PATÉ O TERRINA DE PUERROS

Aquí va hoy una entrada por puro capricho de mi madre. Ella, hace unos cuantos meses, salió a cenar con unos buenos y grandes y amigos y probó esta receta. Quedó fascinada. Hasta aquí uno puede pensar que todo es positivo: sales a cenar con grandes amigos, lo que pruebas te gusta y suma y sigue porque llegaron a las tantas…. Pero puede ser que todo esto nos lleve a un lado oscuro. Al día siguiente me llamó para contarme con todo lujo de detalles la experiencia, que si el sabor,  que si la sensación, la presentación y si la dejo me dice hasta el precio. Y aquí quería llegar yo -Hija mía, vete una noche porque yo se que tu, eres capaz de sacar la receta y hacerla…. Y claro una es obediente (según la naturaleza del mandado).

Tardé unas cuantas semanas (mi madre me lo seguía recordando a diario, si, si, a diario) pero allí que fuimos una noche. Probé, me encantó, repetí y desde ese momento no hay asadero, fiestita en casa o picoteo en que no la prepare. Triunfa la receta, de paso triunfa la cocinera que nunca viene mal una duchita de autoestima y todos felices, hasta mamá con su característico – ¿No te lo decía yo?.

No se crean, contentar a mi madre no es tarea fácil. Exigente y sincera como pocas, pero con los años tengo mis trucos, no se resiste a mis abrazos, a mis piropos cuando la veo y la aprieto y ahora tengo en mi arsenal esta terrina de puerros…

Así que ayer tocó asadero, tocó hacer la terrina (o el paté, a mi madre le gusta que le diga paté). Queda genial sobre un trozo de buena carne, queda genial untado con pan, queda genial hasta acompañando una tortilla francesa… Y lo más genial de todo es partirlo y compartirlo, rodeada de gente súper divertida con la que pasé el día de ayer. Hacía tiempo que no reía tan seguido, tanta veces y a carcajadas. Gracias chicos, nos hicieron pasar un día precioso y Pablo aún no ha cerrado la boca….

Les dejo la receta, es fácil, es sencilla, es rica, es sana… En fin, no voy a dar la lata como mi madre pero no pierdan las dos semanas que yo perdí sin probarla.

INGREDIENTES:

3 Puerros, solo la parte blanca

200 mml de Leche Evaporada

2 Huevos

1 brick de Nata líquida para cocinar

Sal

Pimienta negra

VAMOS A ELLO

Lavamos bien los puerros y le quitamos las hojas verdes. Cortamos en rodajas y se nos va quedando el puerro en pedacitos.

En una sartén y con muy poca aceite, salteamos los puerros, hasta que queden algo más blandos y procurando que no lleguen a quemarse.

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Una vez salteados, los colocamos en el vaso de una batidora o la turmix y vamos incorporando el resto de ingredientes.

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Echamos la leche evaporada (200 ml, la mitad de una lata normal), el brick de nata (suele ser el tamaño pequeño) y los dos huevos.

Aderezamos ahora con la sal y la pimienta negra, yo por gusto prefiero ponerle más de pimienta que de sal.

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Y a batir hasta que quede todo perfectamente integrado y a penas se vean trocitos de puerro.

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Se nos debe quedar algo así como un líquido amarilloso y algún hilo de puerro se quedará inevitablemente.

Ahora viene el cómo hacerlo. Y será al horno, al baño María. Así que vamos precalentando el horno a 180, calor arriba y abajo y si tiene función de ventilador, NO LA PONDREMOS. Así que disponemos en una fuente para horno que primero vestiremos con papel vegetal para horno y lo forraremos entero. Volcaremos después toda la mezcla y ese recipiente lo meteremos dentro de otro, que este segundo sea más grande que en el que hemos volcado la mezcla.

Ese segundo lo llenaremos de agua hasta la mitad y meteremos el primero dentro. Cuidado que no le caiga agua al recipiente que lleva la mezcla.

Y al horno, durante 40/45 minutos, en la misma temperatura que hemos calentado el horno, 180, calor arriba y abajo. El punto nos lo dará el cuchillo que meteremos en el centro y debe de salir limpio. Yo normalmente realizo esta operación, pasados los 35 minutos y ya voy mirando cada 5 minutos.

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¿Ven la marquita del cuchillo???

Ahora debemos dejar que se temple a temperatura ambiente, dentro del otro recipiente con agua incluso. Pasados 1 hora más o menos, ya sacaremos y desmoldaremos con cuidado, dándole la vuelta cual tortilla.

Se puede comer templado, caliente e incluso frío de nevera. De todas las maneras está rico, quizás lo que varíe sea la textura, más firme frío y más suave tibio o caliente. A disfrutarlo y a reírse mucho que es la mejor terapia, te pase lo que te pase….

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UNA FIESTA DE VERDURAS

Y es que esa fue precisamente la expresión que usaron mis hijos cuando vieron tanto color en la mesa. Otra cosa fue lo que se atrevieron a probar, con la boca muyyyy chiquitita,  el calabacín y poco más. Y es que platos como éste me han llevado a castigar a mis musas al rincón de NO pensar. 2015 me trajo alguna dosis de valentía y con la boca más pequeñita aún que la de mis hijos, acepté la invitación de Wendy y de mi compañero Rafa Falcón y me aventuré a entrenar para correr la #Transgrancanaria2015. De ahí las musas castigadas y una dieta para la puesta a punto.

La primera satisfacción me la llevé de mi amiga Rosi,  me dio el si desde que le planteé que me acompañara en esta “locura”. 17 km desde Arteara hasta Expomeloneras en Maspalomas eran palabras tan grandes como la sonrisa de mi amiga.  Ella me lo puso fácil. Ya tenía el reto y la compañía. A partir de ahí solo me quedaba tomármelo en serio. Plan de entrenamiento express, quedaba a penas un mes. Y volví a tirar de agenda y recordé una de las siempre gratas conversaciones con mi amiga Alicia y la recomendación que me había dado de un preparador. Hasta ese momento solo tenía su nombre en mi agenda. Manu. Seguían las ganas así que al día siguiente marqué su número. Una voz alegre y positiva me dice PUEDES HACERLO Y TE VOY A AYUDAR. Yo ya estaba en plan protagonista del anuncio Aquarius….. Me venía arriba. Bien es verdad que mi tendencia siempre ha sido creerme lo malo y desechar lo bueno, entendiendo que esto último siempre viene de cumplidos… Pero las cosas estaban empezando a cambiar. Vaya que si estaban cambiando.

Primera sesión con Manu y salgo  flotando. Unos ejercicios básicos para empezar y carreritas cortas. Posturas, técnica, motivación, tiempos, pulsaciones, fatiga….. sin perder la sonrisa y con los bolsillos llenitos de ilusión. Empecé a hacerme adicta a entrenar, a salir con Rosi cada día por el barrio y a afanarnos juntas en conseguir más y mejor.

Bien es verdad que algunas veces tuvimos que oír carcajadas a nuestra costa, aconsejándonos que nos retiráramos que era una prueba muy dura para nosotras que partíamos no de cero, sino de la izquierda del cero. Pero una ayudó a la otra, Rafa y un grupito de whtassapp nos decían lo contrario…. y Manu que seguía diciendo: LO VAS A HACER.  y es que como dice mi abuela,  nada como que te valore un experto…..

Y llegó el día D en la hora H. La noche previa no duermes un carajo. Los miedos hacen ruido en la almohada, se anunciaba calima para el día siguiente, nos pertrechamos hasta de aerosoles en el minúscula mochila que se utiliza para la prueba. 5:30 a.m y sin dar una cabezada. Ducha, crema protectora solar, desayuno plátano, café y cereales. Camiseta, mallas, perneras, calcetines y llega el momento cumbre para mí, calzarte las zapatillas y en el silencio de la madrugada oír el ruido que desprenden los cordones al atarlos…. Pura adrenalina. Preparada y lista a las 6:30 a.m y Rosi ya me esperaba con su sonrisa en el portal de casa…..Ya no hay marcha atrás, nos dijimos la una a la otra, ni para el impulso. Una mezcla de nervios, de tensión y de ilusión se adueñan de todos nuestros sentidos. Nuestros cuerpos saben que van a vivir una nueva experiencia.

Nos colocamos tímidas en la salida, las piernas temblaban por el sendero llenito de piedras, moviéndose al son de cientos de pisadas. Y empezamos llenas de ganas porque sabíamos desde el principio que físicamente no éramos tan potentes como el resto por eso pusimos alma y corazón. A los 20 minutos empiezas a sentir que los muslos se cargan subiendo,  pero más arriba de la cima estaban nuestro ánimos. Ya no pensábamos en la meta, solo en conseguirlo, cuando fuera y como fuera. Coroné la cima y el oxígeno empezó a abandonarme, no respiraba, jadeaba y allí estaba Rosi, a 2 metros de mí, por delante,  diciéndome -Estoy aquí y sigo a tu lado, bajamos ritmo hasta que recuperes…. Poco después ya estábamos disfrutando del paisaje, de la compañía de otros corredores, trotando a la par, o por detrás o por delante. Nuestro Paco siempre cerca, otro fiel compañero que junto con Rafa, creyó en nosotras y cual faro no nos perdía de vista. Comienza la bajada y te olvidas de tu cuerpo, desde los tobillos hasta la frente. Corres con la cabeza y te empuja la inercia. A veces a más ritmo, a veces avituallabas, pero nunca decayeron el ánimo ni las ganas. No tengo recuerdo de que fuera duro ni difícil, no recuerdo las piedras que hicieron daño en muchos de los músculos de mi cuerpo. No recuerdo la sensación de fatiga ni la sed apremiante y constante….. Recuerdo la llegada a meta entre lágrimas, a mi chico con mis niños y pancarta en ristre, orgullosos de mí y de haberlo conseguido. De Rosi y de su familia al pie de cañón mientras todos vitoreaban campeonas. Recuerdo los aplausos, recuerdo a los que apoyan durante la carrera. Llegamos, lo conseguimos y nada en esta vida me había dado tanta AUTOESTIMA. Lo recomiendo, aunque solo sea una vez en la vida. Se aprende y se queda el recuerdo en ti y sabes que será para siempre. La palabra gracias se hace escasa para Wendy y para toda la organización de esa gran carrera que es la Transgrancaria, se nota desde que te inscribes que todo forma parte de una sincronía perfecta, melódica y acompasada obtenida seguro con mucho esfuerzo y mayor trabajo del que se hace con ganas. Rafa porque como bien dice siempre, las cosas se viven desde dentro, todo lo que te cuente ni se acerca. A Manu por pautar cada paso que me enseñó a dar…. Y logró que no me cayera, sobre todo de espíritu. A Rosi porque si ya teníamos buena sintonía esto solo vino a reforzarla. Es una amiga MAYÚSCULA. Y a las verduras porque si sigo podría llenar tres post más…. y después de tanto tiempo, no quiero aburrirles.

INGREDIENTES:

Verduras variadas. Para mí, las que cociné:

Calabacín grandito

1 Pimiento Rojo

1 Pimiento Verde

2 Zanahorias

1 Puerro

1 Berenjena

2 Tomates rojos y carnosos

1 Cebolla

unas hojas de Albahaca

1 diente de Ajo

Aceite de oliva virgen

Esta a simple vista, debería ser una receta sin mayor complicación pero a mi me sucedía que ponía las verduras al horno, tardaban en guisarse y si me pasaba un puntito, podía llegar a quemarlas.

Encontré el punto exacto y el secreto y eso es lo que pretendo contarles….

Voy lavando y cortando las verduras de una en una. Empezamos por los pimientos. Los corto en trozos granitos, así como abiertos en canal, retirándoles el nervio y los coloco en un plato y al microondas 2 minutos, porque el pimiento es algo más duro que el resto. IMG_2842

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Los saco del micro, dejo que se enfríen unos minutos y los voy colocando sobre una besuguera para el horno.

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Y a por la siguiente, las zanahorias, repito la operación pero esta vez las corto en bastoncillos, coloco en un plato y de nuevo al micro, también  2 minutos porque también es algo dura. Saco del micro espero unos minutos y las coloco también en la besuquear, intentando colocarlas una al lado de la otra sin que se pisen demasiado.

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Repito operación con el turno de verduras más blandas, los calabacines y la berenjena, esta vez las corto en rodajas y en lascas. Solo les doy calor previo durante un minuto en el microondas, saco y coloco junto a lo demás en la besuguera.

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Ya va tomando color de fiesta…. Ahora le toca el turno a los tomates a los que le quito un poco el corazón del principio dejando un pequeño hueco, les doy un golpe de calor de dos minutos en el micro no por duros si no por grandes. Saco del micro y coloco al lado del resto.

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Y me quedan la cebolla y el puerro que parto en tiritas y que previamente no les doy calor si no que las coloco junto con las demás en la besuguera porque con el calor del horno será suficiente para que queden ricas….Eso sí, ya podemos ir precalentando el horno a 180º calor arriba y abajo.

Ya con toda la verdura dispuesta en la besuguera, vamos preparando el aliño que consiste en:

150 mml de aceite de oliva virgen

Unas hijas frescas de albahaca

1 diente de ajo sin el centro (se lo retiramos)

Juntamos todo en el vaso de la batidora y a batir.

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Con un pincel de cocina pintamos con el aliño toda la verdura y somos generosos que se quede bien pintadita.

Al horno unos 20 minutos con la misma temperatura y función y listas para comer. Acompañan con todo, carne, pescado, pollo. Sano y sabroso. Apetitosas con ese aliño y en ese punto que al morder mantiene crujiente pero no crudo. Exquisitas.

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BROCHETAS DE VERDURAS (especiales)

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Especiales que no es lo mismo que complicadas. Es más,  cada día me doy más cuenta que el encanto de la sencillez crea adicción.  Sin complicaciones y sin pringues. Sin pérdida de tiempo y con un resultado fabuloso. El secreto es el aliño porque hasta las cosas más simples tienen su toque y es lo que las hace diferentes. Como a Aurora y su vida sentimental. Se había pasado la vida queriendo a los demás y dándolo todo,  hasta su alma. Al fin y al cabo es así como se debe de amar. A decir verdad su espíritu era enamoradizo, pasional y espontáneo. De repente estaba sola como que al mes y medio te pedía la dirección para enviarte su parte de boda. Así era ella, así siguió siendo hasta en tres ocasiones, cada una de ella con sus bodas, la primera por la Iglesia, las siguientes por lo civil. Cada una de ellas fue tan real como la primera. No creo que a uno lo quisiera más que al otro o menos que al siguiente. Ella se daba con la intensidad de quien cree estar dándose para toda la vida y créanme que así lo sentía. En cada una de ellas juró convencida de que moriría al lado de quien tenía a su lado en ese momento. Pero no fue así, en ninguna de las tres ocasiones. Tras sus tres separaciones no faltaron críticas, opiniones gratuitas, malvadas y crueles la mayoría de ellas.  Todas ellas hechas por personas que jamás vivieron tras la puerta de cada casa que albergó sus tres matrimonios.  A los demás les exasperaba su promiscuidad y a ella parecía importarle un bledo todo. Afortunadamente siempre ha sabido hacerse la sorda cuando la intentan herir. Pasado un buen tiempo después de su tercera y última separación alguien se atrevió a preguntarle si había alguna causa en ella o los tres fueron malvados y perversos. Se hizo un silencio muy incómodo. A los pocos segundos que particularmente a mi me parecieron minutos,  Aurora levantó la cabeza sonrío y dijo: -Sencillamente les dejaba de querer con el alma o sentía que sus almas, no estaban entregadas a la mía.

A veces no es muy difícil entender las cosas más simples. Ella dejaba de querer o la dejaban de querer a ella. Entonces, ¿para que seguir?. Ahora está sola por propia elección, hasta que sencillamente su alma le pida calor y compañía. Sin más. No se complica. Esa tarea la deja para aquellos que tienen tiempo de sobra o como ella misma dice, no se han dado cuenta que esta vida, es una sola.

Y digo yo, será por eso que Aurora resulta tan encantadora????

INGREDIENTES

1 Calabacín

10 Tomates Cherry

4 Cebolletas

100 mml de aceite de oliva virgen

1 diente de ajo

1 ramita de romero fresco

sal gorda

EL ENCANTO DE LAS COSAS SENCILLAS

Primero que nada ponemos el horno a calentar a 180º calor arriba y abajo.

Lavamos muy bien el calabacín, los tomates cherry y las cebolletas. IMG_0264

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Cortaremos los calabacines en pedazos cuadrados y los cherry y las cebolletas por la mitad. Iremos insertando las verduras trozo a trozo en cada brocheta, con el orden que más nos guste. En este caso inserté, un pedazo de calabacín, la mitad de un cherry, la mitad de una cebolleta y otro pedazo de calabacín al final. (no por nada si no porque tenía más trozos de calabacín que del resto).

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Cuando ya tengamos todas las brochetas montadas, en un recipiente y con ayuda de un batidor eléctrico (se queda mejor) mezclaremos el aceite de  oliva, el diente de ajo (le retiramos el centro para no repetirlo) y las hojas de una ramita de romero. Batimos hasta conseguir la mezcla homogénea.

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Ahora, con la ayuda de un pincel de cocina, pintaremos la brocheta con este aliño. Hay que dejarlas bien pintaditas.

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Y ahora directo al horno calor arriba y abajo durante unos 25 minutos, temperatura 180º. Y a disfrutar de un plato sencillo, sano y llenito de encanto.

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PAPAS (con aroma de romero)

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Todos en el barrio la llamaban Tomasa “la loca”. No era ni mucho menos respetada, era temida, muy temida.  Tomasa rara vez salía de su pequeña y vieja casa, pero cuando lo hacía soportaba las burlas de los chiquillos del barrio que corrían tras ella y la llamaban loca. A los niños no les respondía. Ella jorobada por los años, con cuatro pelos blancos que le quedaban en su cabeza, seguía a paso ligero derechita a la tienda de la esquina. Compraba papas, un cartón de leche y cuatro panes y de regreso a su escondite. De vez en cuando le daban “los ataques” como decían en el barrio. Abría la única ventana de su casa que daba a la calle y lanzaba toda suerte de cosas que encontraba.  Volando podían aparecer, calcetines, un colador, una silla, un florero que se hiciera añicos, un jersey. Mientras los lanzaba gritaba  profecías sobre todo aquel curioso que se acercara. La gente corría y desaparecía de su vista. Algunos se reían, las más viejas se presignaban porque creían que Tomasa era la viva imagen del demonio.  Ya de madrugada, cuando el barrio dormía, Tomasa salía en bata y recogía el desastre, pertrechada con una escoba,  limpiaba la calle de toda su ira, regresaba y nadie la volvía a ver hasta que volviera a la tienda a comprar, su kilo de papas, su cartón de leche y sus cuatro panes. Jamás fue a la misa del domingo, jamás participó de una verbena. De la tienda a su casa, de su casa a sus ataques. Y así se le fue yendo la vida. Los más viejos del barrio decían que de chiquilla había sido una niña de lo más alegre. Venía de buena familia, pero todos se habían ido a hacer las Américas hacía ya muchos años. Ella se había quedado aquí por amor. Pero lo que la volvió loca, nadie lo sabía. De jovenzuela andaba por los bailes con un muchacho inglés, bien parecido. Pero él desapareció de repente.

Hasta que un día, sus vecinos más cercanos alertaron al guardia del mal olor que salía de casa de la “loca”.  El guardia se hizo acompañar de otro compañero, ni él se atrevía a molestarla. Ya por la tarde y tras intentar a golpes en su puerta que Tomasa la abriera, decidieron tirarla abajo. Cierto que salía muy mal olor. Los vecinos se agolpaban en la puerta, los chiquillos se abrían hueco entre las piernas de los mayores y a gritos iban retransmitiendo lo que iban viendo. Hasta que uno de los guardias salió y fue dispersando a la muchedumbre que se concentraba allí. Tomasa había fallecido. Nadie sabía cuantos días podía llevar muerta y sola en su casa.

No tardaron en correr leyendas por las calles del barrio. La más disparatada es que había sido vedette en la post guerra y que las noches de juerga y el  alcohol le habían tirado a la cabeza. Todos los vecinos y todas las historias la velaron aquella noche. Rezaron por ella y por su endemoniado espíritu, mientras se hacían corrillos y crecía la leyenda.

Hubieron tantas historias como vecinos en el barrio. Vecinos que ahora, todos aseguraban haber hablado con ella, haber entrado a su casa a calmarla alguna vez. Hasta el párroco se aventuró en el sermón de su funeral a decirles a todos que ella confesaba a diario, cuando nadie la veía.

Lo cierto es que Tomasa dejó de estar en este mundo hacía muchos, muchos años atrás. Cuando la vida más le sonreía al lado del  amor de su vida, Dios les bendijo con un precioso varón que nació sano. Días después de dar a luz, en la estricta intimidad de aquella recién estrenada familia, Tomasa se despertó una mañana, el bebé no estaba en el camastro ni su hombre aparecía por sitio alguno. Solo quedaba una carta, sobre la mesa de la cocina. Él le explicaba que era un hombre casado, que había sido muy feliz a su lado pero que debía volver a su casa, donde Dios había pasado de largo y nunca le había dejado el regalo de un hijo. Me lo llevo conmigo, no quiero que vivas la deshonra de ser una madre soltera. Tranquila, eres fértil y bella y la vida te volverá a regalar muchos hijos, le decía en resumen en aquel papel.

Eran por aquel entonces los años cuarenta. Y Tomasa se volvió loca. Cuando falleció habían pasado cincuenta años más. Eso sí, su casa estaba destartalada el día que los vecinos,  ya sin el cuerpo presente,  se aventuraron a entrar por la ventana de la ira. Todo estaba viejo, rancio y gastado. Todo excepto un camastro pequeño, tallado a mano, con un jueguito de sábanas blancas de hilo con unas iniciales bordadas.  Te acercabas a aquel camastro y olía a agua de rosas. Aquella imagen solo sirvió para avivar más aún la leyenda de Tomasa. Nadie supo nunca de la verdad de su locura, nadie ni viva ni muerta,  tuvo para ella un instante de ternura, ni siquiera ella consigo misma.

Dicen los entendidos que nuestro cerebro se resigna antes de una pérdida que de una traición. Creo que ni una cosa ni la otra. Lo que si que es cierto es que la locura, a veces,  es  el único antídoto contra el dolor.

INGREDIENTES

Tantas papas como gente tengamos a comer a casa. Yo en este caso utilizé cuatro medianas

Aceite de oliva

Sal gorda

Pimienta negra molida

Unas hojas de romero fresco

ESTA ES UNA GUARNICIÓN PERFECTA, CASI QUE PARA CUALQUIER PLATO

Pelamos las papas, las lavamos bien y las introducimos en un caldero con un puñado de sal gorda. Las ponemos al fuego directamente, sin esperar que el agua hierva.

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Una vez que el agua rompa a hervir, calculamos 10 minutos de reloj.

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Pasados los 10 minutos, las ponemos a escurrir, aún estando las papas algo duras (se terminarán de hacer después en el horno)

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En este momento pondremos el horno a precalentar, calor arriba y abajo a 200º.

Ahora cogemos una fuente apta para el horno y repartimos aceite de oliva sobre el fondo. No en exceso, simplemente para que después, las papas no se queden pegadas.

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Colocamos las papas dentro de la fuente y las partimos en pedazos algo más pequeños, pero que aún conserven un tamaño interesante (no pequeño, ya que va a ser una vistosa guarnición).

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Volvemos a echar, ahora sobre las papas, un chorrito de aceite de oliva y con ayuda de una brocha de cocina, pintamos con el aceite ligeramente, la superficie de las papas.

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Añadimos ahora, al gusto, un poco de sal gorda y pimienta negra molida.

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Y ya por último, lavamos bien unas ramitas de romero y desmenuzamos las hojas que las iremos echando sobre las papas.

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Introducimos nuestra fuente con las papas en el horno, manteniendo la misma temperatura (200º arriba y abajo), unos 25 minutos. El aspecto final debe ser el de la papa doradita por fuera. Y ya tenemos una guarnición perfecta tanto para carne, para pescado o para pollo. Sabrosas y con aroma. Al partirlas verán que está doradita por fuera y muy cremosa por dentro, manteniendo todo su sabor a papa y ese regusto final a romero…. Exquisitas.

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ENSALADA DE ESPINACAS

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Releyó aquel e-mail unas cien veces. En la soledad de su habitación de aquel hotel, uno cualquiera en cualquier parte del mundo. Después de esas cien, volvió a leerlo en diagonal. Buscaba explicaciones que allí no estaban escritas. Cristina se casaba. Cristina, Cristina, Cristina, se repetía una y otra vez. Hacía más de un año que no la veía. Incluso cuando dejaron de ser pareja tampoco la había visto. Él estaba en Beirut (trabajo) y cuando regresó a casa tan solo quedaba de ella una nota manuscrita que decía:- Adiós, Efrén. No puedo más. Soy muy débil para vivir sola, dentro de esta extraña pareja. Un plato de espinacas en la nevera le dio la pista para saber que no hacía mucho que Cristina se había ido. Aún conservaban ese intenso color verde. Cristina y el verde, todo se lo come verde….. Pues a seguir sólo, pensó. Decidió no llamarla, no mandarle mensajes, ni mails, ni whatssap. ¿Para que iba a servir? Al fin y al cabo ella misma lo decía en su nota, se sentía sola dentro de aquella pareja y él había sido muy claro con respecto a su trabajo. No la había engañado. Tenía que viajar constantemente, tenía que cumplir con horarios inusuales y no quería ni sabía delegar. No estaba hecho para el compromiso, ya bastante tenía con la responsabilidad de asumir su cargo.

Pero un año después, Cristina se casaba. No pegó ojo en toda la noche. Un año después volvía a tener noticias de Cristina. Textualmente le escribía:

Querido Efrén, me atrevo a ponerte este correo para informarte de que me casaré dentro de unos días. Tranquilo, no espero respuestas. Imagino que esta noticia te es del todo indiferente pero para mí no lo es. Me parece importante que lo sepas, ya que hace un año abandoné tu casa y aún hoy no tengo ni la más remota idea de si has ido por allí y te has dado por enterado de nuestra situación. Lo dicho Efrén, que me caso y que espero de todo corazón que las cosas te sigan yendo igual de bien.

Un fuerte abrazo, Cristina.

Por momentos se engañaba y se decía, no debe de ser tan feliz, en tanto en cuanto, se acuerda de mí. No, no me ha olvidado. Cristina tiene terror a la soledad y se casa por no estar sola. Se casa porque le importa mucho el qué dirán y ya va a cumplir cuarenta y es la única de sus amigas que aún no se ha casado. Por eso y por la maldita perreta de ser madre. Con lo que coarta un hijo. Ella no ha pensado bien lo que significa tener un hijo. Mis amigos y mis colegas que se han aventurado a tener familia, están gordos, apagados, absolutamente domesticados bajo el yugo de sus esposas, hijos, mascotas…. Qué va!!! Cristina no sabe lo que está haciendo.

Se levantó de un salto de la cama. Volvió a leer el mail. Despacio, muy despacio. Se acercó al mini bar, se sirvió un Gin-Tonic. Dio un sorbo, después un trago más profundo, le llegó a quemar la garganta. Se tiró en la moqueta, de aquel hotel, de alguna parte del mundo y comenzó a llorar.

Era la primera vez en su vida que se sentía sólo y vulnerable. Era la primera vez que necesitaba los brazos de su madre desde que con un año comenzó a andar. Era la primera vez que pensaba en Cristina más que en su trabajo.

Las luces del día le despertaron. Le dolía todo el cuerpo. No quiso mirar la hora. Por primera vez en muchos años, no quería saber qué hora era. Se duchó, dejó que el agua cayera sobre su cabeza con la intención de borrar el mail de Cristina de su memoria. Volvió a llorar, a llorar por ese futuro por el que tantos y tantos años había trabajado, para llegar a ser ¿el qué?, ahora no se sabía las respuestas….. El mejor, el más rico, el ejecutivo más agresivo….??????

Se abrazó a si mismo envolviéndose en la toalla, se sentó a los pies de aquella cama de hotel. Dejó pasar el tiempo, dejó de atender todas las llamadas que incesantemente sonaban en su blackberry. Y allí se quedó, esperando un futuro, de repente incierto. Sin Cristina, había dejado de tener sentido el mañana. Se hizo tarde, muy tarde, en ese día, en aquella habitación de hotel de aquella parte del mundo y en su vida. Llegó tarde a su propia vida.

INGREDIENTES:

2 Manojos de espinacas

150 gras de Bacon en tiras o en trocitos

100 grs de queso Parmesano

Aceite de oliva virgen

Vinagre de Módena

Sal en escamas o sal gorda

SE HACE MUY RAPIDITA, ASÍ NOS DEJA TIEMPO PARA LAS COSAS QUE REALMENTE IMPORTAN….

Deshojamos las espinacas desechando el tallo y conservando las hojas. IMG_9044

Las lavamos bien y las escurrimos y las secamos igual de bien.

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Una vez lavadas y secas, las colocamos sobre la bandeja o ensaladera en que la vayamos a servir.

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Ahora vamos cortando el parmesano en lonchas como se pueda. Es un queso tan duro que mejor hacerlo con un cuchillo no muy grande, tipo navaja (que diría mi abuela) y se nos quedan lascas irregulares pero finas. Las vamos colocando sobre las espinacas ya dispuestas en nuestra bandeja.

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Ahora saltearemos el bacon en una sartén antiadherente ya que no le vamos a poner nada de aceite. El bacon se hará en su propia grasa. Lo dejaremos bien churruscadito.

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Una vez hecho el bacon, lo colocaremos sobre las espinacas y el queso y ya solo nos queda aliñar.  Para ello mejor al gusto de cada uno. Yo le aconsejo aceite de oliva virgen un buen chorrito, otro buen chorrito de vinagre de Módena y por último el toquecito de sal en escamas o en su defecto, de sal gorda. Y a disfrutarla. Intensa y diferente. Muy recomendable.

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ENSALADA ALEMANA

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Llevaba algo más de un mes queriendo hacer esta entrada. Pensaba en la receta que acompañaría a la historia, porque hoy el cuento,  es más importante y cualquier receta le iría bien,  primero porque la prota de hoy es buena de boca, como la que suscribe y segundo porque ella en si misma es muy importante en mi vida, con lo que al hablar de ella muchas cosas pierden relevancia. Aunque la ensalada está bien,  buena y perfecta para acompañarnos en verano con cualquier plato, ella solita o como antojo porque si, porque su sabor es tan característico y tan exclusivo que de repente te entran ganas de comerla y no hay excusas que valgan. Pues la historia no es otra que me llegó el momento de despedirme de la que ha sido mi jefa durante los últimos 13 años. Ella me enseñó todo lo que sé. Soy consciente de que se va a vivir de otra manera, de la manera que ahora le pide el cuerpo y el corazón, así que racionalmente debo y tengo que alegrarme por ella. Eso en la teoría, pero en la práctica esto está siendo muy difícil…. Las últimas semanas desde que cambio de dirección para coger la última curva que me lleva a mi oficina ya la echo de menos, es más, llego con una lagrimilla escapada y contesto que no he dormido bien al resto de compañeros que ven en mi cara que las cosas no me marchan bien.  Claro que cuando ella estaba todavía por la ofi no podía mentirle piadosamente, ella era capaz de leerme la mirada y los gestos. Ella y yo yo nos hicimos amigas sin esforzarnos, nos acostumbramos la una a la otra como la que se acostumbra a la buena vida aunque no siempre las etapas que nos tocaron vivir fueron buenas, sobre todo para ella, pero teníamos la capacidad de consolarnos y de alegrarnos con la misma intensidad. Hoy, un mes después, soy consciente de que nunca más en mi vida volveré a tener la misma suerte, dar con la talla de una persona como mi Lola no es fácil y poder medirte en ella y que me enseñara sin secretos todos los secretos que entrañaba nuestro trabajo, la mejor lotería que me ha tocado, a pesar de mi juventud puedo asegurar que las estrellas no se volverán a alinear y a colocarse justo encima de mi cabecita para darme esta misma buenaventura. Mirar hacia su silla vacía me cuesta tanto trabajo que paso por la puerta de su despacho a paso ligero, como la que lleva prisa. Realizar tareas que antes realizábamos juntas, me cuestan el doble de tiempo y me generan el triple de dudas. Me falta su seguridad, me falta su palabra y su confianza. Pero por encima de todo, me falta ella y nuestros días juntas. Nuestros desayunos, nuestras charlas de todo y de nada, pero que siempre eran importantes, nuestras divagaciones, nuestras preocupaciones…. Me falta algo y algo nada pequeño, porque todavía hoy, después de un mes, siento mucho vacío.  Todos me dicen que me acabaré acostumbrando y no es que no lo dude, es que lo niego en rotundo. Hay vacíos que no se vuelven a llenar por mucho que la gente tire de refrán para consolarme. Me adaptaré, eso si que es verdad, pero siempre me acordaré de quien me enseñó lo que sé y sobre todo a quien me animó siempre,  a ir a 10 cms por encima del suelo……

INGREDIENTES:

1 Kilo y medio de Papas

30 grs de Mantequilla

1 Cebolla morada

12 Pepinillos (de los que vienen enteros en vinagre)

3 Salchichas tipo Frankfurt

200 grs de Mayonesa

Eneldo (mejor si es fresco picadito, si no encontramos, pues de los que vienen en especias)

Sal gorda

Pimienta negra

Un poco de Aceite de Oliva para saltear las salchichas.

FACIL Y RICA (como debería ser todo en la vida, sencillo y sabroso)

Pelamos las papas y las ponemos en agua a sancochar (o guisar) con un puñadito de sal gorda. Las tendremos guisando hasta el momento en que al pincharlas estén blanditas.

Qué ricas las papitas de San Mateo!!!

Qué ricas las papitas de San Mateo!!!

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Una vez estén tiernas, echaremos sobre las papas ya guisadas y escurrida el agua, los 30 grs de mantequilla y con ayuda de un tenedor o un chafador las iremos escachando, no debemos darle la consistencia de papilla, sino que quede algo grumosa. IMG_7195

Ahora iremos picando el resto de ingredientes, pelaremos la cebolla morada, pero no la picaremos enseguida sino que la dejaremos una vez la tengamos pelada en remojo con agua para que suelte algo de picor. Así que ahora iremos picando en pedacitos pequeños los pepinillos.IMG_7196

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Una vez picados, los incorporaremos ya a las papas chafadas.IMG_7200

Ahora saltearemos las salchichas con muy poco aceite en una sartén, una vez estén tostaditas las cortamos también en pedazos pequeños.IMG_7203

Ya podemos escurrir y secar la cebolla y la picaremos también muy pequeña. Una vez picadas la cebolla y las salchichas, incorporaremos todo a las papas.IMG_7205

Una vez incorporados todos los ingredientes, echaremos la mayonesa e iremos mezclando bien.

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IMG_7212Una vez bien mezclada y repartida la mayonesa con todo, le daremos el toque de pimienta negra a nuestro gusto y cubriremos con eneldo. Taparemos bien y guardaremos en el frigorífico unas horas antes de consumirla. Si sobra, se conserva un par de días, también en el frigo.

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RAVIOLIS DE CALABACÍN (rellenos de pavo y queso)

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Hay lugares que tienen especial magnetismo. Lugares a los que llegas y sientes que allí nada malo puede pasarte. Son sitios a los que volverías una y otra vez sin cansarte de hacerlo. Me considero muy urbana, como dice mi madre, las raíces las eché en el asfalto y  en mi playa de las Canteras, playa urbana por excelencia y me atrevo a decir que es  la mejor en el mundo entero. Pero una especie de energía me invade cuando llego a la Finca La Cruz, en Valsequillo,  donde viven mis tíos Ana y Tano y sus hijos, Sara y Víctor. Por este último además me atrevo a decir que siento absoluta debilidad (espero que el resto del batallón de primos no se ofenda). Cada vez que regreso me imagino con el pantalón de peto vaquero que mi madre nos ponía a mi y a mis hermanas, las tres iguales. Partíamos a correr y nos sentíamos libres. Con mis primos y los primos de mis primos hacíamos todo lo que se nos ocurriese y jamás nos aburrimos. En aquella finca trepé por primera vez a un árbol, descubrí cuevas de la atrevida mano de mi primo Víctor, ayudé a encender una hoguera, hacíamos carreras de bicis y dejábamos la piel de las rodillas en el picón, me pinché con espinas de los rosales que bordean la casa de mis tíos, como sus rosas no he olido ninguna. Recolecté muchas veces naranjas y limones de sus árboles y aceitunas del olivo de la entrada. El día se pasaba como si fueran minutos y en cuanto caía la noche sabíamos que era el momento de volver a la casa, no nos habíamos marchado pero ya estábamos deseando volver. En la Finca pasé momentos inolvidables de mi infancia y todos y cada uno de ellos se los debo a mis tíos que con paciencia y mayor generosidad nos abrían la puerta de su casa y aún hoy lo siguen haciendo, no solo para sus sobrinas, si no para los hijos de sus sobrinas. Le debo también a Tano el haberme “curado” de mi terror a los perros, hacía que cualquier perro de la finca se me echara encima para que comprobara que no me iban a devorar…. Claro yo en aquel momento no fui igual de agradecida, con los años la perspectiva te cambia y la transformas en gratitud. En la finca se han vivido y han pasado tantas cosas que esté donde esté, siempre será un sitio al que querría volver, no pestañearía porque si existe un paraíso terrenal, debe de ser ese. En la finca sientes que tocas el cielo con la punta de los dedos. Es absolutamente especial pero lo mejor que tiene, es la gente que la vive.

Y allí, tan cerquita de ese cielo, mi tía Ana sabia y reflexiva me preparó un día un carpaccio de calabacín, ya de esto hace algunos años. Solo puedo decirles que me encantó y que cada vez que preparo calabacines, me acuerdo del carpaccio…. Le pediré la receta, pero antes le pediré que me lo prepare, en la finca, un lugar al que siempre quiero volver.

INGREDIENTES (para dos, usándolo de guarnición)

 2 Calabacines a ser posible del mismo tamaño

1 y 1/2 lonchas de Queso Gouda

2 Lonchas de pavo

100 mml de Bechamel (puede ser de tetra brick)

Queso rallado para gratinar

Aceite de Oliva

FÁCIL, FÁCIL….

Lavamos bien los calabacines y los cortamos a lo largo en lonchas muy finas que no superen el medio centímetro de grosor.IMG_6841

IMG_6843Una vez tengamos los calabacines loncheados, calentamos en una sartén aceite de oliva, la cantidad de aceite será la que cubra el fondo de la sartén. IMG_6845

Una vez caliente, saltearemos las lonchas de calabacín y lo haremos de una en una con cuidado de que no se rompan. Las tendremos al fuego hasta que pierdan la rigidez porque más tarde tendremos que manipularlas y doblarlas.IMG_6847

Las haremos por ambos lados

Las haremos por ambos lados

No nos interesa que se queden muy fritas, porque luego llevarán un tiempito de horno. Solo las tendremos hasta que se hayan reblandecido. Una vez conseguido ese punto, las pondremos sobre papel secante para que suelten el aceite que hayan absorbido y se enfríen para poder manipularlas. IMG_6851Una vez las tengamos todas hechas y ya estén algo más frías, colocaremos sobre una tabla dos lonchas de tamaño similar en forma de cruz, una sobre la otra. Pero antes de empezar pondremos a precalentar el horno, función gratinar (calor solo por arriba) a 200º, cuando acabemos todo el proceso, utilizaremos el horno y así ya lo tendremos caliente.IMG_6852Justo en la intersección de la cruz y del mismo tamaño que ésta, cortaremos un trocito de la loncha de queso tipo Gouda y la colocaremos encima.IMG_6853Sobre el queso, colocaremos un trozo de la loncha de pavo, exactamente del mismo tamaño que el trozo de queso.IMG_6855Y ahora empezaremos a cerrar el calabacín hasta darle la forma de ravioli de la siguiente manera. Traemos al centro uno de los lados libres sin relleno.IMG_6857Seguiremos cerrando cada lado del calabacín con el resto de las tiras y en el orden de las agujas del reloj.IMG_6858Ahora el siguienteIMG_6859Y ya solo nos queda la última tira.IMG_6860Ahora le daremos la vuelta de manera que el cierre del ravioli quede por debajo y ya lo tenemos formado. Así lo iremos haciendo con todas las lonchas de calabacín y cada ravioli lo iremos colocando en una fuente apta para horno.

Le hemos dado la vuelta

Le hemos dado la vuelta

IMG_6865Una vez todos colocados en la fuente, prepararemos unos 100 mml de bechamel (en la receta de rollos de puerro, la pueden ver), si así lo prefieren pueden usarla de tretra brick. Con la bechamel cubriremos de manera superficial los raviolis.IMG_6868Para finalizar, espolvorearemos queso rallado que sea especial para fundir (yo utilicé Parmesano) sobre los raviolis e introduciremos en el horno, función gratinar a temperatura 200º unos 15 minutos, pero dependerá de cada horno, hay algunos que gratinan muy rápido. Estará acabado cuando veamos el queso fundido y con ese color algo tostado pero sin quemarse. IMG_6876

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Ya solo queda disfrutarlos, advertirles que se pueden rellenar de cualquier cosa que se nos ocurra, yo lo hice muy básico como guarnición de cena para mis peques. Les encantó a ellos y los papis de ellos.

TOMATES CHERRY CARAMELIZADOS (al horno…..)

IMG_6461Ella me llama un día tras otro. Con cada reclamo intenta convencerme cuando lo que realmente persigue es convencerse a sí misma. Lleva años enamorada en silencio, aún a sabiendas que se equivoca. Se equivoca en el momento y se equivoca de persona. Los dos tienen familia pero como en todos estos casos,  en esta historia también escuchamos que ella quiere a su marido, pero que ya no está enamorada. El hecho de tener un hijo en común dice que es lo que la frena a dar un paso, certero o falso. Mientras tanto divaga, se recrea en las miradas que dice ella que el otro le dedica. Me reproduce las conversaciones que mantiene una y otra vez, casi que las podría reproducir aquí como una taquígrafa concentrada en su tarea. Cuando sabe que la casualidad forzada (por ella, claro) puede encontrarles,  repasa su armario de arriba a abajo y de izquierda a derecha, él no puede verla igual que los días atrás cuando se vieron por última vez. Las palpitaciones que sufre cuando él se acerca bien podrían servir para reproducir el sonido de una estampida de una peli. Dice cenar menos el día que lo ha visto y deja de comer al siguiente si además han hablado. Cada noche recuesta su cabeza en la almohada y se imagina una vida con él. Se ve feliz y de nuevo enamorada. Hasta aquí nada nuevo, cúmulos de sensaciones que tienen las personas cuando corren la suerte de enamorarse, pero el problema de mi amiga es diferente. La enamora su imaginación y las ansias de romper con su monotonía. Apenas le conoce y a mi solo se me ocurre decirle para despertarla de su ensimismamiento que vaya usted a saber si ese muchacho después es un sádico, o un cochino…. Y ella lela me responde que no le importaría….. y a mi me admira, me admira su capacidad para soñar aunque sepa que nunca, ni siquiera en voz muy baja, le confesará lo que sus sueños le hacen sentir cada noche. Seguirá queriendo a su marido y seguirán juntos criando a su hijo, pero como bien decía la canción a dónde irán los besos que no damos, que guardamos. Qué vivan los sueños porque si no fuera por ellos, vivir la realidad sería insoportable. Dulces sueños esta noche, querida amiga y todas las noches en que necesites amar, aunque no te corresponda.

Pues esta recetita es empeño de mi madre. Llevaba días detrás de mi y en cada conversación y en cada visita a su casa, me insistía para que copiara la receta, la hiciera y la subiera al blog. Esta vez no me cuesta decirlo, pero vuelve a tener razón. Pura golosina. Exquisitos y adictivos. Encima fáciles de hacer.  Mi madre vuelve a no equivocarse en sus consejos, a veces he pensado que en algún rincón de su armario debe tener una bola de cristal y que en sus ratos libres ejerce de pitonisa…. Así que otra vez me toca decir eso de:  ¡Qué viva la mami que me parió!!!!!

Esta receta bien nos puede servir como una sorprendente guarnición, tanto para carne como para pescado,  como aperitivo novedoso o estupenda con unas tostas de pan untadas de queso cremoso y los tomates por encima…. Se me hace la boca agua.

INGREDIENTES: (guarnición para dos)

1/2 kilo de tomates cherry

Aceite de oliva virgen

Vinagre de módena

Sal gorda

Azúcar blanca

Cebollino seco (especie)

VAMOS A ELLO (es real, no un sueño)

Primero que nada, vamos precalentado el horno a 180º calor arriba y abajo.

Lavamos y secamos los tomates.IMG_6434

Estos son de la frutería Laly en el Mercado Central, una delicia

Estos son de la frutería Laly en el Mercado Central, una delicia

Los colocamos en una fuente para horno, adaptado el tamaño de la fuente a la cantidad de tomates. No deben estar uno encima de otro, mejor que haya espacio  entre ellos pero no demasiado. IMG_6437

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Una vez los tengamos colocaditos, echaremos un buen chorro de aceite de oliva virgen por encima. Seremos generosos y procuraremos que llegue aceite a cada cherry. IMG_6439Repetiremos esta misma operación pero con el vinagre de Módena. IMG_6440

IMG_6441Echaremos ahora sal gorda al gusto por encima de los tomatitos.IMG_6442Llega el turno del azúcar blanca y esta la incorporaremos por encima de los tomates procurando que quede una capita de azúcar por encima de cada uno.IMG_6443

IMG_6446Y el toque final, advertirles que éste no es indispensable pero el cebollino seco (lo pueden conseguir en establecimientos que vendan especies) da un toque final peculiar pero inolvidable. Si lo encuentras que sepan que se conserva en tarro de cristal y dentro de la nevera. Pues bine, añadimos el toque final mágico por encima de los tomates, sin pasarnos, solo es darle un toquecito.

IMG_6447Y ya están nuestro cherrys listos para entrar al horno. Los tendremos dentro unos 25 minutos a la temperatura y función que hemos precalentado el horno (180º, arriba y abajo). De verdad que están muy ricos, deberían venderlos en tiendas de chuches…. Pura golosina. Una vez lo saquemos del horno ya estarán listos para devorarlos pero que sepan que guardan calor, cuidado de no quemarse al morderlos. IMG_6459

 

SALPICÓN DE LANGOSTINOS

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Creo que en alguna entrada pasada ya les había contado que he dejado de ver y de escuchar las noticias por las mañanas. Prefiero escuchar música y hasta incluso me he arrancado unos pasitos de baile con mi hija mientras le hago la coleta para ir al cole. Sin duda como terapia funciona. Mi corazón se pone contento, mis hijos se parten de risa mientras yo simulo un play-back de Alejandro Sanz y su “No me compares”, mi chico se contagia de la alegría familiar y no me consta, pero seguro que algún vecino nos ha tomado por locos. Escucho la nueva de Carlos Vives y ese “Quiero casarme contigo” y mis caderas val al son más bailongo hasta la ducha. Salgo y Melendi también se ha propuesto casarse con “Tu jardín con enanitos” y entonces me siento la Rosa de España, sale mi chorro de voz (muy desafinado, demasiado diría yo) y le hago los coros mientras me pongo la crema hidratante, el desodorante y me cepillo los dientes (en este punto los coros se los hago en balbuceos)…. Mientras me visto llega Ismael Serrano y sus nuevas versiones sobre viejas canciones y me emociono. No hay momento en que no lo escuche y agradezca que en este mundo existan perosnas como él, coherentes, sensibles, talentosos y tan generosos como para compartir con el resto, lo mejor de si mismo. Ya subida a los tacones, cuando puedo ponérmelos, enfilo hacia el aparato mágico por el que salen esas voces y esos ritmos y nada más dar al botoncito off  empiezan a atropellarme en la mente,  la imparable cifra de parados en España, la entrevista de José María Aznar o con D. Quijote, ya no tengo muy claro que es lo que vi,  la impunidad de la que siempre gozan los mayores ladrones de la historia de esta país, eso sí, todos de guante blanco. Cansada de oír que todos provocamos esta crisis porque absolutamnte todos vivíamos por encima de nuestras posibilidades y es que generalizar, no es cosa cierta, pero acaso ¿ellos no?.   ¿Acaso los encargados de velar por nuestros intereses y los de todos, elegidos por sufragio universal no fueron los primeros que derrocharon lo que con esfuerzo recaudábamos entre todos?. ¿Acaso no nos hicieron creer que podíamos disfrutar, como si fuera un premio del Un, Dos, Tres: casa, coche y viaje, con notorias y hasta pesadas campañas de marketing,  agresivas en tanto en cuanto no había medio o soporte en las que no se anunciaran? ¿Acaso no nos convencían de que podíamos pagar tarde, mal y nunca unas cifras llenas de ceros que por mucho que yo trabaje hasta la edad que ahora decida el Gobierno, jamás la llegaré a obtener?. Ya está bien de hacernos creer culpables de esta situación. Yo no pienso permitíselos. Mi tiempo es mío y no voy a malgastarlo escuchándoles, no es que no confíe en la clase política española, es que hacerlo sería un acto de fé puramente espiritual y no son Dioses, así que me dedicaré a seguir bailando aunque sea a trompicones, a cantar con la música que me gusta escuchar, a meditar para prohibir que estos individuos y sus actos afecten a mi sentido común y más importante aún, a mi sentido del humor. Sí, desayuno con la incretidumbre cada día pero ya no me da miedo. Subo el volumen y bailo. Vendrá lo que tenga que venir pero si algo he aprendido es que no voy a volver a confíar en ellos. Nunca más. Y la historia nos ha demostrado que cuando las situaciones se radicalizan de tal manera lo que se propicia es que aparezca un punto de inflexión y se genere el principio del cambio. Sí,  confío en eso. Ellos no han sabido hacerlo y siguen sin saber, nuestro único pecado, porque si que tiene delito, fue darles nuestro voto a unos o a otros.  Mientras tanto, seguiré bailando.

Y cocinando.  Hoy este fresco y súper jugoso salpicón de langostinos. Es una receta de lo más sencilla, solo lleva el currito de tener todo muy picadito para que al llevarlo a la boca,  se mezclen todos los sabores a la vez en nuestro paladar. Además algún truquito tiene para que la cebolla quede crujiente pero sin picar en exceso. El colorido del plato es de lo más alegre y esto hace que se coma también por los ojos. Donde lo llevo triunfa,  así que también les estoy dando una idea para esas fiestas, asaderos o excursiones a las que hay que llevar algo y queremos que esté bien y se disfrute. Les grantizo que no defrauda. Y que además no sobrará nadita.

Ya saben a poner musiquita mientras empezamos el salpicón. Yo me veo cocinándolo mientras escucho alguna bachatita de Juan Luis Guerra y el resto del mundo, que se quede ahí afuera.

INGREDIENTES: (este lo hice para unas 15 personas y como guarnición, no como plato único)

2 Kg de langostinos cocidos. El peso es con cáscara incluída

2 Pimientos rojos

2 Pimientos verdes

1 Cebolla morada

1 Cebolla blanca, preferiblemente dulcita, así que cebolla de Gáldar que bien buenas que son.

8 palitos de sucedáneo de cangrejo o surimi

150 mml de Aceite de Oliva virgen

50 mml de vinagre de manzana

50 mml de vinagre de vino blanco

Sal gorda

VAMOS BAILANDO….

Antes de empezar a hacer nada, pelaremos los dos tipos de cebolla las partiremos en cuatro trozos y las pondremos de remojo en agua helada con un chorrito de aceite de oliva. Esto ayudará a que la cebolla pierda el amargor y el picor que a veces hace que renunciemos a comerla cruda. Además de esta manera se mantendrá crujiente hasta que la probemos. Reservamos así en remojo y seguimos con el resto de ingredientes.IMG_5720

Vamos pelando los langostinos y reservamos los cuerpos. Les aconsejo hacer un fumet con las cáscaras, esto es, pondremos las cabezas y las cáscaras de los langostinos cubiertas de agua en un caldero y lo llevaremos a ebullición y lo mantendremos hirviendo unos cinco minutos. Pasado ese tiempo retiraremos del fuego y batiremos todo ayudándonos con una batidora eléctrica. Lo dejaremos todo lo más desmenuzado posible y antes de guardarlo en un recipiente, lo pasaremos por un colador. Lo podemos guardar en nevera 1 día completo pero si no lo vamos a usar antes de ese día, entonces lo congelaremos y así nos podrá durar hasta 3 meses. Si hacemos un arroz con este fumet, el sabor está garantizado. Pero volvamos al salpicón. IMG_5702

IMG_5708Ahora lavaremos bien los pimientos, los abriremos y retiraremos las pepitas y las venas blancas. Los cortaremos en cuadraditos pequeños.IMG_5722

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IMG_5730En un recipiente ancho donde nos sea cómodo mezclar todos los ingredientes después, echaremos todos los trocitos de los pimientos, tanto rojo como verde.IMG_5732

IMG_5733Escurriremos la cebolla y la secaremos bien. La cortaremos en cuadritos también, intentando igualar el tamaño de los pimientos y las incorporaremos al recipiente de los pimientos. IMG_5735Cortaremos ahora los langostinos en dos, para poder llevarnos a la boca todos los sabores juntos y a la vez y los incorporaremos también al recipiente con el resto.IMG_5739

IMG_5740Picaremos ahora los palitos de surimi y los echamos con el resto.IMG_5743IMG_5742Y ahora llega el momento del aliño, el auténtico secreto de por qué gusta tanto este salpicón, así que les aconsejo seguir los pasos tal cual:

En un vaso de batidora pondremos los 150 mml de aceite de oliva virgen, 50 mml de vinagre de manzana y los 50 mml de vinagre de vino blanco. Un puñado de sal gorda, pero sin pasarse porque los langostinos al cocerlos ya contienen sal. Batiremos con batidora eléctrica y bañaremos todos los ingredientes que teníamos en el recipiente, mezclaremos bien y a la nevera a que se enfríe bien y se fundan los sabores con la vinagreta.

Y no dejen de bailar, se los recomiendo de veras….IMG_5752

ALCACHOFAS SALTEADAS CON LANGOSTINOS

IMG_4482Esta es una receta muy sencilla de hacer pero a la que le guardo un cariño muy especial. Primero porque es la verdura preferida de mi madre y segundo porque me trae el recuerdo de una preciosa historia de amor…. Desde niña frecuentaba de vez en cuando a una pareja amigos de mis padres. Nos uníamos para hacer excursiones y tenían una casita de campo de esas que parecen sacadas de una ilustración de cuentos infantiles. Él, la llamaba a ella cariñosamente “alcachofa”, era bajita y regordeta, pero exquisita (eso decía él). Ella a él, lo llamaba “chirimoya”, porque era el hombre más poco común que existía sobre la faz de la tierra. Verlos juntos era como estar viendo una película de amor. Jamás escuché que tuvieran desavenencia alguna. Tuvieron un cuartel de hijos, a cual más feliz como si la genética tan dulce que había unido a sus padres, perdurara también en ellos. Vencieron no pocas vicisitudes y él las contaba con una elocuencia poco común, como bien decía de él su “alcachofa”. Le encantaba contar como silbaba a su chica cuando aún se estaban conociendo y como ella, en presencia siempre de su pandilla de amigas y primas chivatas, se hacía la interesante. Desde que la vio por primera vez él no permitió que ningún chafalmejas del barrio la sacara a bailar. Supo aguardar por ella, como el que espera por un tesoro. Y lo ganó, vaya si se lo ganó. Ganó casi 60 años de dicha y de vivir amando, día tras día,  como a nadie,  a la chica de sus sueños. Y de sentirse amado en igual medida. Lo peor de sus vidas yo no lo viví y jamás les escuché hablar de ello. Habían perdido a uno de sus hijos en su más tierna infancia. Pero me consta que entre ellos, no hubo día en que no lo nombraran y se preguntaran si algún día, volverían a reunirse con él. Chirimoya decía con frecuencia,  que hay cosas en la vida que se superan y otras que se llevan. Esas, las que se llevan, se llevan también un pedazo de nosotros, que no se recupera jamás. Aún con esas, siempre les vi sonrientes. Agradecidos por la vida y sobre todo por la familia que habían formado. Un día la vida tocó a la puerta de Alcachofa y le trajo el martirio más duro que Chirimoya había vivido jamás. Su esposa, su tesoro, perdía poco a poco la memoria de todos los años buenos y maravillosos y la fuerza que les ayudó a los dos a superar lo malo, lo peor. Ella enfermó de alzheimer. Esa fue una de las cosas a las que él se refería como las cosas que en la vida se llevan. Decidió abandonar sus empresas y dedicarse en cuerpo y alma a su alcachofa. Cada día la cuidaba, le hablaba de todo lo que habían sido, de todo lo que habían sentido. Según me cuentan, apenas dormía, pasaba las horas mirándola, quizás en el esfuerzo de encontrar a su chica, a su compañera, a su amiga, a su amante….. Ella lo había sido todo. Él jamás se quejó, cambió su vida por ella y nunca se le oyó decir que fuera peso alguno. Pero el destino caprichoso y muchas veces puñetero, se llevó de paseo para siempre a Chirimoya y ella se quedó esperando ya sin saber a quién esperaba. No sabemos si lo mató la pena, lo cierto es que su cabeza dijo hasta aquí llegamos y nos vamos. Dicen quienes la cuidaban a ella, que no había día en que no lo nombrara y preguntaba una y otra vez la hora. Sus hijos decidieron ponerle el reloj de papá a mamá y a decirle para calmarla, que cuando fueran las doce, él vendría. Una semana después y de la forma más inesperada, ella no se despertó. Siguió durmiendo y una de sus hijas dio la voz de alarma. Fue terrible para sus hijos. Recuerdo ir a verles, no habían pasado siete días y allí estábamos todos los que los quisimos, siete días después, ayudando a llevar una pena tan grande. Recuerdo a uno de sus hijos contarme que dentro de todo algo le había hecho muy feliz, el reloj de papá, que se lo habíamos puesto a mamá, estaba parado cuando se lo quitamos a ella de su muñeca. Lo curioso es que me lo puse y al poco tiempo de ponérmelo en mi muñeca, el reloj volvió a funcionar.

Por eso también me gustan tanto las alcachofas, porque en el fondo soy una romántica empedernida y me recuerdan que de amor, también se muere….

INGREDIENTES:

1 Tarro en conserva de alcachofas. Recomiendo la marca “Navarrico”. Intenté hacerlas una vez con alcachofas naturales y fue un auténtico dessatre. No dejé vivas más que dos hojas en el centro y duras como piedras. Prometo volver a intentarlo y colgar la receta.

3 Dientes de ajo

Unas ramitas de perejil

Aceite de oliva

8 Langostinos crudos

Sal gorda

VAMOS A ELLO, DESPUÉS DE UN DULCE RECUERDO….

Sacamos las alcachofas del tarro y las ponemos a escurrir.IMG_4473No hace falta lavarlas, ya que por lo general, las que vienen en tarro de cristal, vienen conservadas en aceite de oliva.

Pelamos los ajos y los cortamos en láminas. En una sartén con buen diámetro, ponemos el fonde de aceite de oliva (no mucha, menos de 1 dedo de alto) y salteamos los ajos.IMG_4474IMG_4476Lavamos bien el perejil,  cortamos bien las hojas, sin tallo, pequeñitas y las incorporamos a los ajos en la sartén.IMG_4475IMG_4477Cuando estén los ajos doraditos, añadimos los langostinos pelados y salteamos hasta que empiecen a tomar un color rosadoIMG_4478Desde que los langostinos estén rosaditos, incorporamos las alcachofas, que las teníamos en el escurridor, al resto de ingredientes en la sartén.IMG_4480IMG_4481Salteamos unos minutos más a fuego medio, para que las alcachofas no se deshagan mucho. Y ya tenemos un plato exquisito, bien como comida principal o como guarnición un tanto diferente a lo que estamos acostumbrados. Si les gustan las alcachofas, así quedan deliciosas y al igual que la historia de amor que les conté, será una mezcla de sabores que difícilmente olviden.

Espero que les guste. IMG_4482 IMG_4483