UNA PIZZA PARA DIPEAR

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Hay muchas cosas que compartidas saben el doble. Un buen partido de fútbol por ejemplo. Se imaginan haber visto solos la final de España cuando ganó el mundial?? Intenso igual pero menos divertido, eso seguro. Lo mismo pasa con la pizza. Nunca he sido capaz de comerme una entera yo sola y les garantizo que no soy mala de boca, al contrario, mi problema es que todo me gusta y que me porto de maravilla porque me lo como todo todito. Mi abuela ahora mismo estaría diciendo:- A esta niña sale más rentable comprarle un traje que invitarla a comer….

Tópicos a parte. La pizza es un motivo de reunión en sí misma. Redondita, de masa crujiente, con el queso fundido…. Qué delicia!!! Buenos eso si, manteniendo la precaución de que al morderla no se genere ese hilo de queso cual spaguetti en la peli de La dama y el Vagabundo. Una tiene que apurarse por acortar esa distancia entre su boca y el hilo de queso, elástico e irrompible. Y apurada porque se parta de una vez y se quite ese gesto de glotona agobiada que en vez de usar sus dedos (que con la pizza está permitido) se dedica a meterse más y más en la boca con la esperanza de que se parta y tu chico o el que quiera que esté en frente,  no se de cuenta de tu apuro y tus carrillos.

Una vez partes el cordón umbilical, llega esa mezcla de tomate, de queso, del ingrediente que prefieras y todos a la vez explotan en tu boca y te preguntas por qué demonios no se podrá comer pizza a diario… La pizza tiene ese ingrediente mágico, ese que nos devuelve a la primera adolescencia, cuando uno sabe que algo no debe ser muy recomendable repetirlo a diario pero por qué no????  Pizza para desayunar, para almorzar, para cenar. Cambiando el ingrediente principal, una equilibra el paladar, que si gambas, que si pepperoni, que si rúcula y jamón, que si cuatro estaciones…..Tantos ingredientes como músculo tenga nuestra imaginación.

Pero por desgracia o por fortuna, la adolescencia también expira y caduca y llega la terrible madurez, la que nos propone ensaladas (que no están nada mal, siempre y cuando no estés a dieta) las verduras (que me encantan, cuando no son por obligación) y las grasas en fotos porque en vivo y en directo son pecado mortal y pagas la penitencia en forma de ristras de chorizos en tu tripa, en tu trasero y en extremis incluso en el cuello.

¡Qué viva la pizza!!!!!… Aunque tenga de disfrazarme de Campanilla para sentirme menos culpable.

INGREDIENTES:

250 grs de salsa de tomate Napolitana (puede ser envasada)

150 grs de queso Provolone especial parrila o que se funda fácilmente

1 cuchara tamaño postre de azúcar blanca

Orégano al gusto

Albahaca fresca al gusto

1 masa de Pizza fresca

Sal de Ajo

Pimienta negra recién molida

A PREPARARLA QUE PROMETE….

Ya que cada vez que preparo este plato lo hago con la intención de compartirlo entre amigos, lo hago siempre en cazuelitas aptas para el horno pero que no sean demasiado grandes, preparado dos o tres, según sea de numerosa la pandilla ese día y así tengo para colocar por diferentes sitios de la mesa de picoteo y sea menos engorroso el dipeo.

Pues en esas cazuelitas preparamos todo sobre la marcha. Vayan precalentado el horno a 180º calor arriba y abajo.

Mis cazuelas

Mis cazuelas

Sobre ellas, cubro el fondo con la salsa de tomate a la Napolitana y añado una cuchara tamaño postre de azúcar blanca y lo mezclo bien hasta que se integre. Esto lo hago para que no nos sepa ácida la salsa de tomate ya que es envasada.

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Ahora vamos cortando el queso provolone en lonchas de medio centímetro de grosor y las vamos repartiendo por nuestras cazuelas hasta cubrir toda la salsa de tomate.

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Al gusto de cada uno, espolvorearemos orégano por encima del queso.

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Ahora cogeremos un par de hojas de albahaca fresca y con ayuda de unas tijeras las cortaremos en pedacitos que repartiremos, también al gusto de cada uno, por encima del queso al igual que hicimos con el orégano.

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Reservamos esto y nos dedicamos ahora a la masa para que al comer todo junto, todo esté en su perfecto orden de cocción.

Cogeremos la masa de pizza fresca y la pincharemos ligeramente con un tenedor por toda su superficie. Ya el horno estará caliente y así tal cual (solo pinchada) la hornearemos 5 minutos (recuerden que el horno debe de estar a 180º calor arriba y abajo)

Sacamos del horno y pincelamos toda la masa con aceite de oliva. Al gusto espolvorearemos ajo en polvo y picaremos unas seis hojas de albahaca fresca y también repartiremos por la superficie. Hornearemos ahora a 200º calor arriba y abajo unos 10 minutos. Cuidado que no quede demasiado crujiente ya que al dipear se nos partiría.

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Pasado el tiempo, sacamos del horno y metemos nuestras cazuelas. Horneamos 5 minutos a 180º calor arriba y abajo y tres minutos más solo gratinar. Desde que el queso esté fundido sacamos del horno y servimos inmediatamente ya que si el queso empezara a enfriarse sería mucho más complicado dipear nuestra pizza.

Ya la masa se habrá enfriado algo durante el tiempo de cocción de nuestras cazuelas, así que lo serviremos cortadito en triángulos cómodos para dipear….. Delicioso.

Pueden acompañarlo por encima del ingrediente que más les guste, siempre y cuando tenga presente que se nos debe de montar fácilmente sobre el triángulo de masa al pescarlo de la cazuela.

Y ya tenemos la excusa para quedar con los amigos este fin de semana, que se avecina fresquito y siempre se pasa menos frío cuando se está acompañado.

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