BERENJENAS A LA NAPOLITANA

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Siempre se sentaba en la misma silla de mimbre. Le gustaba balancear sus piernas en el aire, no llegaba al suelo. Era divertido observar a las más viejas de la casa mientras cocinaban. Escuchar sus discusiones sobre quien de ellas hacía mejor esto o aquello. Al fondo la puerta,  se abría y se cerraba una y otra vez, al antojo del viento. Empezaban a llegar los olores y las tripas  le respondían girando sin cesar en su pequeña barriguita. Así pasaba las horas de los veranos eternos de su niñez. Entre pucheros , platos hondos y cucharas. Ayudaba a poner la mesa, colocaba los pesados platos de cerámica sobre la mesa de listones de madera, sin mantel. Servilletas de hilo,  blancas del sol que las secaba cada mañana, los cubiertos gruesos y mates de los años de uso y vasos de cristal que ya no brillaban pero que se llenaban de agua fresca y pura de la pila.  Entre gritos llamaban al resto a sentarse, alrededor de aquella mesa donde uno tras otro se llenaban los platos directamente de los calderos que las mayores, orgullosas transportaban desde la cocina hasta el viejo porche, con el suelo de pizarra y el techo de parras. Las moscas comían con el resto de la familia y no había almuerzo en que  los zarpazos al espantarlas no asustaran al resto menos a las moscas que volvían insistentes a posarse sobre el pan, sobre la perola de papas sancochadas, sobre la bandeja del rascacio frito, sobre las migas que iban quedando, sobre el mojo verde, sobre el escaldón de gofio,  sobre la manilla de plátanos maduros y sus pintitas negras, dulces y pegajosas….. Hoy tumbada en el sillón de su terapeuta recuerda con absoluta nitidez aquellos veranos, aquellos almuerzos, la compañía, las hojas de parra, la escoba barriendo el suelo, las moscas impertinentes, las olas de calor y el agua de la pila y le vuelve a responder a su gurú que aquellos veranos fueron y siguen siendo lo mejor de su vida. Se sienta en el sofá lo más atrás que le permiten sus posaderas e intenta balancear los pies en el aire. Cierra los ojos, las puede ver, a su Tata, a sus tías abuelas, a las vecinas, entre los fogones. Siente incluso el calor y el sudor que encendían sus mejillas y de vez el cuando le llega el frescor que batea la puerta. Tenía que haber hecho chiquititos aquellos veranos para llevarlos siempre en mis bolsillos. Lo único que me queda es la receta de las berenjenas de una pariente lejana que se había casado con un italiano y que nunca dábamos por finalizadas las vacaciones hasta que ella nos cocinaba las berenjenas a la napolitana. Cada vez que las preparo, su sabor me regala la certeza de que alguna vez en mi vida, fui inmensamente feliz.

Y yo feliz también porque su generosidad me regaló esta receta.

INGREDIENTES: (para dos)

1 Berenjena

3 Tomates maduros

1 Pimiento rojo no muy grande

1 Cebolla

1 manojo de hojas de albahaca fresca

1 cuchara tamaño postre de orégano

 1 diente de ajo

Aceite de oliva

Pimienta negra

Sal gorda

COMO BIEN DICEN, LA FELICIDAD NO ES LA META, ES LA ACTITUD, así que a preparar esta receta y a contagiarnos de optimismo

Antes que nada, lavaremos la berenjena y la cortaremos en rodajas de 1 cm de grosor, con piel incluída.

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Dejaremos ahora las rodajas de berenjenas sumergidas en agua para que pierdan el amargor y añadiremos un puñado de sal gorda. Reservamos.

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Ahora vamos pelando la cebolla y la picamos lo más pequeñita que podamos o mejor ayudarnos de una picadora eléctrica.

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En un caldero chato, pondremos el fondo de aceite de oliva y pocharemos la cebolla hasta dejarla transparente (no dejar que se queme)

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Picaremos ahora igualmente el pimiento rojo.

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Lo añadiremos al caldero junto con la cebolla y seguiremo pochando ambos.

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Utilizando también la picadora, pondremos dentro de la misma, las hojas de albahaca , la cucharada de orégano y el diente de ajo.

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Lo picaremos todo y lo mezclaremos con la cebolla y el pimiento. Removemos y mantenemos al fuego a temperatura media.

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Vamos poniendo ahora a escurrir nuestras rodajas de berenjenas y mientras se secan ligeramente, pasamos nuestros tomates maduros por el rallador.

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Una vez tengamos los tomates rallados, incorporaremos primero la rodajas de berenjenas sobre el caldero, intentado que no se queden muy sobre puestas, las repartiremos lo mejor posible.

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Ahora sobre las berenjenas, verteremos el tomate rallado. Taparemos el caldero y seguiremos manteniéndolo a fuego medio. Removeremos con cuidado de vez en cuando.  Así hasta 10 minutos después y ya estarán listas. Es muy importante tapar el caldero. Las berenjenas se guisarán y el olor que inundará nuestra cocina nos arrancará una gran sonrisa….. Delicioso.

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2 comentarios en “BERENJENAS A LA NAPOLITANA

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