MILHOJAS (con tallos de acelgas)

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A mis hijos les nombro la palabra acelga y les debe sonar a algo así como un pistoletazo de salida en una carrera de velocidad. De seguirles esta manía persecutoria a esta verdura,  me plantearé en serio  apuntarles en atletismo dado que tengo la fórmula mágica que hace que su velocidad se multiplique por cinco. Pero como madre de tres no me faltan recursos que disfracen sus fobias “estéticas” a ciertas verduras. Pues le quitamos la hoja verde, se la incorporamos al puré y con la penca o el tallo hacemos estas requeteriquísimas milhojas saladas. ¿El relleno? pues tiene como límite la imaginación de cada uno o los recursos que nos ofrezca ese día la nevera y la despensa. Lo cierto es que los niños se las comen tan contentos y sentaditos, sin carreras y el agradecimiento manifiesto en un plato limpio al minuto de servírselas. Si es que a veces uno corre sin saber a donde va o de que está huyendo…. Recuerdo que tenía por mito eso del típico novio o novia a la fuga pero un día mi curiosidad quiso que me presentaran a uno. Un muchacho que después de organizar lo que iba a ser un bodorrio de película,  decidió,  a última hora,  no casarse. Cuando me atreví a preguntarle el por qué de aquella decisión y sobre todo el por qué esperar al último momento, su respuesta fue muy clara: -Fui un cobarde. Pero no un cobarde para asumir lo que hubiesen sido mis responsabilidades maritales, ni siquiera tuve en mente una tercera persona. Fui un cobarde porque no me atreví a decirle a mi novia de aquel momento que no la quería tanto como para compartir el resto de mi vida con ella. De repente y a la velocidad de la luz, me vi en casa de mis suegros, con mis padres, organizando lo que para mi y para ella, debía ser el principio del resto de nuestras vidas. Y no, no la quería. Y no, no supe decirlo a tiempo. Lo que quedó después fueron las consecuencias de mi cobardía, todas merecidas. Quedó la vergüenza ajena para mi familia, sobre todo para mi madre y la fama que aún hoy me persigue y hace que personas como tú (yo misma) me pregunten sobre lo mismo unos cuantos años después. ¿Lo peor? verla a ella, a la que hice tan infeliz y no poder mirarla a la cara. Soy merecedor de todo su desprecio. Y mi propia conciencia que de vez en cuando me despierta y me dice…. ¿cómo te dejaste llevar hasta aquel punto?. Mi respuesta, cuando llego a estos fondos es: pues fui muy valiente. ¿Su rencor?, No me cabe duda que se hubiese transformado en odio porque aún hoy por hoy  se, sin ningún género de dudas,  que jamás la hubiese hecho lo feliz que ella merecía ser.

Con acelgas o sin ellas, disfrazadas, enteras, guisadas o crudas, podemos correr todo lo que queramos que habrá decisiones que nos persigan toda nuestra vida, aún habiendo sido honestos.

INGREDIENTES:

Cuando queramos hacerlas, debemos de tener en cuenta que necesitamos dos hojas, o mejor dicho los tallos de las hojas por dos. En este caso, fueron 6 acelgas.

200 grs de bacon en lonchas

Salsa de tomate (a ser posible casera)

Bechamel

Queso en lonchas (Gouda, Havarti o cualquier otro que gratine bien al horno)

VAMOS A ELLO:

Vamos encendiendo el horno a 200º grados, calor arriba y abajo, para que cuando nos toque gratinar, ya esté listo.

Lo primero es lavar muy bien las hojas completas de las acelgas.

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Retiramos los verde y nos quedamos con la penca o el tallo, procurando que nos queden en forma de rectángulo.

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Ponemos los tallos en agua a hervir, con un toque de sal gorda,  durante 10 minutos una vez rompa el hervor.

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Una vez pasen los diez minutos, las ponemos a escurrir y cuando ya no quemen, las terminaremos de secar colocándolas sobre papel de cocina. Aprovechamos y le retiramos las hebras oxidadas que pudieran tener.

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Y empezamos a montar nuestras milhojas. Colocamos un tallo o penca de la acelga, encima empezamos a colocar lonchas de bacon (que nos las corten finitas).  Y procurando retirarla la grasa a cada loncha. Dejar solamente el lado rosado.

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Encima de las lonchas de bacon, colocamos otro tallo de la acelga.  Procurando que sea de tamaño similar al tallo base.

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Por encima y con la ayuda de una cuchara, cubriremos este último piso de salsa de tomate.

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Cubriremos todo con una capa, no muy densa, de salsa bechamel.

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Y ya por último, coronaremos con una loncha de queso de tamaño similar al tallo de la acelga.

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Recomiendo que clavemos un palo, tipo pinchito, en el medio de la milhoja para que no se nos descomponga. Ahora introduciremos en el horno (deberá de estar caliente) y lo pondremos en función gratinar (calor solo por arriba) a 200º, durante 12 minutos. Y a disfrutarlas, sin prisas y sin carreras. Sorprendentemente sabrosas.

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