ALCACHOFAS SALTEADAS CON LANGOSTINOS

IMG_4482Esta es una receta muy sencilla de hacer pero a la que le guardo un cariño muy especial. Primero porque es la verdura preferida de mi madre y segundo porque me trae el recuerdo de una preciosa historia de amor…. Desde niña frecuentaba de vez en cuando a una pareja amigos de mis padres. Nos uníamos para hacer excursiones y tenían una casita de campo de esas que parecen sacadas de una ilustración de cuentos infantiles. Él, la llamaba a ella cariñosamente “alcachofa”, era bajita y regordeta, pero exquisita (eso decía él). Ella a él, lo llamaba “chirimoya”, porque era el hombre más poco común que existía sobre la faz de la tierra. Verlos juntos era como estar viendo una película de amor. Jamás escuché que tuvieran desavenencia alguna. Tuvieron un cuartel de hijos, a cual más feliz como si la genética tan dulce que había unido a sus padres, perdurara también en ellos. Vencieron no pocas vicisitudes y él las contaba con una elocuencia poco común, como bien decía de él su “alcachofa”. Le encantaba contar como silbaba a su chica cuando aún se estaban conociendo y como ella, en presencia siempre de su pandilla de amigas y primas chivatas, se hacía la interesante. Desde que la vio por primera vez él no permitió que ningún chafalmejas del barrio la sacara a bailar. Supo aguardar por ella, como el que espera por un tesoro. Y lo ganó, vaya si se lo ganó. Ganó casi 60 años de dicha y de vivir amando, día tras día,  como a nadie,  a la chica de sus sueños. Y de sentirse amado en igual medida. Lo peor de sus vidas yo no lo viví y jamás les escuché hablar de ello. Habían perdido a uno de sus hijos en su más tierna infancia. Pero me consta que entre ellos, no hubo día en que no lo nombraran y se preguntaran si algún día, volverían a reunirse con él. Chirimoya decía con frecuencia,  que hay cosas en la vida que se superan y otras que se llevan. Esas, las que se llevan, se llevan también un pedazo de nosotros, que no se recupera jamás. Aún con esas, siempre les vi sonrientes. Agradecidos por la vida y sobre todo por la familia que habían formado. Un día la vida tocó a la puerta de Alcachofa y le trajo el martirio más duro que Chirimoya había vivido jamás. Su esposa, su tesoro, perdía poco a poco la memoria de todos los años buenos y maravillosos y la fuerza que les ayudó a los dos a superar lo malo, lo peor. Ella enfermó de alzheimer. Esa fue una de las cosas a las que él se refería como las cosas que en la vida se llevan. Decidió abandonar sus empresas y dedicarse en cuerpo y alma a su alcachofa. Cada día la cuidaba, le hablaba de todo lo que habían sido, de todo lo que habían sentido. Según me cuentan, apenas dormía, pasaba las horas mirándola, quizás en el esfuerzo de encontrar a su chica, a su compañera, a su amiga, a su amante….. Ella lo había sido todo. Él jamás se quejó, cambió su vida por ella y nunca se le oyó decir que fuera peso alguno. Pero el destino caprichoso y muchas veces puñetero, se llevó de paseo para siempre a Chirimoya y ella se quedó esperando ya sin saber a quién esperaba. No sabemos si lo mató la pena, lo cierto es que su cabeza dijo hasta aquí llegamos y nos vamos. Dicen quienes la cuidaban a ella, que no había día en que no lo nombrara y preguntaba una y otra vez la hora. Sus hijos decidieron ponerle el reloj de papá a mamá y a decirle para calmarla, que cuando fueran las doce, él vendría. Una semana después y de la forma más inesperada, ella no se despertó. Siguió durmiendo y una de sus hijas dio la voz de alarma. Fue terrible para sus hijos. Recuerdo ir a verles, no habían pasado siete días y allí estábamos todos los que los quisimos, siete días después, ayudando a llevar una pena tan grande. Recuerdo a uno de sus hijos contarme que dentro de todo algo le había hecho muy feliz, el reloj de papá, que se lo habíamos puesto a mamá, estaba parado cuando se lo quitamos a ella de su muñeca. Lo curioso es que me lo puse y al poco tiempo de ponérmelo en mi muñeca, el reloj volvió a funcionar.

Por eso también me gustan tanto las alcachofas, porque en el fondo soy una romántica empedernida y me recuerdan que de amor, también se muere….

INGREDIENTES:

1 Tarro en conserva de alcachofas. Recomiendo la marca “Navarrico”. Intenté hacerlas una vez con alcachofas naturales y fue un auténtico dessatre. No dejé vivas más que dos hojas en el centro y duras como piedras. Prometo volver a intentarlo y colgar la receta.

3 Dientes de ajo

Unas ramitas de perejil

Aceite de oliva

8 Langostinos crudos

Sal gorda

VAMOS A ELLO, DESPUÉS DE UN DULCE RECUERDO….

Sacamos las alcachofas del tarro y las ponemos a escurrir.IMG_4473No hace falta lavarlas, ya que por lo general, las que vienen en tarro de cristal, vienen conservadas en aceite de oliva.

Pelamos los ajos y los cortamos en láminas. En una sartén con buen diámetro, ponemos el fonde de aceite de oliva (no mucha, menos de 1 dedo de alto) y salteamos los ajos.IMG_4474IMG_4476Lavamos bien el perejil,  cortamos bien las hojas, sin tallo, pequeñitas y las incorporamos a los ajos en la sartén.IMG_4475IMG_4477Cuando estén los ajos doraditos, añadimos los langostinos pelados y salteamos hasta que empiecen a tomar un color rosadoIMG_4478Desde que los langostinos estén rosaditos, incorporamos las alcachofas, que las teníamos en el escurridor, al resto de ingredientes en la sartén.IMG_4480IMG_4481Salteamos unos minutos más a fuego medio, para que las alcachofas no se deshagan mucho. Y ya tenemos un plato exquisito, bien como comida principal o como guarnición un tanto diferente a lo que estamos acostumbrados. Si les gustan las alcachofas, así quedan deliciosas y al igual que la historia de amor que les conté, será una mezcla de sabores que difícilmente olviden.

Espero que les guste. IMG_4482 IMG_4483

5 comentarios en “ALCACHOFAS SALTEADAS CON LANGOSTINOS

  1. Vane la receta es buenísima y el relato es entrañable, deberías escribir una novela ya que tienes ese don maravilloso que debe tener todo escritor, y además serias de las mejores

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