BOCATA (especial acontecimientos navideños)

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Este año llevo fatal lo de las actuaciones infantiles navideñas. Claro que con tres hijos en edades diferentes tendría que haberme preparado psicológicamente. Además, a nadie oculto mi fascinación por la navidad. Cursi como yo sola. Desde las luces que alumbran la cuidad y que su admiración es además excursión obligada con los peques cuando les dan las vaciones. Una noche cualquiera me los llevo a una pizzería y después paseíto en coche por toda la ciudad. Llevamos años haciéndolo y ya hasta emitimos votaciones, que si este Centro Comercial lo hizo mejor, que si el otro el año anterior tenía más luces, que si el Alcalde este año se acordó más de los barrios y no se quedó solo en las zonas comerciales, que si se nota la crisis en alguna que otra superficie. Nos adjudicamos por el artículo 33 (que diría mi amiga Luzma) el  ser los inspectores de la decoración navideña de la ciudad de Las Palmas. Y lo pasamos bomba, la verdad. Esto se hace extensivo a los belenes y me coloco a la altura de mis hijos y la parte más divertida es la de encontrar al caganem (en caso de que lo pongan….).  Preparamos la cena del 24 (más adelante se los contaré) por sufragio universal, que no mamá, que le digas a la abuela que este año no traiga consomé, que sí mamá que haznos papas arrugadas aunque no sean vistosas, que mamá por favor, pon más turrón de chocolate en la bandeja que de Jijona, que le digas a papá que corte más jamón que abuelo se lo come todo, que no hagas cochinillo que nos da pena…. Y así con todo y con el mismo entusiasmo, pero lo de las actuaciones navideñas de los peques este año me ha dejado KO.

Tres días distintos subiendo al cole, uno por cada uno de mis hijos. La verdad que para empezar en términos de rentabilidad me habría salido mejor acampar en la puerta. Que si no te da tiempo a almorzar, ninguno de los tres días, porque entonces no coges butaca y ves a tus hijos desde allá arriba, dentro de mi altura de escasos 1,60 y con padres y madres la mar de altos y criados. Así lo que una más alcanza a ver es a la que está a punto con su tinte para Navidad o a la que le queda pasar por la pelu. O al pobrecito que se le ven más clareas que pelo y es que parece que la factura del tiempo uno la paga poniéndole mucha cabeza…. Una vez me he hecho fuerte en mi butaca, coloco como puedo, las talegas de lo que será posteriormente la merienda de cada uno, las chaquetas, por que al salir de aquel sofoco te pilla un aire fresco que días después pudiera ser una neumonía, me coloco las gafas, limpio los cristales para no perderme nada porque el estrés que sufro hasta llego,  me ha hecho sudar la gota gorda. Cuando estoy allí pertrechada y ansiosa porque comience la función, pasa una abuelita y me da pena verla dando vueltas sin encontrar asiento y nadie le hace caso y de repente todos a su alrededor miran para el techo en busca de ¿goteras???. Allí voy yo que me levanto, levanto conmigo mi campamento, le cedo el sitio y para la última fila, con poste de contención delante y sin más vista del escenario que las dos esquinas. Aún así, vuelvo a depositar las 40 cosas que cargo y que me garantizan un lumbago tremendo para el fin de semana.

Y empieza la función, de cualquiera de ellos, de cualquiera de los tres que les haya tocado ese día. Y se escenifica un portal viviente, adaptado con niñas que hacen de muñecas, con niños que hacen de pastores, de indios, de lo que sea, porque según ellos mismos nos explican, todos los seres humanos tenemos cabida al lado de Jesús Niño Dios. Y me parece correcto y precioso el mensaje. Y un villancico y otro en inglés y mi hijo que no aparece. Y ahora toca el turno a unas hadas preciosas, con unos destacados dotes interpretativos importantes, con diálogos largos que yo no sería capaz de recordar. Admirable la verdad y emotivo. Y vuelven más villancicos y de mi hijo, ni rastro. Hubo de todo en aquel portal.

Las manos se me dormían de esperar, cámara en ristre, por la aparición “estelar” (para mí) de mi querido retoño. Y allí que llegó él, a la última actuación, el último villancico de la tarde, a cantar una frase…. A mi me bastó con eso para echar las lágrimas fragilonas y fáciles que siempre están dispuestas a salir de mis ojos…. Pero menuda tarde. Memorable.

Y así también con el segundo, que fue rockero en el portal con una versión de lo más marchosa del tradicional villancico Pero mira como beben rodillas al suelo, camiseta negra, cresta y a darlo todo en el escenario. Con mi amor de madre me parecía estar viendo al mismísimo Bruce sobre aquellas tablas. Y aún así, en aquel ambiente tan rockero me bebía las lágrimas, no tengo remedio.

Dos días más tarde, el turno de la mayor y nueva excursión  que este año le dio por apuntarse a la friolera de cuatro bailes. Hasta de faralaes sin saber todavía bailar una Isa canaria…. y claro, cada baile tenía su vestuario y su atrezzo. Y a la calle cada tarde porque cada día de la pasada semana me llegaba con recados del tipo: medias negras, falda de volantes hasta el suelo, malla roja, malla negra, falta de tul amarilla o dorada, cartulinas doradas, guirnalda dorada, zapatos de tacón, flor para el pelo, short negro más corto que el que ya tengo….. Al llegar el día D en la hora H, se obró el milagro, porque claro, toda petición venía acompañada de la constante amenaza…. -Si no lo llevo mañana, me echan del baile. Y creanme, no podría haber mayor afrenta para una niña de 11 años.  Y allí que estuvimos todos, la abuela, la prima y hasta los hermanos colaborando como enlace sindical para que la niña no sufriera el ERE navideño. Eso y las mamis como Merche y como Luzma que obran auténticos milagros y en plena tarde de tormenta salieron a la calle a por la ropa de sus hijas y me compraron también la de la mía…. No tengo palabras suficientes con las que agradecérselo.

Y lloré, ni no me alcanzó con los cuatro paquetes de Kleenex que llevaba en el bolso. Y al llegar a casa con el lumbago, el rímel en la barbilla, el cansancio, el frío, sin un euro en el monedero de las rifas varias y los chocolates calientes en la cantina y con tres vocecitas cantando al unísono:- Mamaaaaaa que hay de cenar?????? y yo sin piedad contesté: UN BOCADILLO…. Eso sí con toquito gourmet que ya huele a Navidad.

INGREDIENTES:

Pan, a ser posible de leña que está tierno y con miga súper esponjosa.

Salmón ahumado

Queso tierno (el mejor, el de Lomo Gallego en San Mateo) si no lo tuvieran, cualquier queso fresco.

Pepinillos en vinagre

Eneldo

Mayonesa

A MONTAR EL BOCATA Y A DESCANSAR DEL AJETREO….

Abrimos el pan por el medio y untamos ambas tapas con mayonesa. Que quede jugosito y cremoso que las  mamis y los papis nos lo merecemos.

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Cortamos el queso en lascas no muy gruesas, para que al llevar el bocata a la boca, nos quepa de un mordisco.

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Espolvoreamos el eneldo por encima del queso al gusto del que se vaya a comer el bocata, la mezcla archiconocida con el salmón es triunfal y de matrimonio estupendamente avenido, si le añadimos el queso fresco es un trío sorprendente….

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Cortamos ahora los pepinillos a lo largo y los colocamos sobre el queso con el eneldo.

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Separamos las lonchas de salmón y las repartimos generosamente sobre los pepinillos y digo generosamente porque es el ingrediente estrella del bocata y hay que notarlo!!!

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Cerramos el bocata con la otra parte del pan y a disfrutar y a descansar con una buena peli en la TV y los niños a la cama….

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