QUEQUE MÁRMOL

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Hora de la merienda en la  tarde de domingo. Llueve tras las ventanas y las manecillas del reloj que cuelga en la pared parecen ir más lentas que de costumbre. No hace frío pero mis pies están helados y también mis manos. En la cocina se escucha salir el vapor de la cafetera a la vez que llega intenso el aroma de un café natural que invade por completo la casa. Apenas entra luz, el día está muy gris pero me resisto a encender las luces artificiles. Hay mucha paz. Lleno hasta arriba una taza blanca de cerámica con el café recién colado, le añado unas cucharillas de azúcar moreno, remuevo y vuelve a regalarme su aroma. Empieza a escucharse algo de viento allá afuera y la lluvia golpea con más fuerza los cristales. Se apaga aún más la tarde.  Me llevo la taza al escritorio y antes paro y reparo en el queque que está dispuesto en la encimera,  tapado con la rejilla de bambú que una buena amiga me regaló hace unos cuantos años. Corto un pedazo modesto y me digo, qué demonios y entonces le doy un buen tajo. Lo coloco encima de una romántica servilleta de topos blancos con fondo rosa, esas servilletas le encantan a mi princesa y me pelearía si ve que se las utilizo. Las considera suyas exclusivamente.  Me voy derechita al escritorio que compartimos mi chico y yo en casa, empiezo a teclear esta receta con la intención de hacérsela llegar por mail a una querida amiga. Me paro, vuelvo a pensar, repesco las cantidades de cada ingrediente en algún papel que estará vaya a saber dónde y aporreo las teclas. Me vuelvo a parar y me imagino este blog cuando aún no lo era.

Llego a mi trabajo al día siguiente y comparto la idea con una compañera fenómena en la materia tecnológica, más fenómena como persona, todo sea dicho. Y en cinco minutos mi tarde creativa, mi pedazo de queque y mi café se materializaron en lo que ustedes están leyendo hoy. Esta fue la primera receta que intenté escribir y que después nunca subí, sobre todo porque en aquel momento no se me ocurrió hacerle foto alguna.

Desde aquel instante en que salí del despacho de mi compañera Esther hasta hoy, he cocinado mucho, he fotografiado cosas que jamás ni nunca antes, habían despertado mi interés…. Nunca pensé fotografiar un huevo, la verdad sea dicha. Hasta hoy, otra tarde de domingo, hoy soleada y llenitas de luz las ventanas llegó el momento de que mi amiga Ana, a la que después no envíe aquel mail, tenga la receta del queque inspirador. Y ustedes, los que cada día con un montones de visitas que jamás pretendí ni esperé, tengan mi agradecimiento. Cuando me llegan las notificaciones de las estadísticas con las visitas que recibe el blog, me abruma y hasta me conmueve. Ha habido tantas anécdotas desde que comencé esta “aventura” (mi chico me dice que el blog le roba tiempo para estar conmigo, como si fuera un amante,  pero se alegra más que yo si cabe, cuando algo me entusiasma) y todas y muchas positivas. Sobre todo y antes de seguir, a todos los que están ahí  detrás y muchos sé que ni siquiera me conocen, darles las gracias por su tiempo. Si algo nos falta siempre en la vida es precisamente tiempo, sobre todo el que nos queda por vivir, ese, siempre nos parece poco.  Agradecer la confianza, si además se han animado a cocinar algo de mis humildes, rápidas y sabrosas propuestas, al menos para mi paladar y para los que cocino. Agradecer la ternura que han puesto en la lectura de mis historias, si las cuento es porque a mi también me enternecen. Agradecer los ánimos cuando no he visto claro el futuro del blog, sobre todo por el tiempo del que acabamos de hablar. Tres hijos y el trabajo dentro y fuera de casa no siempre hacen que la fórmula cuadre. Esta ciencia no es exacta para nada. Agradecer a Rebeca y a Chani su ayuda diaria para que yo pueda robar tiempo impunemente de otras cosillas sin que se note mi ausencia. Y a mi chico, que me espera ansioso para cenar mientras yo aporreo teclado, como cuando éramos novios y me esperaba a la puerta del cine.  Agradecer a mis hijos la constante fuente de inspiración que son en mi vida y su paciencia y su delicadeza cuando me ven aquí sentada,  escribiendo para ustedes.

Son muchos miles de visitas ya y desde muchos sitios del mundo que ni siquiera conozco y me encantaría tener los nombres de todos y de cada uno. No es posible, pero no hay nada imposible. El agradecimiento más grande es para ustedes a los que también les robo su tiempo y que lejos de penarme por ello me premian. GRACIAS DE TODO CORAZÓN.

INGREDIENTES:

1 Yogurt sabor vainilla

1 sobre de levadura en polvo (yo siempre utilizo Polvos Royal)

3 huevos

1 vaso (tamaño vaso del yogurt) de aceite de oliva, hay quien prefiera para los postres aceite de maíz (tipo Happyday)

2 vasos (tamaño vaso del yogurt) de azúcar blanca

3 vasos (tamaño vaso del yogurt) de harina de esponja (o harina para bizcochos)

3 cucharadas soperas de cacao en polvo (el que da el mejor sabor, es el de Cadbury, sin lugar a dudas)

VA POR ANA, QUE LLEVA ESPERANDO ESTA RECETA MUCHO TIEMPO….

Cogemos una fuente grande o un vaso de batidora directamente, siempre y cuando sea bien grande.  Vertemos todos los ingredientes a excepción de las tres cucharadas soperas de cacao en polvo y batimos. Lo mejor para no dejarnos los bíceps es hacerlo en batidora eléctrica.

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Lo mejor es batir durante unos tres minutos. No se preocupen si quedan grumos. Dicen que uno de los trucos para que los queques queden esponjosos, está precisamente en no batirlos demasiado.

Una vez tengamos la mezcla ya batida la separemos en dos fuentes a partes iguales.

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En una de las fuentes, solo en una de ellas, incorporaremos las tres cucharadas soperas de cacao en polvo y volvemos a batir, esta vez a mano con ayuda de unas varillas.

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Ahora cogeremos un molde apto para el horno y lo forraremos de papel sulfurizado (papel vegetal para horno) y así nos evitamos el estar engrasando el molde, además se despega estupendamente y no es nada insalubre.  Una vez forrado el molde, a mi estos queques me gusta hacerlos en moldes alargados, iremos echando por capas cucharones tamaño soperos de ambas mezclas, intercalándolas entre sí. Esto nos dará el efecto mármol.

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Uno o dos cucharones de la mezcla amarilla, unos o dos cucharones de la mezcla con cacao y así sucesivamente hasta que agotemos ambas masas o pastas.

Precalentaremos el horno a 200º calor arriba y abajo sin ventilador y una vez hayan pasado 10 minutos de precalentamiento, introduciremos el molde unos 45 minutos a idéntica temperatura. Lo mejor es vigilarlo cada cierto tiempo y nunca,  nunca abrir la puerta del horno hasta que ya veamos que el queque ha subido y comienza como a abrirse en dos por la parte de  arriba.

IMG_3002Y ya solo queda disfrutarlo y yo, por mi parte,  volver a darles las GRACIAS.

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5 comentarios en “QUEQUE MÁRMOL

  1. Hermana, amiga, confidente, madre, porque para mí ustedes, mis hermanas también son mis madres. Haces que el mundo, que mi vida y que la vida de todos los que te rodean sea un lugar maravilloso donde quedarse….. donde compartir contigo. Eres una de mis maestras, tanto he aprendido y sigo aprendiendo de tu sabiduría que no podría con palabras agradecerte a ti y a la vida el ser hermanas.

    GRACIAS!!!!!!!!!

    Tatita.

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