ENSALADA DE ESPINACAS

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Releyó aquel e-mail unas cien veces. En la soledad de su habitación de aquel hotel, uno cualquiera en cualquier parte del mundo. Después de esas cien, volvió a leerlo en diagonal. Buscaba explicaciones que allí no estaban escritas. Cristina se casaba. Cristina, Cristina, Cristina, se repetía una y otra vez. Hacía más de un año que no la veía. Incluso cuando dejaron de ser pareja tampoco la había visto. Él estaba en Beirut (trabajo) y cuando regresó a casa tan solo quedaba de ella una nota manuscrita que decía:- Adiós, Efrén. No puedo más. Soy muy débil para vivir sola, dentro de esta extraña pareja. Un plato de espinacas en la nevera le dio la pista para saber que no hacía mucho que Cristina se había ido. Aún conservaban ese intenso color verde. Cristina y el verde, todo se lo come verde….. Pues a seguir sólo, pensó. Decidió no llamarla, no mandarle mensajes, ni mails, ni whatssap. ¿Para que iba a servir? Al fin y al cabo ella misma lo decía en su nota, se sentía sola dentro de aquella pareja y él había sido muy claro con respecto a su trabajo. No la había engañado. Tenía que viajar constantemente, tenía que cumplir con horarios inusuales y no quería ni sabía delegar. No estaba hecho para el compromiso, ya bastante tenía con la responsabilidad de asumir su cargo.

Pero un año después, Cristina se casaba. No pegó ojo en toda la noche. Un año después volvía a tener noticias de Cristina. Textualmente le escribía:

Querido Efrén, me atrevo a ponerte este correo para informarte de que me casaré dentro de unos días. Tranquilo, no espero respuestas. Imagino que esta noticia te es del todo indiferente pero para mí no lo es. Me parece importante que lo sepas, ya que hace un año abandoné tu casa y aún hoy no tengo ni la más remota idea de si has ido por allí y te has dado por enterado de nuestra situación. Lo dicho Efrén, que me caso y que espero de todo corazón que las cosas te sigan yendo igual de bien.

Un fuerte abrazo, Cristina.

Por momentos se engañaba y se decía, no debe de ser tan feliz, en tanto en cuanto, se acuerda de mí. No, no me ha olvidado. Cristina tiene terror a la soledad y se casa por no estar sola. Se casa porque le importa mucho el qué dirán y ya va a cumplir cuarenta y es la única de sus amigas que aún no se ha casado. Por eso y por la maldita perreta de ser madre. Con lo que coarta un hijo. Ella no ha pensado bien lo que significa tener un hijo. Mis amigos y mis colegas que se han aventurado a tener familia, están gordos, apagados, absolutamente domesticados bajo el yugo de sus esposas, hijos, mascotas…. Qué va!!! Cristina no sabe lo que está haciendo.

Se levantó de un salto de la cama. Volvió a leer el mail. Despacio, muy despacio. Se acercó al mini bar, se sirvió un Gin-Tonic. Dio un sorbo, después un trago más profundo, le llegó a quemar la garganta. Se tiró en la moqueta, de aquel hotel, de alguna parte del mundo y comenzó a llorar.

Era la primera vez en su vida que se sentía sólo y vulnerable. Era la primera vez que necesitaba los brazos de su madre desde que con un año comenzó a andar. Era la primera vez que pensaba en Cristina más que en su trabajo.

Las luces del día le despertaron. Le dolía todo el cuerpo. No quiso mirar la hora. Por primera vez en muchos años, no quería saber qué hora era. Se duchó, dejó que el agua cayera sobre su cabeza con la intención de borrar el mail de Cristina de su memoria. Volvió a llorar, a llorar por ese futuro por el que tantos y tantos años había trabajado, para llegar a ser ¿el qué?, ahora no se sabía las respuestas….. El mejor, el más rico, el ejecutivo más agresivo….??????

Se abrazó a si mismo envolviéndose en la toalla, se sentó a los pies de aquella cama de hotel. Dejó pasar el tiempo, dejó de atender todas las llamadas que incesantemente sonaban en su blackberry. Y allí se quedó, esperando un futuro, de repente incierto. Sin Cristina, había dejado de tener sentido el mañana. Se hizo tarde, muy tarde, en ese día, en aquella habitación de hotel de aquella parte del mundo y en su vida. Llegó tarde a su propia vida.

INGREDIENTES:

2 Manojos de espinacas

150 gras de Bacon en tiras o en trocitos

100 grs de queso Parmesano

Aceite de oliva virgen

Vinagre de Módena

Sal en escamas o sal gorda

SE HACE MUY RAPIDITA, ASÍ NOS DEJA TIEMPO PARA LAS COSAS QUE REALMENTE IMPORTAN….

Deshojamos las espinacas desechando el tallo y conservando las hojas. IMG_9044

Las lavamos bien y las escurrimos y las secamos igual de bien.

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Una vez lavadas y secas, las colocamos sobre la bandeja o ensaladera en que la vayamos a servir.

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Ahora vamos cortando el parmesano en lonchas como se pueda. Es un queso tan duro que mejor hacerlo con un cuchillo no muy grande, tipo navaja (que diría mi abuela) y se nos quedan lascas irregulares pero finas. Las vamos colocando sobre las espinacas ya dispuestas en nuestra bandeja.

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Ahora saltearemos el bacon en una sartén antiadherente ya que no le vamos a poner nada de aceite. El bacon se hará en su propia grasa. Lo dejaremos bien churruscadito.

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Una vez hecho el bacon, lo colocaremos sobre las espinacas y el queso y ya solo nos queda aliñar.  Para ello mejor al gusto de cada uno. Yo le aconsejo aceite de oliva virgen un buen chorrito, otro buen chorrito de vinagre de Módena y por último el toquecito de sal en escamas o en su defecto, de sal gorda. Y a disfrutarla. Intensa y diferente. Muy recomendable.

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4 comentarios en “ENSALADA DE ESPINACAS

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