OTRA DE POLLO ALGO MÁS SOFISTICADO….

Aún ajustándome al comienzo de curso y ya estamos en octubre. Y es que cuesta un poco memorizar nuevos horarios.  Me reseteé en verano y ahora tengo que resoplar mucho para limpiar el polvo y poner en ejercicio la mente. Entre ajuste del desbarajuste de los primeros días se me fue pasando el tiempo y no actualicé, pero les garantizo que la nevera del ordenador está llena de nuevas propuestas y como casi siempre, fáciles y sabrosas. Entre soplidos les diré que he vivido algunas cosas, he escuchado otras tantas y si tengo que contar el por qué de este pollo sería tan disparatado como que te dejen de querer de la noche a la mañana. Y no solo que expire por las buenas el cariño y la admiración que se profesaban, con ellas salió la pasión, diez años atrás de juntar codos y esfuerzos, sudores, fiestas y lágrimas. Pero todo vivido con ganas, con muchas ganas.

Cuando ella me lo contó, yo no daba crédito. Aún así se llenó de valor y sus buenas amigas la acompañaron en el duelo de vaciar la casa, hasta ese momento de los dos y a partir de  ahora solo de él.  Ella tenía mil doscientas cosas que llevarse pero no quería ninguna de ellas. Lo que buscaba aquella noche de mudanzas era a si misma en aquel sofá vivido y testigo de sus horas, con sus días y sus noches juntos.

Llegaron ella, su valentía, sus amigas y dos cervezas previas por eso de contener la emoción y parecer fuerte cuando una sola siente dolor. Tocó a la puerta y nadie abrió. Se prometió a si misma y a sus amigas que de esa noche no pasaba sin zanjar aquel asunto y decidió esperar esperanzada. Pasaron algo más de dos horas y entre diálogos llenos de silencios y miradas de consuelo, sus amigas intentaron persuadirla y convencerla. – Esto no es buena idea, venimos otro día a por tus cosas…. Pero no, tenía que ser ese día, en ese justo momento.

Y llegó él, en el coche de ella, otro objeto más que debía de retirar aquella noche. Pero a su lado el motivo en carne y hueso de su ruptura. Ésta se bajó del coche y literalmente puso en acción sus piernas, desapareció de la escena. Ella tembló al verles, activando no solo sus piernas que se desvanecieron sobre la acera de aquel portal. Se le escurrió el alma. Y digo yo, ¿no era más fácil contarle la verdad?

Ahí quedan más de diez años, en mil doscientas cosas dentro de unas cuantas cajas de cartón….

Pero no, no nos vamos a quedar con este sabor agrio, al contrario, ella más tarde o más temprano se repondrá, al fin y al cabo quien te hace eso no te quiere y si no te quieren,  tampoco te merecen. Así que lo arreglaremos con esta recetita de pollo muy oriental y con un toque por qué no decirlo, afrodisíaco que estoy segura ella apreciará y disfrutará en compañía dentro de no mucho tiempo, porque ella lo vale y lo vale mucho.

INGREDIENTES:

500 grs. de pechuga de pollo cortada en cuadros.

1/2 vaso, tamaño de los de beber agua, de caldo de pollo o de verduras

La misma cantidad, otro medio vaso más, de salsa de soja.

2 Cucharadas soperas de miel (yo uso la miel de caña negra… iummmm me encanta!!)

Una punta de cuchara de postre de jengibre molido. Si lo tenemos fresco, pues la misma cantidad rallado.

Unas hojas de cilantro fresco

Una cuchara sopera de sésamo tostado

Sal y pimienta negra molida.

Harina.

Aceite de oliva

Primero que nada cortamos los pedazos de las pechugas y salpimentamos.

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Ahora, enharinamos ligeramente los pedazos de pollo y mientras lo hacemos, ponemos a calentar aceite en una sartén con buen diámetro.

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Los freímos hasta que estén ligeramente dorados, no en exceso. Reservamos sobre papel para que absorba los restos de aceite. Reservamos.

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Ahora en una recipiente con fondo, mezclamos el medio vaso de caldo, el medio vaso de salsa de soja, las dos cucharadas soperas de miel y la puntita de jengibre. Batimos ayudándonos de unas varillas manuales.

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Mientras hacemos esto, ponemos a calentar el horno a 180º calor arriba y abajo (puede ser con ventilador, si el horno lo tuviera).

En una fuente apta para el horno, colocamos el pollo y vertemos por encima la salsa que acabamos de batir. Aunque quede bañado literalmente en la salsa, no pasa nada, más tarde “repescaremos” los trozos de pollo.

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Metemos la fuente tal cual en el horno y horneamos a la misma temperatura y función que hemos calentado el horno, durante 15 minutos. Pasado ese tiempo, sacaremos la fuente del horno y con ayuda de una espumadera y con cuidado de no quemarnos, sacaremos el pollo y lo colocaremos sobre la fuente o plato en que lo vayamos a servir.

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Le echamos ahora por encima y al gusto de cada cual, el sésamo tostado y el cilantro fresco picado y a disfrutarlo… Que todo en la vida, tiene su momento.

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