CALAMARES EN SALSA (receta de abuela Yeya)

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Receta de las de siempre, de las que pruebas y te recuerdas llegando a casa y aquel olor traspasando las paredes y desde el ascensor ya sabías lo que estaba cocinando abuela. Receta que prometí hace más de un año darle a Bibiana cuando la probamos en una tasquita de Ferrol y le conté que los de mi abuela eran insuperables, muy parecidos a aquellos que nos estábamos comiendo, pero le faltaba la mano de mi Yeya. Aquí tienes la receta Bibi, queda saldada una deuda y te regalo lo que para mí, es un tesoro. Receta para compartir con amigos, en su casa, donde su generosidad nos abre las puertas cada primero de diciembre y juntos adornamos su árbol. Cada uno lleva algo y entre todos compartimos. Desde los entrantes con el insuperable guacamole de Juan, hasta los postres que siempre son demasiados y a los que llegamos más inflados que el mítico muñeco Michelín. Pasando entre medio por un plato de calamares en salsa con un buen arroz blanco. Todo es exquisito, la sonrisa de Patri al abrirnos las puertas de su casa, las alegrías del pequeño Félix cuando ve su casa llenarse de gente y de más niños como él y que vienen a jugar con él, a compartir un momento mágico, sus amigos vienen a ayudarle a hacer el árbol de Navidad en su casa. Deliciosa la amabilidad y el empuje con la que Félix papá nos va llenando y rellando las copas, primero de cerveza, después de buen vino, después de lo que tercie y corriendo riesgo extremo la estrellita del árbol. En ese punto todos lo vemos torcido, pero creo que los que no vamos derecho somos nosotros. El festín de sabores estalla en la sobre mesa, con las ocurrencias de Juan y Jose, a cual más divertido o más disparatado pero todo sienta bien. Y seguimos haciendo el árbol y los niños corren por la casa ante la paciencia ilimitada de Patri y sus amigos seguimos haciendo el árbol o lo seguimos torciendo. Y llegan los postres siempre apetitosos, con la compañía de Isa y de Bente a los que no veo y disfruto tanto como quisiera pero en cada reencuentro comprobamos que el mundo se detuvo, allí justamente el el último sitio que nos vimos y aunque la vida nos haya dado palos o alegrías, seguimos como aquel entonces, felices de encontrarnos y capaces de volver a detener el tiempo en el justo momento donde sabemos sacarle partido. Y siguen corriendo los niños por la casa. Y vamos terminando el árbol y se va haciendo de noche y llegamos a despedirnos con la promesa de vernos más a menudo y aunque después no sea así, tenemos la certeza en los bolsillos de que dentro de un año, Patri nos dejará decorarle su árbol y nosotros sabremos recuperar el tiempo que no nos tuvimos a carcajadas. Y es que lo más exquisito de esta vida no lo preparan ni siquiera,  las mejores abuelas….

INGREDIENTES (Para unas ocho personas)

2 Kg de calamares ya limpios.

1 Cebolla y media

2 Pimientos Verdes no muy grandes

4 dientes de Ajo

1 cuchara tamaño postre de Pimentón (mejor de la Vera)

2 ó 3 hojitas de Laurel

2 cucharas soperas de Azúcar blanca

Agua

Leche

Aceite de Oliva

2 cucharas soperas de salsa de tomate, si es casera estupendo, si no pues dos de tomate frito, procurando que sea en Aceite de Oliva.

Un chorrito de vino blanco

UN SABOR  DE LOS QUE PERDURAN EN NUESTRA MEMORIA GUSTATIVA…ya lo verán

Antes que nada, pondremos los calamares en remojo con leche. Que la leche los cubra. Este es un paso obligado si queremos que los calamares queden bien tiernos… (truco de mi Yeya).

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Mientras se van reblandeciendo, seguiremos con nuestros pasitos para llegar al cielo y tocarlo con la punta de los dedos mientras nos comemos estos calamares.

Ayudándonos de una picadora eléctrica, picaremos por este orden:

Lo ajos

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La cebolla.

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Una vez picados ambos, en un caldero chato y con buen diámetro que cubriremos el fondo de aceite de oliva y que la calentaremos, para posteriormente añadirle los ajos y la cebolla picadita. Sofreímos a fuego medio hasta que se vayan quedando bobitas sin que tomen color.

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Mientras se va haciendo, picamos, también en picadora, los pimientos verdes…

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Cuando consigamos que la cebolla y el ajo estén en el punto deseado, añadimos el pimiento y seguimos sofriendo a fuego medio para que nada se queme ni se pegue.

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Una vez hayamos añadido el pimiento picadito a la fritura, aprovecharemos para ir escurriendo los calamares de la leche en la que los teníamos en remojo.

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Una vez tengamos la fritura lista, con todos los ingredientes reblandecidos y con ese olor tan característico que desprende y que invade la cocina, incorporamos al caldero las dos cucharas soperas de salsa de tomate o tomate frito, según tengamos en casa.

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Removemos bien y seguimos manteniendo a fuego medio. Ahora es el momento de incorporar al caldero las dos cucharas soperas de azúcar blanca.

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Volvemos a remover y seguimos manteniendo a fuego medio y es justo ahora cuando incorporamos al caldero los calamares que teníamos escurriendo de la leche.

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Removemos y mezclamos bien, con paciencia y con cariño. Una vez lo tengamos bien mezcladito, cubriremos con agua los calamares, justo que quede al borde de donde llegue la altura de los calamares, añadimos también la cuchara tamaño postre de pimentón.

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Y damos vuelta y mezcalmos, con lentitud , con ternura. Es una receta mimosa… Añadimos seguidamente las hojitas de laurel.

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Le añadimos también un chorrito de vino blanco, mezclamos y a fuego medio con el caldero semi tapado los dejamos que se vayan haciendo durante una horita apróximadamente. Recuerden darle vuelta de vez en cuando, vigilarlos que diría mi abuela, montando garita en la cocina, armados con cuchara de palo en mano y con la paciencia que se tiene cuando uno sabe que lo que le espera, va a a estar delicioso, como la compañía de unos buenos y grandes amigos.

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Y se sigue llenando de olor la cocina tanto o más embriagador que cualquier perfume.

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 Y cada vez que destapo el caldero para darle unas vueltas doy gracias a la vida por la suerte de tener a mi abuela.

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Y apagamos el fuego y rectificamos de sal al gusto y dejamos que se enfríen un poco para poder pasarlos al tupper y llevarlos a casa de Patri y Félix, eso sí, los calamares fueron los que menos disfrutaron de la velada….

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Esto quedó de ellos, cinco minutos después de llevarlos a la mesa.

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Y así los platos de cada uno. Les cuento y les advierto y no es una exageración, que Félix se tuvo que levantar a mitad de la comida e ir a por más pan. Esa salsa tampoco podía sobrar….

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