BERENJENAS RELLENAS DE CARNE

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Su terapeuta le había aconsejado enamorarse de cada rincón de su casa. Le había advertido en las últimas consultas que no estaba enferma y que tampoco sufría de depresión. Tenía otra cosa, no se sabe si peor o mejor que lo anterior, simplemente adolecía de soledad. Cuando pronunció estas palabras, Rosa sintió que un dardo se clavaba en el centro de su alma. Pasaron horas tras salir de la consulta y despedir a su terapeuta pero pasaron despacio y con la misma lentitud se amontonaban en su cabeza todos y cada uno de los momentos que la llevaron a preguntarse por qué no era feliz. ¿Soledad? Vivimos seis personas en casa, compartimos dos cuartos de baño, una cocina, una televisión porque en la otra apenas se escucha el sonido, así que útil una sola. Las mimas llaves, abren la mismas puertas que hay que traspasar hasta que cada uno de nosotros seis se siente en casa, en su hogar, en el hogar de todos nosotros.

Cuando ya todos dormían, como de costumbre ella empezó a organizar las vidas de cada uno, que si las mochilas del colegio, las bolsas de deporte, las múltiples circulares pendientes de firma, la corbata que mejor le iría a su marido para esas doscientas reuniones importantes e inapelables. Pasada la hora bruja, decidió emprender un recorrido por la que era su casa, deteniéndose en cada rincón que la terapeuta le había indicado aquella tarde. Primero fue la enorme estantería de libros, cogió algunos al azar y del mismo modo abrió una página, leyó algunas frases, hasta el primer punto y a parte. Sonrió, era un libro que había leído en unas vacaciones navideñas, cuando aún estaba embarazada de su segundo hijo. Quiso seguir abriendo libros, pero el cansancio de amontonaba en sus tobillos. Tenía que seguir el mapa que le habían trazado. Se dirigió a la despensa y en apenas un minuto vislumbró los gustos de cada uno de sus cuatro hijos y de su marido: las galletas de Lola, los cereales de Eduardo, los frutos secos de Manuel…. Y los de ella, allí estaban también, en un rincón, donde no molestaban al paso huracanado de los peques cuando tienen apetito. Fue al cuarto de los peques y comprobó que dormían plácidamente con los brazos hacia arriba, señal de felicidad le habían indicado alguna vez y a ella le había gustado tal explicación. Volvió a sonreír, besó sus frentes y el olor a ternura inundó su alma. Siguió hacia la habitación de los mayores, recogió el desastre que estaba por en medio sin hacer ruido, dando pasos de fakir llegó hasta la almohada de cada uno, intentó besarles también en la frente pero el mal genio de ambos cuando se despertaban a mitad de la noche, la hizo dar marcha atrás, se besó sus dedos y los lanzó al aire. Concentró todo su amor en aquel beso a sí misma, pero era para ellos. Siguió hacia su ropero y sacó un vestido de noche precioso, con etiqueta incluida. Se lo probó y comprobó que aún le sentaba de maravilla pero no había habido oportunidad de estrenarlo. Se zafó del vestido y lo devolvió al único destino por ahora conocido en dos años, su armario. Poco a poco el cansancio iba desapareciendo. Fue al cuarto de estudio y sala múltiple de la casa y acarició los libros de texto de sus hijos y agradeció a la vida que por lo pronto fueran estudiantes brillantes. Siguió sus pasos marcados por el guión y se subió a una vieja silla de la cocina, se estiró todo lo que sus músculos le permitieron hasta alcanzar con cierto esfuerzo su caja de recuerdos. Una vieja caja de unas botas Dr. Martins. Leyó cartas de enamorados adolescentes, vio viejas fotos y comprobó que sus amigas de entonces, seguían intactas en su día a día (qué suerte!, pensó), algún posavasos de algún restaurante en el que debió disfrutar de lo lindo, unos souvenirs un tanto horteras pero llenos de significado para ella, una torre Eiffel en cobre y una guagua de dos pisos inglesa. Un pay-pay de un viaje a Japón. Decidió cerrar la caja, el polvo le había echo estornudar y no quería despertar a nadie. Dio unos pasos más y se fue derecha al último y más importante. Se desnudó completa y se puso delante de un espejo en el que se veía entera. Solo se que lloró. Lloró hasta el amanecer y hasta bien entrado el siguiente día.

Pasado un tiempo quedamos a comer, me contó todo esto que les cuento y me dijo mirándome directamente a los ojos: -Escúchame bien. Se acabó sacrificarme por los demás. Se acabó esperar de ellos, lo que se que nunca harán por mí porque no tienen mis ganas ni mi talento como para hacerme feliz. Se acabó sacrificar mi tiempo y mi energía sin que tan siquiera sepan darme las gracias. He decidido colocarme primero, quererme y cuidarme. No los abandonaré porque los quiero, pero me tendrán que querer a mí para permanecer cerca y para que esa energía me motive a hacer algo por ellos. No sé a dónde me llevarán mis pasos, solo se que nunca me había sentido tan feliz.

Brindamos por su reencuentro consigo misma. Comimos unas berenjenas rellenas de carne y me alegré por ella, porque el viaje hacia uno mismo es un trayecto lleno de valentía. Me alegré por su pasión y sus ganas y porque si ha sido capaz toda su vida de dar tanto por todos, logrará ser mejor cada día y  eso que ya de serie viene llena de cosas extraordinarias.

INGREDIENTES:

3 Berenjenas

300 grs de ternera molida

250 mml de salsa de tomate casera

1 Pimiento verde

1 Cebolla

200 mml de salsa bechamel

150 grs de queso parmesano

VAMOS A QUERERNOS

Vamos precalentando el horno a 200º calor arriba y abajo. Ahora lavaremos bien las berenjenas y las abriremos por la mitad. IMG_6376

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En el centro de la berenjena, haremos unos cortes a lo largo sin llegar al fondo para que no se nos partan.

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Colocaremos las berenjenas, después de haberle hecho el corte, en una fuente apta para el horno, tipo Pyrex y regaremos la superficie de las berenjenas con un chorrito de aceite de oliva.

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Salpimentaremos al gusto e introduciremos la bandeja con las berenjenas en el horno (ya estará caliente) durante 15 minutos. (200º, calor arriba y abajo)

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Mientras se reblandecen las berenjenas en el horno, vamos preparando el resto de ingredientes. Empezaremos por la cebolla y el pimiento verde. Lo ideal es picarlo muy menudo ayudándonos con una picadora eléctrica.

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Una vez tengamos picada le cebolla, pondremos aceite (solo el fondo) a calentar en una sartén a fuego medio. Incorporaremos entonces la cebolla picada hasta que veamos que empieza a ponerse transparente, hasta que llega este momento nos da tiempo para picar, también en picadora a ser posible, el pimiento verde.

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Cuando ya veamos la cebolla en su punto, incorporaremos a la sartén, el pimiento verde picado. Lo mantendremos todo a fuego medio para que se vaya guisando. IMG_6398

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Una vez pasado el tiempo de horno de las berenjenas, las sacamos del horno y las dejamos enfriar para poder manipularlas más tarde.

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Una vez pochadas la cebolla y el pimiento, incorporaremos a la misma sartén, la ternera molida.

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Mezclaremos bien y lo haremos además separando la carne, porque la ternera molida tiende a apelotonarse cuando la llevamos al fuego. Le daremos unas vueltas e inmediatamente echaremos la salsa de tomate.

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Mezclaremos bien y reduciremos el calor del fuego a nivel bajo y dándole unas vueltas de vez en cuando. Ya le habremos dado tiempo a enfriarse a las berenjenas, así que con ayuda de una cuchillo fino y una cucharilla, le iremos vaciando la pulpa.

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Es importante vaciar solo la pulpa, debemos de dejarles un borde grueso a las berenjenas, de lo contrario pueden romperse y se nos haría imposible rellenarlas. La pulpa que hayamos sacado, la incorporamos a la sartén con el resto del relleno y mezclaremos bien.

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Volvemos a colocar las berenjenas en una fuente apta para el horno, retiramos la sartén del calor y con mimo y cuidado, iremos rellenando cada berenjena con la mezcla que hemos ido preparando en la sartén.

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Una vez tengamos todas las berenjenas rellenas, echaremos por encima de cada una de ellas un buen chorrito de salsa bechamel.

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Rallaremos el queso parmesano y coronaremos con éste cada berenjena.

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IMG_6454Ya por último introduciremos la fuente con las berenjenas ya rellenas al horno. 180º calor solo por arriba (función gratén) durante 15 minutos. Y a disfrutar, de todo  y de todos sin olvidarnos nunca, que nosotros también somos importantes.

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3 comentarios en “BERENJENAS RELLENAS DE CARNE

  1. Que buena pinta, tienen que saber a gloria, y como siempre el relato de lo más interesante ,entretenido y maravillosamente escrito,nunca dejes de hacerlo,bsssss

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