanca

3 vasos (tamaño vaso del yogurt) de harina de esponja (o harina para bizcochos)

3 cucharadas soperas de cacao en polvo (el que da el mejor sabor, es el de Cadbury, sin lugar a dudas)

VA POR ANA, QUE LLEVA ESPERANDO ESTA RECETA MUCHO TIEMPO….

Cogemos una fuente grande o un vaso de batidora directamente, siempre y cuando sea bien grande.  Vertemos todos los ingredientes a excepción de las tres cucharadas soperas de cacao en polvo y batimos. Lo mejor para no dejarnos los bíceps es hacerlo en batidora eléctrica.

IMG_2998

IMG_2991

Lo mejor es batir durante unos tres minutos. No se preocupen si quedan grumos. Dicen que uno de los trucos para que los queques queden esponjosos, está precisamente en no batirlos demasiado.

Una vez tengamos la mezcla ya batida la separemos en dos fuentes a partes iguales.

IMG_2992

En una de las fuentes, solo en una de ellas, incorporaremos las tres cucharadas soperas de cacao en polvo y volvemos a batir, esta vez a mano con ayuda de unas varillas.

IMG_2993

IMG_2994

Ahora cogeremos un molde apto para el horno y lo forraremos de papel sulfurizado (papel vegetal para horno) y así nos evitamos el estar engrasando el molde, además se despega estupendamente y no es nada insalubre.  Una vez forrado el molde, a mi estos queques me gusta hacerlos en moldes alargados, iremos echando por capas cucharones tamaño soperos de ambas mezclas, intercalándolas entre sí. Esto nos dará el efecto mármol.

IMG_2995

Uno o dos cucharones de la mezcla amarilla, unos o dos cucharones de la mezcla con cacao y así sucesivamente hasta que agotemos ambas masas o pastas.

Precalentaremos el horno a 200º calor arriba y abajo sin ventilador y una vez hayan pasado 10 minutos de precalentamiento, introduciremos el molde unos 45 minutos a idéntica temperatura. Lo mejor es vigilarlo cada cierto tiempo y nunca,  nunca abrir la puerta del horno hasta que ya veamos que el queque ha subido y comienza como a abrirse en dos por la parte de  arriba.

IMG_3002Y ya solo queda disfrutarlo y yo, por mi parte,  volver a darles las GRACIAS.

IMG_3007

LASAÑA DE BERENJENAS (Llegó el otoño)

IMG_8242

Y llegó el otoño, aunque en Gran Canaria el termómetro se resista a darle la bienvenida (Qué caloorrrrr). Hace pocos días acudimos unas amigas y yo a una charla, no era metafísica ni mucho menos pero lo que si que es cierto es que todo giraba en torno al ser humano y la naturaleza, en torno a todos los fenómenos que acontecen en nuestra a vida a diario y que no los percibimos pero que a su vez son esenciales para encontrar el equilibrio necesario para convivir en este planeta.  Nos decían, entre otras cosas,  que los seres humanos deberíamos acompasarnos con las estaciones del año, por instinto puramente, como lo hacen los animales. El otoño es tiempo de soltar lastre, de dejar caer todo aquello que ya no debería acompañarnos en nuestro camino. Tenemos una estación completita para hacerlo. Aunque después llegará el frío invierno, porque todo aquello de lo que nos habremos desprendido, nos dejará en un principio cierta sensación de vacío y eso da frío, a veces mucho frío….

Todas salimos de aquella charla algo taciturnas pero a la vez muy enérgicas. Como en cascada e interrumpiéndonos unas a las otras íbamos dando nuestras propuestas para seguirle el ritmo al otoño…. Se escuchó de todo y el resto de la velada fue de lo más disparatada.

El ímpetu a mi me duró lo mismo que las siete horas de sueño de aquella noche. Al día siguiente seguí con mi rutina y entre las sábanas y el edredón quedaron todos los propósitos. Mi alma iba a seguir pesando porque no tenía tiempo para soltar lastre o quizás me faltaba valentía. A lo largo de la semana fui hablando con alguna y algunas de aquel nutrido y emprendedor grupo pero la que más o la que menos había desistido del esfuerzo y se habían planteado que quizás el próximo otoño…. Siempre vuelve cada año, no?

Pero no le pasó lo mismo a Macarena. A ella me la encontré de sopetón en el súper. Subida a unos stilettos de vértigo. Maquillada como una muñeca recién salida de su cajita, natural pero esculpida. Sonriente y relajada. Un little black dress que iba más allá de la mera insinuación de sus curvas. Peinada de peluquería, un asombro…. y en el súper. Me achuchó y me dio dos besos sonoros y cariñosos. La asalté sobre la marcha, -Tuviste fiesta en el trabajo?????. Pero qué guapa que estás!!!.  Me miró, levantó la cabeza en un gesto que podía parecer algo altanero, dejó caer sus maquilladas pestañas con coquetería y me respondió: -No, no he ido a ninguna fiesta. Mejor que eso amiga. Di la bienvenida al otoño, le agarré del brazo y mi fiesta es que bailo al son de la naturaleza.

A pesar de que yo había acudido con ella a aquella charla, la miré con asombro y escuché su respuesta con incredulidad. – No, no  me mires así. Lo primero que hice aquella noche fue llegar a casa y decirle a la seta tecnológica que está plantada en el sofá del salón que me empieza a tener presente en su vida o dejará de ser hoja de mi árbol. Cuando le conocí, él era mi raíz. Crecí junto a él, maduré y tomé conciencia del mundo. Se fue desarrollando el tronco y el era el epicentro que me mantenía erguida pese a la gravedad. Seguí creciendo en base a él. Dimos ramas y frutos del mismo árbol y esas ramas son fuertes y se que siempre las querré conmigo, no así a la seta de mi marido que día tras día ve pasar la vida a través de su despacho o lo que es peor aún de su tableta. Ya no necesito su centro de gravedad, ni alimentarme de sus raíces. Es una hoja y estamos en otoño y bailo a su compás, así que peligra…. Por ahora, en estos dos días he conseguido llegar a casa y que apague el televisor por propia iniciativa. A la mañana siguiente de mi amenaza de poda, llamé a mi madre. La pobre anda un poco sordilla pero creo que me entendió y le dije: -Mamá, PERDONA!!!!. Perdona por haberte dado tantos dolores de cabeza, por las noches en vela esperando a que dejara de hacer locuras adolescentes y regresara a casa. Perdona por las veces que te grité mis respuestas sin haberte prestado atención ni tan siquiera a lo que me preguntabas. Perdona por no entender el amor que me diste y que no entendí hasta el día en fui madre. Y GRACIAS, gracias mamá porque sin tu educación yo habría sido incapaz de educar a mis hijos. Ahí quedó otra hoja del árbol, una bien grandota que me recordaba lo cruel que había sido con mi madre, con la persona que con toda probabilidad, más me ha querido nunca.  Y por la tarde quedé con mis amigas de la EGB, esas amigas que las mantienes por pura inercia y por los años ya gastados. Esas que cuando me venían me decían que estaba más gorda, que mi hijo era extraño, que mi boda fue un desastre, que sus vacaciones eran mejores que las mías, que si me echaban un piropo, acto seguido me pedían un favor,…. Les dije, niñas las invito a un café y aproveché y así vestida como ves les solté de sopetón: – Me tienen hasta la peineta y las he reunido aquí para mandarlas al carajo. Cuando me veo con ustedes el resto del día me lo paso bostezando, tristona y arrastrada. Me miraron como lo estás haciendo tú ahora, no daban crédito. Una se levantó y se marchó. La otra lo mismo, no sin antes soltarme: -No vuelvas a llamarme en toda tú vida. Y ahora me vine a hacer la compra, tan contenta y tan ligera como ves. Uffff, no me quitado hojas secas, siento que me he quitado años. Esta debe ser una sensación parecida a lo que sienten las que se hacen un lifting….

Conmigo si quiso quedar para otro día, nos despedimos con alegría y cada una empujó su carro, ella entrando en el verdadero otoño y la revolución que trae consigo yo me fui a por unas berenjenas que allí estaban en el estante, brillantes, resultonas y maravillosas. Como mi amiga Macarena.

INGREDIENTES:

2 Berenjenas grandes

300 grs de ternera molida

250 mml de salsa de tomate (preferiblemente casera)

1 Cebolla grandita

Unas hojas de albahaca

150 mml de salsa bechamel

Sal gorda y pimienta negra molida

Queso para gratinar

Aceite de oliva

BIENVENIDO OTOÑO:

Primero que nada haremos que las berenjenas pierdan su amargor cortándolas en rodajas de 1/2 cm de grosor y sumergiéndolas en agua con sal.

IMG_8245

IMG_8248

Una vez pasada una media horita después de haberlas sumergido, calentaremos un poco de aceite en una sartén y pasaremos las berenjenas como para hacerlas a la plancha.

IMG_8251

IMG_8253

IMG_8255Una vez las hayamos hecho todas, las reservamos.

Pelamos entonces la cebolla y la picamos muy fina, a ser posible en picadora eléctrica.

IMG_8257

IMG_8259

Ahora, en la misma sartén donde hemos salteado las rodajas de berenjenas, sin lavarla, echaremos más aceite para dorar la cebollla, solo hasta que se nos quede transparente. Cuidado que no se nos queme ni se nos dore demasiado.

IMG_8261

Mientras se nos va haciendo la cebolla, cogeremos un recipiente apto para el horno y con buen fondo e iremos colocando una capa de berenjenas, como si fuesen las placas de pasta de la lasaña pero con las rodajas de berenjenas. Reservamos este y el resto de berenjenas que luego iremos incorporando.

IMG_8264

Ya tendremos la cebolla en su punto, así que ahora incorporaremos los 300 grs. de ternera molida y saltearemos hasta que la carne deje de estar roja. Cuidado de no pasarla mucho porque se puede poner dura y reseca.

IMG_8265

Sobre la carne echaremos la mitad de la salsa de tomate y reservaremos el resto. Removemos y mezclamos bien.  Salpimentamos.

IMG_8268

IMG_8269

Una vez conseguido este punto en la mezcla, lo mantendremos a fuego muy suave y lavaremos unas 10 hojas de albahaca y las picaremos lo más finas posible.

IMG_8272

IMG_8273

Incorporamos la albahaca picada a la mezcla y removeremos bien.

IMG_8275

Ahora volcaremos la mitad de este relleno sobre la fuente con la capa de berenjenas al fondo que teníamos reservado.

IMG_8278

Una vez hecho esto, colocaremos entonces sobre el relleno otra capa de berenjenas y repetimos operación una altura más. Cuando tengamos la tercera capa de berenjenas dispuesta, echaremos encima la salsa de tomate restante que teníamos reservada, una capa de salsa bechamel y por último una capa de queso para gratinar.

IMG_8282

IMG_8284

IMG_8286

IMG_8289

Precalentaremos el horno a 200º en función gratén y cuando esté listo, introduciremos nuestra espectacular lasaña durante unos 12 minutos o cuando vean que se ha fundido el queso.

Y a disfrutar del otoño, soltanto lastre o comiendo berenjenas, todo vale mientras que lo que hagamos sea lo que queramos hacer.

IMG_8293

MONTADITOS DE ALCACHOFAS (con mostaza y panceta)

IMG_8404

 

Llevaba tiempo sin verle. La alegría del reencuentro después de algunos meses se transformó en abrazos y en gestos llenos de ternura y de cariño. Él tenía buen aspecto, después de los cuarenta decidió escuchar las alarmas que  más veces que cuandos le estaba dando su cuerpo, que si un lumbago por aquí, que si colesterol en la última revisión de la empresa, que si paso noches en vela pensando en todo lo que me preocupa. Así que ahora practicaba deporte e incluso se había atrevido el último fin de semana con unos pinitos en escalada.  Pedimos una ensalada, la mía más pecadora que la de él (doy fé de que se cuida) y porque es sano, porque nos apetecía y porque las ensaladas son bien buenas, aún así hay que acompañarlas con la alegría de un buen vino tinto. Una botellita y a empezar a hablar de esto y de aquello, de los hijos, de la crisis, de los trabajos, de la política, de cine, de teatro, las horas en el reloj avanzaban y la pregunta que quería hacerle nada más verle, seguía esperando. Esperando a cogerle en un renuncio o despistado. Sembré el terreno y le hablé de mi chico y él escuchaba y se que se alegraba por mi felicidad…. En un segundo de silencio aproveché: – Y tú qué tal? No estás con nadie?. Yo esperé relajada la archi conocida respuesta, segura de que se iba a ir por los cerros de Úbeda, pero no fue así. Sorpresa.

Su respuesta fue algo parecido a lo que ahora les cuento y aunque intentaré relatarlo de manera fiel y auténtica, sé que no seré capaz de transmitirles lo que tuve la suerte de escuchar. A mí se me movió el alma.

Llevo enamorado más de diez años. Me separé de mi ex-esposa hace 12, ya sabes que ella no me quería y que pasé los peores años de mi vida los últimos 5 que estuve junto a ella por nuestro hijo. El final de nuestro matrimonio se convirtió en una especie de tortura y el alma se me hizo cientos de miles de pedazos. Yo ahí empecé a tragar saliva, nunca me había hecho una confesión así…. Siguió con su respuesta, no si fue el vino o las ganas que tenía de contar todo de una vez, quizás ya para siempre.

Pero hace diez años, un día cualquiera, llegó una nueva incorporación a la empresa, concretamente a mi planta. En el mismo momento que me la presentaron ella me esbozó una sonrisa, franca y cálida. No te diré que sentí mariposas en el estómago, pero si es verdad que me arrancó una sonrisa, después de llevar algunos años sin hacerlo. Recuerdo incluso que el hecho de mover ese músculo en mi boca me provocó cierto cosquilleo. Día tras día llegaba a la oficina ella tan contenta y saltarina, yo arrastrando mis pies. No tardé mucho tiempo en dejar abierta la puerta de mi despacho, escuchar sus pasos, sus carcajadas, sus anécdotas empezaron a llenar de pequeñas alegrías mis rutinas. Sin pensarlo mucho me acercaba muy a menudo a donde ella estaba y me hacía el tonto haciéndome coincidir con cualquier excusa más tonta si cabe. Llegaba el viernes y me invadía una especie de tristeza que no me desaparecía hasta el lunes y volvía a verla.  Dejé de escuchar noticias en la radio y empecé a poner música en mi coche, ponía atención hasta en las letras de Alejandro Sanz. Me estaba enamorando como un verdadero idiota. Compartíamos a diario cafés, tantos que a veces no dormía y así pasaba la noche en vela imaginándome,  sin soñarlo que algún día ella podría ocupar ese lado frío y vacío. Me dio por ver películas románticas y que venga algún listillo a decirme que eso son solo cosas de mujeres, vi Vacaciones en Roma, vi Cuatro Bodas y un Funeral, vi cientos de estas películas y ella era la protagonista de cada minuto de cada vídeo. Planificaba mis vacaciones en base a las de ella, no podía estar mucho tiempo en la oficina sin atender sus andares. ¿Para qué?, ¿para estar preguntándome cada minuto  qué demonios estará haciendo ahora?. Fui testigo y confesor de la relación que entabló con el hombre más afortunado de este planeta. Un extranjero, culto, guapo y divertido. Eligieron bien, ambos. Incluso llegué a tirarles arroz a la salida de su boda. No amiga mía, no tengo pareja. Hace diez años me robaron el corazón y todavía hoy no me lo han devuelto.

Cuando terminé de escucharle yo permanecía inmóvil , conmovida. Solo acerté a decirle: -No tenía ni idea. Disculpa mi insistencia y las cientos de veces que he intentado ser Celestina y buscarte a alguien con quien compartir tus ratitos. – No pasa nada, me dijo. – Mi felicidad es verla de lunes a viernes cada mañana, me conformo con eso y me da la vida, a la vez que me la quita. Sí,  vivo enamorado hasta las trancas y jamás seré correspondido, pero siento amor cada día y me atrevo a decirte que además se va haciendo grande. Ahora tu lo sabes y ya ha dejado de ser un secreto, si lo cuentas en tu blog me gustará leerlo.

Y aquí queda esta historia que se irá junto con los besos que canta Víctor Manuel, los que no damos, los que guardamos.

INGREDIENTES:

1 Tarro de alcachofas ya cocidas (mejor las que se conservan en cristal)

2 Huevos

2 cucharas soperas de harina

sal gorda

200 grs de panceta en lonchas finas o bacon

Mostaza (procurar que no sea dulce)

Pan en rebanadas (mejor si es pan de pueblo)

Aceite de Oliva

A MONTAR MONTADITOS

Empezamos escurriendo el agua en la que vienen las alcachofas en el tarro y las enjuagamos.

IMG_8369

Mientras se escurren, batimos bien los dos huevos. IMG_8370

Incorporamos al huevo batido las dos cucharas soperas de harina y salpimentamos al gusto. Volvemos a batir hasta que se quede una pasta amarilla procurando no dejar grumos. IMG_8374

IMG_8377

Ahora cogeremos una sartén con buen diámetro y pondremos de manera generosa aceite de oliva a calentar.  Mientras el aceite va tomando temperatura, iremos rebozando en la pasta de huevo y harina las alcachofas una a una con cierta delicadeza para que no se nos rompan. Una vez el aceite está calentito (no ardiendo) iremos friendo las alcachofas unos minutos por cada lado, pero sin dejar que tomen mucho color dorado ya que después llevará un golpe de horno.

IMG_8378

IMG_8380

IMG_8384

Una vez las tengamos todas fritas, las colocaremos sobre papel absorvente para escurrir el posible exceso de aceite.  Reservamos.

Vamos a por la segunda parte del montadito. En una tostadora, tostaremos las rebanadas de pan pero muy ligeramente (después lleva algo de horno). Mientras se tuesta el pan, cogeremos una sartén ancha y sin aceite ni nada de nada, la pondremos a calentar y cuando haya cogido cierta temperatura, iremos colocando una a una las lonchas de panceta o bacon, solo unos 20 segundo por cada lado.

IMG_8391

IMG_8388

IMG_8392

IMG_8394

Recuperaremos nuestro pan ya tostado y untaremos cada rebanada con mostaza, como quien unta mantequilla al pan, por toda la superficie.

IMG_8397

Sobre el pan ya untado, colocaremos una loncha  asada de panceta.

IMG_8399

Y coronamos el montadito con la alcachofa rebozada. Con un palillo tipo pinchitos clavamos desde la alcachofa hasta el pan e iremos haciendo cada montadito. Los iremos colocando en una bandeja apta para el horno y quince minutos antes de servir, le daremos un golpe de calor en el horno a 150º calor arriba y abajo (recuerden precalentarlo unos 10 minutos antes de introducir la bandeja)

IMG_8621

CREMOSO DE CHOCOLATE

IMG_8196

Hay tardes en las que apetece mucho un buen trozo de chocolate. Abres la tableta, le retiras ese envoltorio brillante de papel plata y ya el ruidito te estremece, casi puedes saborearlo sin habértelo acercado aún a la boca. Se desprende el aroma, intenso y conmueve el resto de tus sentidos. Lo tocas, como si lo acariciaras, lo partes, el aroma llega aún con más potencia y a la boca. Empieza a derretirse, una especie de picor invade el paladar a la vez que su sabor llena de intensidad nuestras papilas gustativas. Ahí justamente ahí, debería de saltar una especie de alarma que diga, CUIDADO, ya no podrás parar.  Si la conciencia está en forma, seremos capaces de parar después de unas 4 onzas, pero si te has enfadado con tu chico, si has discutido con tu madre, si tu hijo llega con problemas del cole, si la lavadora se rompió justamente después de haber arreglado la secadora, si te inundaron el baño y el agua corrió a sus anchas e invadió tu casa sin piedad, si has comprobado en la báscula que trajiste exceso de equipaje en tus cartucheras y no en tus maletas, si tu hermana no te entiende, si tu amiga no encuentra consuelo o explicación a sus problemas, si el trabajo se acumula y has llegado a creer que hay una conspiración en forma de duendes que cada noche llevan 500 papeles más encima de tu mesa, si se te quemó el pollo asado al horno y todos tuvieron que cenar pollo carbonizado (también al horno) si hay un hijo adolescente que ni él mismo se entiende (imposible que lo entienda el resto de la humanidad), si la vecina vuelve a quejarse de que tus hijos no le dejan dormir siesta, o al contrario,  si la misma vecina no deja que descanses porque parece que ensaya flamenco cada media noche, si al coche se le agotó la batería y te dejó tirada en medio de una autovía y tú sin saber colocar los triangulitos de peligro y peor aún, ponerte ese chaleco flúor que le indique al resto que estás ahí desamparada para que así compruebes a cada segundo con cada coche que pasa que la solidaridad está en los anuncios de la TV, si se acabó el verano y vino la rutina dando crueles golpes de rutina, entonces la tableta cae entera, eso sí, si te ha pasado una sola cosa de estas,  estás impune, no te preocupes, te la mereces y has dado con el consuelo exacto y preciso para comprobar que todos o cualquiera de estos desaguisados forman parte de nuestras vidas, de nuestro día a día y llega el chocolate con capa y espada a rescatarte…. Que pase algo, o que pase todo, después de comerte el chocolate lo que fuera que fuese que pasó, valió la pena.

INGREDIENTES:

150 grs. de chocolate 70% cacao

120 mml de nata para cocinar

130 mml de nata para montar

10 mml de miel

VAMOS A RESUCITAR

Este es un postre sencillísimo de hacer, ideal  para cuando no tengamos ninguna gana de añadir los huevos que precisa un mus pero queramos una crema de chocolate. Versátil, porque podremos decorarla con nueces troceadas, con naranja rallada, con avellanas partiditas… Aunque así, sola es una fiesta para nuestro deleite. No es tan calórica ya que el chocolate con 70% de cacao contiene mucho menos azúcar que el chocolate para postres o el chocolate con leche. Endulzamos con miel, así que no contiene azúcar añadido. Intenso en su sabor, ligero es su digestión. En casa gusta tanto que en cuanto ven una tableta de 70% cacao en la despensa la pregunta no se hace esperar: -Mamá, ¿cuándo vas a hacer la crema de chocolate??????. Sin duda levanta el ánimo y tiene el mismo efecto  sorprendente que una fiesta en tu honor,  organizada por tus amigas, cuando abres la nevera y descubres que aún queda una copita de crema de chocolate esperando que alguien la disfrute.

En un cazo ponemos a calentar, sin dejar que hierva, los 120 mml de nata para cocinar y los 10 mml de miel. Removemos y lo mantenemos a fuego bajo.  Así hasta que vayamos a usarlo más adelante.

IMG_8166

IMG_8168

IMG_8170

Mientras tanto, vamos derritiendo el chocolate al baño María sin añadirle mantequilla ni nada de nada. Recuerden que es muy importante para que se derrita sin grumos que el agua no hierva en ningún momento y el calor se mantenga constante. Yo siempre lo hago a temperatura 6 (mi vitro va de 1 a 9).

IMG_8164

IMG_8174

Sin dejar de remover el chocolate, haciéndolo con mucho cariño, lo tendremos al baño María hasta que se haya diluido del todo y no veamos grumos. IMG_8177

Una vez consigamos la consistencia perfecta del chocolate, retiramos del fuego y lo pasamos a un bolw.

IMG_8180

Ahora muy despacio, iremos añadiendo la nata con la miel que habíamos calentado previamente.

IMG_8182

Al principio veremos que se van haciendo como bolitas, pero removeremos con delicadeza, ayudándonos de una espátula de silicona,  de madera o con unas varillas hasta que quede todo bien mezclado,  sin bolitas ni grumos. La operación dura unos minutos, no se desesperen. Una vez conseguido, reservamos.

IMG_8184

IMG_8185

Y ahora ya un de los último pasos, en un recipiente a parte batiremos los 130 mml de nata para montar, pero no la montaremos del todo, simplemente le daremos un poco más de cuerpo. Batiendo con unas varillas dejaremos que suba un poco y espumee.

IMG_8189

IMG_8190

Cuando la nata esté en el punto exacto que precisa este postre, la iremos incorporando a la mezcla de chocolate con la nata y la miel que teníamos reservada. Es muy importante que la mezcal se vaya haciendo con movimientos envolventes.

IMG_8194

Una vez esté todo bien diluido, pasaremos nuestro postres a las copas donde lo vayamos a servir y a la nevera como mínimo, unas tres horas antes de pasarlo pipa cuando lo probemos.  Se quedará una crema algo líquida y en cuanto reciba la tres horas de frío, pasará a ser una crema con consistencia y una sabor conciliador con todo lo que nos rodea.  Sencillo y maravilloso.

IMG_8196

IMG_8198