TORRIJAS DE CARNAVAL

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Y llegaron los carnavales… y entre tanto que una se prepara para que el disfraz le quede meridianamente bien con lo que eso implica una o unas semanitas de dieta, una logística adecuada mi chico, los niños, las abuelas, los abuelos que cuiden de los tres, la costurera que te ajuste el escote para que el canalillo no salga desde la garganta y la ansiedad que generan las ganas de disfrazarte y salir a la calle, subida en carroza gracias a mi querida Sandra, hago un alto en el camino y me digo STOP. Llegaron las carnestolendas y me olvido de todo y me meto en la cocina y me pongo a preparar torrijas. Mando al carajo los siempre kilos de más que me acompañan, al fin y al cabo se que con ellos o sin ellos me lo voy a pasar estupendamente….

Y entonces saco la libretita donde llevo apuntado todo lo que mi abuela me ha ido enseñando.  Leo y en la letras encuentro  los olores y veo también las tardes que se convertían en una fiesta improvisada. Mis primas aparecían con el tupper vacío (mi abuela jamás prestará un tupper) y ella a llenarlo de torrijas para todos. Terminaba cansada y con dolor de rodillas.  Y entre aquel olor a carnavales, las mascaritas tocando a la puerta con aquello de: ¿me conoces, mascarita???? Mi madre en su cuarto vistiéndose con sus amigas para salir de fiesta y mi padre que empataba desde el almuerzo y lo volvíamos a ver por la mañana, yo me sentaba al  lado de mi Yeya en el sofá o a sus pies para frotarle Trombocid en las piernas mientras veíamos la gala de la Reina o escuchaba sus historias de los carnavales de entonces. Historias como esta que les cuento y que no olvido a pesar del paso de los años. Les recomiendo hacer primero las torrijas y leerla a la vez que muerden una previamente mojada en miel (mejor si es del Carmen).

Pegadita a nuestra casa, estaba la de los Peñate.  Allí vivían Lola y Samuel. Él era contratista de obra y además de los mejores. Siendo muy joven, había emigrado con sus padre a América, así que a su regreso traía todo aprendido. Ella era la activista tierna y entretenida de todas las tertulias del barrio.

Lola venía de una familia humilde, era de campo, creo que de San Mateo. Como era la costumbre y dados los pocos recursos con los que sus padres contaban, Lola había acudido a la escuela lo justito para no llevarse a engaños en la vida. Vida que cambió completamente desde el primer momento en que Samuel se cruzó en su camino.

El único inconveniente, es que Samuel, por aquel entonces, era el pretendiente de la prima de Lola. Ella ganó el amor de su vida, pero perdió todo contacto con aquella parte de su familia, que nunca le perdonaron haber truncado el futuro de su bondadosa prima.

 Aún recuerdo como Lola, nos contaba chistosa que Samuel la conquistó por la palabra. Ella había llegado a casa de sus tíos con lo puesto, a pasar unos carnavales así que ni careta ni antifaz. Ni tiempo le había dado de ir a casa de Dña. Leonor, el bazar de la época en donde todos íbamos a buscar aquellos preciosos antifaces de seda. En aquel modesto negocio todos nos inspirábamos y salíamos de allí convertidos en quien no éramos. La magia del carnaval es esa. Con algo más que un bata o una sábana y una cuerda, nos adornábamos e íbamos por las casas y todo el mundo en el barrio nos abría las puertas y jugábamos al me conoces mascarita… Y así hasta que nos reconocían o nos íbamos y los dejábamos con las ganas. Claro que esto durante la república, porque años más tarde, ya con la dictadura, lo hacíamos clandestinamente, pero desde luego aquellos tiempo nos hicieron vivir los mejores carnavales de nuestras vidas.

 Lola nos contaba que aquella noche estaba tan entusiasmada con lo que estaba viendo, bailes, risas, disfraces que creía estar viviendo un sueño. Todo le parecía maravilloso. Pero por miedo a resultar paleta, se quedó en una esquina, feliz con lo que sus ojos le estaban regalando. Hasta que se acercó Samuel, el novio de su prima y sin mediar palabra, la agarró por la cintura y la besó. Aquello fue un escándalo. Todos los que estaban presentes no atinaban a explicar el impulso de Samuel cuando se encontró con aquella muchacha de campo, preciosa pero tímida. Sería el misterio que despertaba Lola o la borrachera que él llevaba, pero desde luego, para quien diga que los flechazos no existen, el de Lola y Samuel dan  prueba de ello.

 A Lola se le paró el mundo y el corazón. Sintió la eternidad, sintió que todo aquello que daba vueltas se paraba. Cuando el se decidió a despegarla de su boca, la miró a los ojos y ella alelada, solo acertó a decirle:

 -El carnaval es un mundo de caretas de traición, quien no la lleva en el alma, la lleva en el corazón. Porque tu eres el pretendiente de mi prima, ¿no es verdad?

 Y Samuel, con el corazón latiéndole a mil por hora, la miró embelesado y acertó a responderle:

 -Al carnaval hay que dejarlo venir como viene, que cada cual se disfraza del disfraz que le conviene.

 Y de la poesía, al resto de sus vidas y espero que a la eternidad. No se volvieron a dejar de mirar, ni un segundo de sus vidas. 

INGREDIENTES:

6 Huevos

400 grs de harina de esponja

1/2 kg de Azúcar blanca

1/2 lt de leche

1 cuchara tamaño postre de Canela molida

1 cuchara tamaño moka de Anís

2 Limones rallados

El zumo de un limón exprimido

Aceite para freírlas, a ser posible de girasol para que no coja mucho sabor con el aceite de oliva.

Miel negra (de la Virgen del Carmen) opcional

QUÉ GANAS DE CARNAVALES Y DE TORRIJAS!!!

Esta es una receta de lo más sencilla pero como hay que decir toda la verdad, advierto que es un poco pringosa. No por nada en especial, si no por el hecho de estar friendo las torrijas de una en una. Pero en honor a la verdad también hay que decir que una vez las pruebas, el trabajito no pesa. o remedio de mi abuela, Trombocid en las piernas y a bailar.

Como me gusta preparar los previos....

Como me gusta preparar los previos….

Pues sin miramientos de ningún tipo y ayudándonos de una batidora potente y un buen vaso con capacidad suficiente, vamos echando todos los ingredientes. El orden, el que prefieran y les sea más cómodo. Una vez tengamos todo dentro de vaso de la batidora, hacemos que gire hasta que no queden grumos.

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Cuando ya tengamos la masa batida, ponemos en una sartén con buen fondo y buen diámetro, como dos dedos de aceite de girasol a calentar con precaución de que no se nos queme. Echamos dentro de la sartén un trocito de cáscara de limón (truco de la abuela)

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Cuando ya esté caliente, ayudándonos de un cazo o cucharón para sopa, lo llenamos hasta la mitad con la masa y apoyándolo en la sartén, vamos echando la masa en el aceite caliente. Así una a una. Cada cucharón de masa se hará una torrija.

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Vamos dejando que se doren y para saber que ya está el punto exacto para darle la vuelta, este será cuando los bordes se reviren hacia arriba del calor.

Puntito exacto para darle la vuelta

Puntito exacto para darle la vuelta

damos la vuelta y dejamos que se dore también por el otro lado.

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Y una vez doradas por ambos lados, las colocamos sobre papel secante para eliminar el exceso de aceite y listas para tomar. Calientes o frías. Con miel, con azúcar glass, con mermelada. Con lo que nos de la gana.

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Riquísimas y esponjosas. Feliz carnaval y que ustedes lo disfruten!!!

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4 comentarios en “TORRIJAS DE CARNAVAL

  1. Y otra vez venga a llorar………. Que bonito y qué ricas!!! Desde que empecé a leer comencé a oler las torrijas, las pinturas de mamá y vi a yeya en la cocina, jejeje, qué recuerdos….. más bonitos….. y por supuesto la miel del Carmen!!!
    Gracias hermana…

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