ESPÁRRAGOS CON SALSA DE ATÚN (Ummmmmmm)

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Por qué será qué los días en vacaciones duran la mitad que los días de rutina. Tienes menos cosas que hacer, pero 4 horas de playa pasan como 40 minutos en la ofi. Me incorporé ayer y echo de menos hasta las rancheras que cantaba mi vecino de apartamento que además corroboro que eso de no tener oído no tiene nada que ver con el hecho de que llueva, porque si fuera por la voz del barítono del de al  lado, este verano tendría que haber diluviado. Ándele manito, le dije a modo de despedida. No sé muy bien que me llevó a decirle semejante malcriadez, será porque mientras cargaba con mi chico el coche para regresar a casa él seguía allí en la piscina tan ricamente. Mientras yo sudaba la gota gorda y jugaba al Tetris con el siempre pequeño portabultos de mi coche, él se lanzaba una y otra vez al agua y detrás de mí escuchaba su chapoteo refrescante. Mi chico me dice que de qué me quejo, que volvemos a casa con lo mismo que hemos venido pero él se olvida de un factor muy importante: la ilusión. Una se va de vacaciones y las maletas no pesan nada de nada, son plumas. Las tablas para coger olas de los peques son de lo más livianas y transportables, parece que se doblan para entrar en el coche. Todo cabe, todo es ligero…. Pero a la vuelta, cómo pesan las puñeteras maletas!!!! Todavía tengo lumbago. Y así doblada  y sin piedad una se incorpora a su rutina. Llegas a tu casa, a tu hogar y todo te parece más feo que lo que dejaste quince días atrás. Miras el reloj enterrada entre los mil quinientos papeles que te encuentras en tu mesa y piensas a esta hora yo me estaba tomando un aperitivo, con mi tropa, en bikini y te invade una especie de melancolía, seguida de un ataque de ansiedad porque con suerte, me queda un año completito, con sus días y sus noches  para volver a disfrutar de esa sensación. Las vacaciones mitigan todo, tanto lo que te ocupa como lo que te preocupa pero es poner la llave en la cerradura de casa y zarpazo que te pego. Ya en el coche de regreso pensé en qué ropa me pondré mañana para ir trabajar, lo peor y lo que más cuesta calzarme unos zapatos después de andar sin ellos o en cholas el 90% del tiempo. Lo segundo, revisa la despensa a ver qué comemos mañana que aquí cerca de casa no hay chiringuito de playa con unas sardinitas y unas cañas. Lo tercero, a ver a qué hora me acuesto después de tener que poner 80 lavadoras, colocar los accesorios que volverán a guardarse junto con mi melancolía otro año enterito, bajar las maletas al trastero porque me da coraje tropezar con ellas por el pasillo, parece que se ríen de mí cada vez que las miro, atrabancadas en el pasillo. Es como si hablaran y me dijeran:- ¿Cuándo nos volveremos a ver, nena???. Y por último a la cama, sin mirar el reloj no vaya a ser que me entre la neura de las pocas horas que me quedan para volver a despertarme y no me deje dormir, ni ese poco. Cinco minutos más tarde, o eso es lo que a mi me parece, suena el despertador y mis oídos rechinan como si estuvieran escuchando la perreta de un chiquillo consetido. Sin espíritu, sin ganas, sin fuerzas, pero eso sí morena cual caribeña y unas cuantas chichas de más,  corro las cortinas y doy la bienvenida a la rutina.

INGREDIENTES:

5 ó 6 Espárragos blancos (mejor si son los “cojonudos”)

1 lata de atún pequeña

1 cuchara de postre de alcaparras

2 filetes de anchoa de lata

1 Huevo

1 chorrito de Limón

Aceite de oliva

IDEAL PARA EL CALOR QUE SIGUE HACIENDO….. (Y yo trabajando)

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Abrimos la lata o el tarro de espárragos, según sea el caso y los disponemos en una bandejita o donde los vayamos a servir. Reservamos.

En un vaso de batidora incorporamos la lata pequeña de atún en aceite de oliva, pero le escurriremos el aceite previamente, también incorporaremos una cuchara tamaño postre de alcaparras y por último lo dos filetes de anchoas (en conserva). Batimos bien intentando dejarlo lo más molido posible.

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Una vez tengamos esta especie de pasta molida, incorporaremos al mismo vaso de la batidora, un huevo.  Aprovecharemos ahora para echar por encima el chorrito de limón.

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Y ahora a la vez que vamos batiendo vamos incorporando dejando caer un chorrito muy suave, el aceite de oliva. La consistencia debe quedar como una especie de mayonesa con tropezones. No se preocupen que no se corta y batan siempre de abajo hacia arriba.

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Serviremos la salsa sobre los espárragos y comeremos en seguida. Muy importante, si sobrara algo, que lo dudo, están exquisitos y la salsa realza una barbaridad el sabor tan peculiar del espárrago (ummmmm) solo se conserva en nevera  un día más. Otro detalle porque a una amiga le pasó, ni se les ocurra ponerle sal, tanto el atún, más las alcaparras y no les digo nada de las anchoas en conserva,  contienen no poca sal.

A disfrutar de la resaca que aún dura en los cuerpos después de las vacaciones…..

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