MUS DE CHOCOLATE (con nubes…….)

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Hay días en que las estrellas de la buena suerte se alinean sobre tu cabecita y todo sale redondo. Los peques se despiertan en hora y sin negociaciones de ningún tipo desayunan, se visten y se calzan el uniforme. Llegas a tiempo a la parada de la guagua, sin jadeos de carreras calle arriba para tener que alcanzarla. Da tiempo hasta de que te digan adiós con sus manitas desde la ventana. Es lunes, pero tienes previsto el almuerzo y la cena. No llegas tarde a la oficina y hasta te ha dado tiempo a peinarte frente al espejo del baño y no del ascensor. No te has peleado con nadie en el trayecto ni ningún motorista intrépido se te ha colado por la derecha. Sales de trabajar, también en tiempo y forma. Haces algo de deporte, aunque seas sedentaria y patosa, como es mi caso y hasta te sale bien y dando brinquitos de orgullo recoges a los peques de su lunes. Las mochilas cargadas de deberes que hacen sin rechistar, ningún control suspendido, ninguna nota de la tutora en la agenda porque a uno de tus retoños le ha dado por buscar en el diccionario las palabras: caca, culo y tetas. Se duchan, cenan y se lavan los dientes sin tener que decírselo más de una vez. Y empiezas a pensar donde estará la trampa de este lunes…. Todos los lunes la tienen. Pero no, cuadro el círculo cuando abro la nevera y allí está la última copa del mus de chocolate con nubes esperándome para decirme lo enormemente afortunada que soy. Y me grito a mí misma, ¡Qué viva la madre que me parió!!!! al carajo la dieta que solo practico los lunes de 07:00 a.m a 20:00 p.m. Eso sí, esperaré a que todos se acuesten porque no pienso compartir ni el tamaño de una cucharita de moka. Es mío y sólo mío. Hacerlo ya es un placer y al probarlo logras desatar todo tipo de pecados: la gula, la avaricia, el egoísmo… No sé si hoy me han perseguido estrellitas amarillitas y con todos sus picos perfectos o algún diablillo con tridente y rabo. Me voy a comer la copa de mus yo sola y enterita.

INGREDIENTES:

50 grs de agua (sin gas, claro)

120 grs de  nubes (de las de chuches)

180 grs de chocolate para fundir

40 grs de mantequilla sin sal

200 grs de nata para montar

QUE VIVAN LOS LUNES QUE PARECEN VIERNES….

Hacer este mus tiene muchas no, muchísimas contraindicaciones. Primero porque es fácil, fácil, fácil. Lean la receta y lo comprobarán. Segundo porque entre sus ingredientes no está el huevo crudo que siempre da algo de respeto en las recetas. Sobre todo porque no tienes que montar claras a punto de nieve y correr el riesgo de que no se monten y las tengas que tirar a la basura. Tercero porque tienen un ingrediente muy peligroso: las nubes…. Les aconsejo comprar el doble de lo que lleva la receta, les garantizo que picarán sin parar. El olor, la textura, el dulzor… Inevitable.  Y ya por último porque siempre queda bien y con la textura perfecta que todo mus requiere…. Lo harán y lo volverán a hacer unas 100 veces al mes. Se podría dar el caso de precisar terapia para desengancharse. Que nadie me diga después que no se lo advertí….

Ponemos en un cazo la mantequilla junto con el chocolate y dejamos que se derritan ambos, sin dejar de remover y de integrarlos.

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Cuando ya esté el chocolate más o menos derretido, incorporaremos las nubes cortadas en pedazos. No hace falta que sean muy pequeños. Seguimos manteniendo todo a fuego medio y es muy importante remover e ir mezclando todos los ingredientes.

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Cuando tengamos incorporadas las nubes al chocolate, pondremos en otro cazo los 50 grs de agua hasta que hierva. Esto se logrará rápidamente ya que es poca cantidad de agua. Una vez hierva, echamos el agua a la mezcla del chocolate con las nubes (ya se estarán derritiendo estas segundas).

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Ven como se van derritiendo las nubes???

Ven como se van derritiendo las nubes???

Seguiremos dando vueltas, manteniendo a fuego medio y mezclando todos los ingredientes hasta que consigamos una mezcla algo espesa y homogénea.

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Una vez conseguida esta mezcla, retiramos del fuego y dejamos que se temple y se reduzca el calor. Mientras se atempera la mezcla, vamos montando la nata con la ayuda de unas varillas, mejor y más rápido sin son eléctricas.

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No me digan que no están deseando meter el dedo en esta nata.....

No me digan que no están deseando meter el dedo en esta nata…..

 

Una vez tengamos la nata montada y ya la crema de choco-nubes esté tibia, mezclamos la nata con el choco-nubes con movimientos envolventes.

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Mejor no les cuento el olor que desprende el mus en este momento, pero les garantizo que debe de ser pecado. Vamos mezclando dando vueltas hacia arriba y hacia los lados, hasta conseguir que todo se mezcle en perfecta armonía para todos los sentidos de nuestro cuerpo….

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Cuando todo esté perfectamente integrado, sin grumos y con una consistencia algo cremosa pero aún líquida, lo dividimos en copas (si es así como queremos servirlo) y las llevamos derechitas a la nevera a enfriar durante al menos 1 hora. Pasada esa hora se abre un cielo de sabores y texturas para nuestro paladar. De verdad que gustándome escribir como me gusta, soy incapaz de describirles con palabras las sensaciones que me provoca…. Estrellitas sobre la cabeza o demonios pinchando el pompi con tridente, eso según se mire….

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CHUPITOS….

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Allí están ellas puntuales a su cita. Como cada tarde de miércoles. Fieles a la mesa y al orden en el que colocan las sillas. El camarero se acerca cuando ya han llegado todas y con familiaridad pero guardando un respeto cariñoso les dice que si van a tomar sus café con leche y sus  pulguitas. Ninguna de las cuatro es joven pero todas van arregladas, con sus pelos grisáceos perfectamente colocados para que no se note donde faltan. Sus manos y su postura en el asiento descubren que la artrosis ya no les deja estar cómodas, sea cual sea el momento del día. Empiezan a hablar del tiempo, del frío que hace, del recuerdo ya borroso de años anteriores donde también hizo este frío. De la camisola de franela que dejaron de necesitar cuando empezaron la penitencia de la menopausia y que ahora habían tenido que rescatar con la ayuda de algún nieto desde alguna maleta en algún altillo de la casa. El camarero vuelve a acercarse a su mesa y les lleva el periódico. Lo ojean en común y comentan la familiaridad del nombre que sale en la esquela. En tono jocoso una comenta:- Paquita, ahora mismito salimos nosotras ahí retratadas. Paquita no se da por aludida pero apoya la barbilla sobre su mano y suspira. Las demás se concentran en una noticia, que si no fuera por los periódicos nadie se enteraría…. Los problemas de un centro de salud.  Siguen dándole vueltas a las noticias de cultura y reivindican el coste del cine y que no saben ni de horarios ni de películas porque ahora todo sale por internet y si mis nietos no vienen a mi casa, no me entero de lo que echan en el cine. Paquita sigue en alguna galaxia, dando vueltas.

Llegan los café con leche humeantes a la mesa. Dos de las cuatro echan mano a los pastilleros de sus bolsos y una a la otra se preguntan si es la pastilla de la tensión o del reúma.  Y vuelve a suspirar Paquita. Empieza a poner nerviosa a Antonia que sin paciencia la zarandea suavemente por el hombro y le dice: – Paquita, qué tienes??’ Esos suspiros???. Te has echado un novio, Paquita? A estas alturas???. Ella baja la cabeza y le dice a todas que no pasa nada, que está cansada: – Me dio por freír pescado y estuve fregando la cocina hasta que me metí en la ducha para venir para acá.

Las cuatro encajan con gestos sus dentaduras postizas, agarran la pulguita de queso tierno sin sal y a mordisquitos van saboreando y a buchitos se van entreteniendo y consolando. Llega la hora de irse para casa, empieza a hacerse de noche y Paquita ya está más lejos de la galaxia conocida. Las tres amigas se han dado cuenta pero saben que no quiere hablar. Antonia intenta animarla de nuevo y a la tercera Paquita responde: – A mis años ya tenía que tener las cuentas pagadas. Mi marido falleció hace una década, he vencido un cáncer de mama, he trabajado por mis cinco hijos sin descanso y he pasado muy malas noches y muchas tristezas. He tenido la suerte de curarme para conocer a los ocho nietos que tengo, he pagado toda la vida mis impuestos. He luchado por los derechos y la insurgencia de las mujeres, porque soy mujer y porque quise otro mundo para mis hijas. He votado desde que se me permitió hacerlo. Me he manifestado por causas justas,  le he escupido a la cara a las maldades del mundo, he sido valiente. Pero para ver a mi hijo en paro y a mis nietos pasar necesidades no estaba preparada. Me he dado cuenta que soy una cobarde. No les puedo ayudar  más que con mi mísera pensión y no es suficiente. Estoy desarmada.  Quiero estar en una de esas esquelas porque el dolor me mata y me abrasa viva. Muerta no lo sentiría. A la vez que se que sin mí sería peor, así que no puedo morirme. Yo no le debía nada a la vida ya. Estábamos las dos en justo pago. No me esperaba que la peor cuenta me la pasara a estas alturas….. ya estaba todo pagado.

Paquita, heroína, salvadora de vidas que hoy dependen de ella,  no saldrá en ninguna noticia de ningún periódico. Pero sale hoy en este blog y comparto su coraje con ustedes y sus ideas como esta receta donde con un par de ingredientes y una presentación diferente se pueden pasar ratos ricos en la mesa y  solo esperar que la vida no nos traiga cuentas inesperadas y no se nos ponga puñetera.

INGREDIENTES: (salen unos doce chupitos con estas cantidades)

2 Tomates rojos y en punto exacto de maduración para que no se vacíen al partirlos.

1 Cebolla morada

Un buen chorro de limón

3 Aguacates maduros

Sal gorda

18 Langostinos cocidos y pelados

12 vasos bajo de cristal para la presentación

VAMOS A HACERLO…

Primero cortamos los tomates en cuadritos y rellenamos la parte baja de cada vaso.

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Ahora escacharemos los aguacates (que deberán de estar maduros) y haremos como una papilla con ellos, añadiéndoles un buen chorro de limón o si tuviéramos que estamos en época de lima y sal gorda. Picamos ahora muy menuda la cebolla morada y la incorporamos al puré de aguacate. Con este puré rellenemos los vaos con un dedo más de altura, sobre los tomates picados.

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Y por último y teniendo previsto que ya los langostinos deben de estar guisados y pelados, los vamos cortando en pedazos y vamos incorporando langostino y medio en pedacitos en cada vaso.

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Y el resultado es el aperitivo ideal para invitar, para disfrutar, para sorprender, de invierno a verano. O para hacerlos y dejarlos en la nevera y picar entre horas. Metemos cuchara larga, llegamos hasta el fondo del vaso y procuramos pillar de los tres pisos y llevarlos a la boca. Ummmm por si acaso disfruto, que no sé cuando pueden cambiar las cosas…..

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UNA PIZZA PARA DIPEAR

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Hay muchas cosas que compartidas saben el doble. Un buen partido de fútbol por ejemplo. Se imaginan haber visto solos la final de España cuando ganó el mundial?? Intenso igual pero menos divertido, eso seguro. Lo mismo pasa con la pizza. Nunca he sido capaz de comerme una entera yo sola y les garantizo que no soy mala de boca, al contrario, mi problema es que todo me gusta y que me porto de maravilla porque me lo como todo todito. Mi abuela ahora mismo estaría diciendo:- A esta niña sale más rentable comprarle un traje que invitarla a comer….

Tópicos a parte. La pizza es un motivo de reunión en sí misma. Redondita, de masa crujiente, con el queso fundido…. Qué delicia!!! Buenos eso si, manteniendo la precaución de que al morderla no se genere ese hilo de queso cual spaguetti en la peli de La dama y el Vagabundo. Una tiene que apurarse por acortar esa distancia entre su boca y el hilo de queso, elástico e irrompible. Y apurada porque se parta de una vez y se quite ese gesto de glotona agobiada que en vez de usar sus dedos (que con la pizza está permitido) se dedica a meterse más y más en la boca con la esperanza de que se parta y tu chico o el que quiera que esté en frente,  no se de cuenta de tu apuro y tus carrillos.

Una vez partes el cordón umbilical, llega esa mezcla de tomate, de queso, del ingrediente que prefieras y todos a la vez explotan en tu boca y te preguntas por qué demonios no se podrá comer pizza a diario… La pizza tiene ese ingrediente mágico, ese que nos devuelve a la primera adolescencia, cuando uno sabe que algo no debe ser muy recomendable repetirlo a diario pero por qué no????  Pizza para desayunar, para almorzar, para cenar. Cambiando el ingrediente principal, una equilibra el paladar, que si gambas, que si pepperoni, que si rúcula y jamón, que si cuatro estaciones…..Tantos ingredientes como músculo tenga nuestra imaginación.

Pero por desgracia o por fortuna, la adolescencia también expira y caduca y llega la terrible madurez, la que nos propone ensaladas (que no están nada mal, siempre y cuando no estés a dieta) las verduras (que me encantan, cuando no son por obligación) y las grasas en fotos porque en vivo y en directo son pecado mortal y pagas la penitencia en forma de ristras de chorizos en tu tripa, en tu trasero y en extremis incluso en el cuello.

¡Qué viva la pizza!!!!!… Aunque tenga de disfrazarme de Campanilla para sentirme menos culpable.

INGREDIENTES:

250 grs de salsa de tomate Napolitana (puede ser envasada)

150 grs de queso Provolone especial parrila o que se funda fácilmente

1 cuchara tamaño postre de azúcar blanca

Orégano al gusto

Albahaca fresca al gusto

1 masa de Pizza fresca

Sal de Ajo

Pimienta negra recién molida

A PREPARARLA QUE PROMETE….

Ya que cada vez que preparo este plato lo hago con la intención de compartirlo entre amigos, lo hago siempre en cazuelitas aptas para el horno pero que no sean demasiado grandes, preparado dos o tres, según sea de numerosa la pandilla ese día y así tengo para colocar por diferentes sitios de la mesa de picoteo y sea menos engorroso el dipeo.

Pues en esas cazuelitas preparamos todo sobre la marcha. Vayan precalentado el horno a 180º calor arriba y abajo.

Mis cazuelas

Mis cazuelas

Sobre ellas, cubro el fondo con la salsa de tomate a la Napolitana y añado una cuchara tamaño postre de azúcar blanca y lo mezclo bien hasta que se integre. Esto lo hago para que no nos sepa ácida la salsa de tomate ya que es envasada.

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Ahora vamos cortando el queso provolone en lonchas de medio centímetro de grosor y las vamos repartiendo por nuestras cazuelas hasta cubrir toda la salsa de tomate.

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Al gusto de cada uno, espolvorearemos orégano por encima del queso.

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Ahora cogeremos un par de hojas de albahaca fresca y con ayuda de unas tijeras las cortaremos en pedacitos que repartiremos, también al gusto de cada uno, por encima del queso al igual que hicimos con el orégano.

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Reservamos esto y nos dedicamos ahora a la masa para que al comer todo junto, todo esté en su perfecto orden de cocción.

Cogeremos la masa de pizza fresca y la pincharemos ligeramente con un tenedor por toda su superficie. Ya el horno estará caliente y así tal cual (solo pinchada) la hornearemos 5 minutos (recuerden que el horno debe de estar a 180º calor arriba y abajo)

Sacamos del horno y pincelamos toda la masa con aceite de oliva. Al gusto espolvorearemos ajo en polvo y picaremos unas seis hojas de albahaca fresca y también repartiremos por la superficie. Hornearemos ahora a 200º calor arriba y abajo unos 10 minutos. Cuidado que no quede demasiado crujiente ya que al dipear se nos partiría.

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Pasado el tiempo, sacamos del horno y metemos nuestras cazuelas. Horneamos 5 minutos a 180º calor arriba y abajo y tres minutos más solo gratinar. Desde que el queso esté fundido sacamos del horno y servimos inmediatamente ya que si el queso empezara a enfriarse sería mucho más complicado dipear nuestra pizza.

Ya la masa se habrá enfriado algo durante el tiempo de cocción de nuestras cazuelas, así que lo serviremos cortadito en triángulos cómodos para dipear….. Delicioso.

Pueden acompañarlo por encima del ingrediente que más les guste, siempre y cuando tenga presente que se nos debe de montar fácilmente sobre el triángulo de masa al pescarlo de la cazuela.

Y ya tenemos la excusa para quedar con los amigos este fin de semana, que se avecina fresquito y siempre se pasa menos frío cuando se está acompañado.

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GALLETAS M&M´s o como pasar una tarde diferente…..

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El otro día comentaba con una amiga que Master Chef se ha convertido en todo un acontecimiento familiar. Versión senior o junior lo cierto es que en casa nos plantamos delante de la TV, todos a la vez. Sin peleas ni disputas por el mando ni por el volumen, excesivamente alto para  mí, nunca suficientemente alto para mis hijos. Absortos desde el principio hasta el veredicto final.  Me remonto unos cuantos años atrás (más que unos cuantos, la verdad) y me veo en el salón de estar de la casa de mis padres. A mí me tocaba el suelo, era y sigo siendo la mediana. La mayor por lista y rápida cogía sofá, la pequeña por lista y mimosa cerca de papá y mamá, Yo al suelo, menos mal que no me dejó secuela psicológica…. O eso creo. Bueno,  pues desde mi suelo por derecho propio, piernas cruzadas y sin pestañear ni un solo segundo allí estábamos todos viendo a Mayra Gómez Kemp,  a las súper tacañonas, a la Ruperta, a los sufridores, a la misteriosa voz en off de Chicho Ibáñez…..  Me resulta fantástico poder estar viendo todos la tele a la vez y todos a gusto. Me encantaba entonces y me chifla ahora.

Y claro, el entusiasmo no tardó en contagiársenos a todos. Las propuestas de lo más variopintas, desde el pequeño diciendo: -Mami apúntate a ese programa. Hasta la mayor con toda su brillante inteligencia;- No mamá, no te apuntes. Te tendríamos lejos y lloraríamos cuando el jurado te dijera algo malo…. Finalmente el rumbo lo marcó Sofía. La dulce y tierna Sofía, amiga de mi hijo mediano y a la que adoramos todos en casa. A ella le preguntaron un día que qué sería ser de mayor y dijo con orgullo y alegría:- Quiero ser cocinera!!!!. A la salida de aquel encuentro me buscó, se me acercó con cariño, como siempre hace y me pidió que le enseñara a cocinar. Ante una propuesta tan dulce nadie puede negarse, es más, me llenó de orgullo. Buscamos fecha, cada peque de la casa eligió a algún amigo y montamos un curso de galletas. No fueron estas exactamente, aquel día fue imposible sacarle foto alguna a los pasos que fuimos dando. Pero bien buenas que quedaron, porque ni los pajarillos hubieran encontrado migas.

El resultado fue sorprendente. Sofía escuchaba expectante. Paciente iba siguiendo los pasos, me ayudaba a guardar el orden cuando el desmadre era más potente que mi voz. Lola tampoco pasó desapercibida. Perseverante y minuciosa.  Elena que tiene unos ojos asombrosos ni los hacía pestañear. Me asombraba verlas, tan peques y tan serias ante una tarea algo delicada. Ellas fueron más dulces que las galletas que cocinamos. Mis hijos concentrados y adelantando pasos, no era la primera vez que las hacían. Verlos dirigir me dibujaba una sonrisa. Una piensa que los peques nunca están lo suficientemente atentos y lo cierto es que los subestimamos. Trabajan con radares que por lo menos yo, no percibo. Victoria, hacendosa y concentrada. Perfeccionista e impaciente. Todo un show digno de una programa para ella sola. Los demás, Marta,  Sara, Cristina, Leyre, María,  otra Victoria, Sergio, Felipe, se lo pasaron en grande.  Pero como casi siempre suele ocurrir, una sale más beneficiada cuando juega con sus hijos, cuando juegas con otros niños… Los ratos, las risas, las ocurrencias, los descubrimientos. Ellos multiplican siempre cualquier cosa que les des.

Gracias Sofía por aquella estupenda tarde, por aquella maravillosa idea, por querer hacer de la cocina tu futuro, por la ternura y por conseguir que todos los pasáramos en grande.

INGREDIENTES:

100 grs. de Azúcar Moreno

100 grs. de Azúcar Blanca

1 cucharadita (tamaño moka) de Azúcar Vainillado

175 grs de Mantequilla a temperatura ambiente.

1 Huevo entero más una yema

300 grs. de Harina de trigo.

Una pizca, muy pizca de Sal.

1/2 cucharadita tamaño moka de Bicarbonato

Pastillas M&M´s

MANOS A LA OBRA:

Ponemos en una fuente, los dos tipos de azúcar (blanca y morena), más el azúcar vainillado y la mantequilla que recuerden, debe de estar a temperatura ambiente. Mezclamos bien batiéndola con varillas hasta que quede todo integrado y esponjoso.

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Incorporamos ahora el huevo entero y la yema del otro huevo y volvemos a batir, siempre con varillas hasta ver que queda integrado, seguirá esponjosa y brillante la masa que nos vaya resultando.

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Ahora, añadiremos a la mezcla la harina, el bicarbonato y la puntita de sal. Mezclamos bien y con paciencia y cierto músculo hasta que la masa esté integrada y pegajosa. A pesar de ello, es una masa que se trabaja estupendamente con las manos.

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Ya tendremos la masa lista y justo este es el momento idóneo para encender el horno y pre calentarlo a 180º calor arriba y abajo sin ventilador.

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Ahora, sin necesidad de dejarla reposar ni nada por el estilo, así que también por eso estas galletas son estupendas para hacer con peques, empezaremos a hacer bolitas no muy grandes con las manos para después aplastarlas sobre un papel de horno. Como si estuviéramos haciendo hamburguesas. Ahora , les advierto que no las hagan muy grandes, ya que la masa toma tamaño dentro del horno.

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Sobre la bola ya aplastada y colocada sobre el papel, iremos metiendo delicadamente M&M´s al gusto. Depende del tamaño de la galleta pero lo ideal es que lleven al menos cuatro pastillas por galleta.

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Una vez todas moldeadas, las introduciremos con el papel dentro del horno y le daremos calor durante unos 12 minutos. Lo ideal es echarles un vistazo a partir del minuto 10 y ver si ya están tostadas por los bordes. El calor y la función del horno, los mismos a los que habíamos pre calentado el horno. 180º arriba y abajo.

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Y para el recuerdo quedan algunos retales de fotos, ni rastro de las galletas pero en la memoria la dulce tarde que pasamos todos juntos.

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CARPACCIO DE CALABACÍN

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Fun fun fun…. Todavía resacada. Los niños de vacaciones hasta hoy!!!!!!. Bienvenida bendita rutina. En el fondo se que no debo ni tengo de que quejarme pero ya el ritmo de los villancicos, las carreras dentro de El Corte Inglés mientras mi chico los entretenía y los aupaba para que los peques dieran la carta a sus Majestades, los reencuentros, las siempre tristes despedidas, las malas noticias que te hurgaban más el alma por eso de estar en Navidad, así como las buenas que las celebrabas sentándote alrededor de una mesa, una vez más.  Las horas de pie en la cocina, las amigas que deben de verse por Navidad aunque sea un jueves y la inercia y la alegría te llevaran a beberte dos copas de vino y al día siguiente a trabajar, los cursillos de los peques, distintos, en diferentes horarios, rizando el rizo. Y mi chico y yo haciendo gymkanas por la ciudad, pasando horas de atascos en el coche… Pero ya está aquí, ya llegó: la rutina.Vestida cual Diosa griega a serenarnos y como si de un milagro se tratara, nos devuelve de repente el sentido común que dicho sea de paso, es el menos común de los sentidos. Ella y su clarividencia nos van ayudando a guardar el misterio del Belén, a descolgar bola a bola las figuras del árbol, a cerrar las ramas, a enredar las luces nuevamente, a aborrecer los turrones , a buscar los tickets para las devoluciones, a prometernos un año más que las navidades que viene compraremos menos y con más cabeza….. y a meternos en cintura. Literal y figuradamente. Así que aquí dejo este carpaccio, bajo en coste y en calorías. Bienvenida, bendita rutina.

INGREDIENTES:

1 Calabacín mediano o grande, depende de los que se lo vayan a comer. Con uno mediano nos da perfectamente para dos o tres personas.

1 Tomate maduro y rojito.

Queso parmesano

Vinagre de Módena en crema (este ingrediente es importante, ya lo venden en todos lo súper)

SENCILLO Y MUY SUAVE…..

Lavamos muy bien el tomate y los rallamos. Si tienen un rallador grueso mejor, si no pues del que dispongan. IMG_9562

Una vez lo hayamos rallado, colocamos sobre el plato que vayamos a servir el carpaccio, todo el tomate rallado. Reservamos.

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Ahora lavamos muy bien el calabacín y con mucha concentración y un buen cuchillo, lo vamos cortando en lonchas lo más finas que podamos. Una vez lo hayamos loncheado entero,  colocamos las lonchas sobre el tomate rallado. Así en crudo. Reservamos de nuevo.

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Ahora cogeremos el trozo de queso parmesano y con rallador, esta vez más fino, iremos rallando queso parmesano suficiente como para cubrir los calabacines.  Para mí es muy importante que el queso sea recién rallado. Difiere mucho el sabor cuando el queso se compra ya rallado y en paquete. Aunque cuesta un poco más de trabajo merece la pena rallarlo en ese momento.

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Ahora cubrimos con el queso parmesano recién rallado todos los calabacines.

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Y ya por último damos un buen toque con un buen chorro de vinagre de Módena en crema…. y a disfrutar y a meternos en cintura que habrá que caber en el disfraz de carnavales.

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TRUCHAS DE BATATA (tiempo de Navidad)

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Me despierto la mañana de Nochebuena con las caricias de mi hijo el pequeño en la cara. Abro los ojos, le sonrío, me sonríe. Le digo que está de vacaciones y que aproveche y que regrese a la cama que es muy temprano. -Solo quiero saber a qué hora vendrá Papa Noel, mami. Ufff quedan muchas horas y un día de mucho ajetreo, vuelve a la cama para que puedas esperar por él esta noche. No le conforma mi respuesta, así que me sigue hasta la cocina, son las 6:00 de la mañana y el peque está despierto con los ojos muy abiertos. Me acompaña durante el primer café de lo que promete ser un día muy intenso. Mientras a sorbos me tomo el café calentito me someto a la batería de preguntas que sin cesar, salen de su boca: -¿Quién vendrá a cenar?. ¿Si me he portado mal Papa Noel me dejará carbón  o eso son los Reyes?. ¿Puedo despertar ya a mis hermanos?. ¿Tu que le pediste, mami?. ….. Me acompaña durante todo mi periplo matutino antes de irme a trabajar, como la que lleva una colita detrás. Su emoción puede verse en sus ojos. Brillantes y abiertos, parecen estrellas en una noche despejada. Sin ninguna gana me despido y me dice, – Le he pedido a Papa Noel y también a los Reyes que tú y papá no trabajen tanto, así que a lo mejor mañana no tendrás que ir. Yo le explico, apurando mis palabras que es una gran suerte para papi y para mi, tener trabajo. Y me mira incrédulo, me da un beso sonoro, me deja la mejilla pegajosa porque acaba de comerse una trucha en el desayuno y con ese perfume salgo tan contenta a trabajar…. Bajo en el ascensor y me acuerdo de apoyarme en el poyete de la cocina de mi casa mientras mi abuela, el día de la Lotería de Navidad cocinaba las truchas de batata para toda la familia. La tele se oía a toda pastilla, el sonido debía de llegar hasta la casa del vecino. Cuando uno de los niños de San Ildefonso cantaba un premio, ella soltaba lo que quiera que fuese de sus manos y corría. Yo la seguía y la observaba como miraba los décimos que tapaban los porta retratos del cuarto de estar, ese día los décimos eran los protas de la casa. Los comprobaba, los volvía a depositar en aquel lugar importante y volvíamos a la cocina. A seguir haciendo truchas. Y pasaba la mañana junto a ella, escuchando a los niños de San Idelfonso, deseando que mis padres llegaran de trabajar y empezara la ante sala de la cena, de las prisas, de los reencuentros, de las visitas inesperadas a media tarde, de las luces del árbol, de la ropa de estreno para sentarnos guapos a la mesa, del silencio para escuchar el mensaje del Rey en la tele, de mis hermanas nerviosas, del portal de belén con el musgo y el alpiste plantado el día de Santa Lucía, de mis primos, de mis tías, de mi madre arrebatadoramente guapa pero con un delantal para no mancharse hasta llegar el momento de sentarnos en la mesa. De los langostinos, del salmón ahumado, del salpicón, del paté, de la carne, de las papas arrugadas, de los turrones, del refresco sin límites que nos dejaban beber aquella noche, de una campana sonando en alguna habitación, jugando al despiste con todos los niños, mientras Papa Noel colocaba los regalos bajo el árbol encendido con las luces blancas e intensas que tanto le gustan a mi madre…. De sentarme al lado de mi abuela, en pijama y zapatillas ya en Navidad y comernos una trucha. Y mi abuela me decía, hoy se celebra el Nacimiento de Jesús mi niña, todo lo demás lo hacemos porque eso nos pone a todos muy contentos, pero no lo olvides, esa es la Navidad.

INGREDIENTES:

2 kilos de batata amarilla

3 cucharas soperas de anís

100 grs de pasas

La ralladura de media piel de naranja

150 grs de almedras crudas (con o sin piel)

Canela (seremos muuuuuuuuyyyyy generosos)

Azúcar blanca (unos 300 grs)

48 obleas de La Cocinera

Azúcar glass

1 trocito de cáscara de limón.

Aceite de girasol

FELIZ NAVIDAD….

Pelamos la batata y la troceamos ya que la vamos a guisar.

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Cogemos un caldero con buena altura y echamos dentro la batata troceada.  Cubrimos de agua e incorporamos el anís.

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Mientras se va guisando la batata, que serán unos 20 minutos aproximadamente, una vez haya roto el hervor, el punto debe ser como cuando guisamos unas papas, vamos tostando las almendras en una sartén con una gotita de aceite.

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Las tostaremos durante unos cinco minutos a fuego medio. Le iremos dando vuelta con una cuchara de palo. Una vez tostadas las pasaremos por una picadora eléctrica y la dejaremos tamaño tropezón.

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Cuando ya la batata esté guisada, la pondremos a escurrir. Hay que dejar que quede bien seca.

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Una vez seca la vamos escachando, como si quisiéramos hacer papilla con ella.

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A la batata ya hecha papilla, le iremos incorporando, las almendras tostadas y picadas, las pasas, la ralladura de media piel de naranja (sin parte blanca) y mucha canela en polvo.

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Determinar la cantidad de canela es casi imposible, lleva bastante aunque en casa nos gusta mucho, así que lo ideal es ir probando e ir dejándola al gusto de quien las prepare. Mezclamos bien todos los ingredientes junto con la batata, hasta ver y probar que todos los ingredientes hayan quedado perfectamente integrados.

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Y llega el momento de incorporarle el azúcar blanca. Yo a estas que preparé, el día de la Lotería para no perder la costumbre, le eché unos 300 grs pero lo mejor es hacer como con la canela, ir echando poco a poco e ir probando. Mezclamos de nuevo e  integramos todos los componentes.

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Llegados a este punto y antes de empaquetar las truchas, dejamos enfriar la masa a temperatura ambiente para así evitar que el calor pueda romper las obleas con las que daremos forma a este exquisito dulce típico canario y navideño.

Una vez fría, dispondremos sobre una superficie plana las obleas una a una.

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Colocaremos en el centro una cuchara sopera de masa, no mucho más ya que corremos el riesgo de que se rompan al empaquetarlas o al freírlas si echáramos más relleno de la cuenta.

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Con cuidado y paciencia, las doblaremos por la mitad, dándole forma de empanadilla y con ayuda de un tenedor, la daremos el cierre y la forma, apretando con suavidad todo el borde.

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Iremos rellenando las truchas una a una. Una vez las tengamos todas formadas, pondremos en una sartén con buen diámetro y buen fondo, abundante aceite de girasol a calentar y hago un inciso, soy partidaria al 100% del aceite de oliva pero en algunos casos y éste es uno de ellos, es infinitamente mejor el aceite de girasol ya que no nos dará ese toque ácido que no casa para nada con el dulce y cremoso sabor de las truchas de batata. Nada más poner el aceite al fuego, echaremos dentro un trozo de cáscara de limón (truco de la abuela).

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Una vez esté bien caliente el aceite, iremos friendo una a una nuestras truchas. Hay que ir controlando la temperatura del aceite, mantenerla a calor constante pero sin dejar que el aceite se queme en ningún momento ya que puede arruinarnos todo el proceso.

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Las freiremos hasta que consigan ese atractivo color dorado y vayamos comprobando que el hojaldre va haciendo como burbujitas que no estallan. Una vez conseguido, las iremos colocando sobre papel absorbente para retirar el exceso de aceite.

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Las dejaremos enfriar y una vez ya estén a temperatura ambiente repartiremos sobre las mismas azúcar glass. Si lo hacemos con un tamizador se quedarán más bonitas.

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Y ya solo queda disfrutar de este apetitoso y sabroso dulce a cualquier hora de cualquier día…..

BOCATA (especial acontecimientos navideños)

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Este año llevo fatal lo de las actuaciones infantiles navideñas. Claro que con tres hijos en edades diferentes tendría que haberme preparado psicológicamente. Además, a nadie oculto mi fascinación por la navidad. Cursi como yo sola. Desde las luces que alumbran la cuidad y que su admiración es además excursión obligada con los peques cuando les dan las vaciones. Una noche cualquiera me los llevo a una pizzería y después paseíto en coche por toda la ciudad. Llevamos años haciéndolo y ya hasta emitimos votaciones, que si este Centro Comercial lo hizo mejor, que si el otro el año anterior tenía más luces, que si el Alcalde este año se acordó más de los barrios y no se quedó solo en las zonas comerciales, que si se nota la crisis en alguna que otra superficie. Nos adjudicamos por el artículo 33 (que diría mi amiga Luzma) el  ser los inspectores de la decoración navideña de la ciudad de Las Palmas. Y lo pasamos bomba, la verdad. Esto se hace extensivo a los belenes y me coloco a la altura de mis hijos y la parte más divertida es la de encontrar al caganem (en caso de que lo pongan….).  Preparamos la cena del 24 (más adelante se los contaré) por sufragio universal, que no mamá, que le digas a la abuela que este año no traiga consomé, que sí mamá que haznos papas arrugadas aunque no sean vistosas, que mamá por favor, pon más turrón de chocolate en la bandeja que de Jijona, que le digas a papá que corte más jamón que abuelo se lo come todo, que no hagas cochinillo que nos da pena…. Y así con todo y con el mismo entusiasmo, pero lo de las actuaciones navideñas de los peques este año me ha dejado KO.

Tres días distintos subiendo al cole, uno por cada uno de mis hijos. La verdad que para empezar en términos de rentabilidad me habría salido mejor acampar en la puerta. Que si no te da tiempo a almorzar, ninguno de los tres días, porque entonces no coges butaca y ves a tus hijos desde allá arriba, dentro de mi altura de escasos 1,60 y con padres y madres la mar de altos y criados. Así lo que una más alcanza a ver es a la que está a punto con su tinte para Navidad o a la que le queda pasar por la pelu. O al pobrecito que se le ven más clareas que pelo y es que parece que la factura del tiempo uno la paga poniéndole mucha cabeza…. Una vez me he hecho fuerte en mi butaca, coloco como puedo, las talegas de lo que será posteriormente la merienda de cada uno, las chaquetas, por que al salir de aquel sofoco te pilla un aire fresco que días después pudiera ser una neumonía, me coloco las gafas, limpio los cristales para no perderme nada porque el estrés que sufro hasta llego,  me ha hecho sudar la gota gorda. Cuando estoy allí pertrechada y ansiosa porque comience la función, pasa una abuelita y me da pena verla dando vueltas sin encontrar asiento y nadie le hace caso y de repente todos a su alrededor miran para el techo en busca de ¿goteras???. Allí voy yo que me levanto, levanto conmigo mi campamento, le cedo el sitio y para la última fila, con poste de contención delante y sin más vista del escenario que las dos esquinas. Aún así, vuelvo a depositar las 40 cosas que cargo y que me garantizan un lumbago tremendo para el fin de semana.

Y empieza la función, de cualquiera de ellos, de cualquiera de los tres que les haya tocado ese día. Y se escenifica un portal viviente, adaptado con niñas que hacen de muñecas, con niños que hacen de pastores, de indios, de lo que sea, porque según ellos mismos nos explican, todos los seres humanos tenemos cabida al lado de Jesús Niño Dios. Y me parece correcto y precioso el mensaje. Y un villancico y otro en inglés y mi hijo que no aparece. Y ahora toca el turno a unas hadas preciosas, con unos destacados dotes interpretativos importantes, con diálogos largos que yo no sería capaz de recordar. Admirable la verdad y emotivo. Y vuelven más villancicos y de mi hijo, ni rastro. Hubo de todo en aquel portal.

Las manos se me dormían de esperar, cámara en ristre, por la aparición “estelar” (para mí) de mi querido retoño. Y allí que llegó él, a la última actuación, el último villancico de la tarde, a cantar una frase…. A mi me bastó con eso para echar las lágrimas fragilonas y fáciles que siempre están dispuestas a salir de mis ojos…. Pero menuda tarde. Memorable.

Y así también con el segundo, que fue rockero en el portal con una versión de lo más marchosa del tradicional villancico Pero mira como beben rodillas al suelo, camiseta negra, cresta y a darlo todo en el escenario. Con mi amor de madre me parecía estar viendo al mismísimo Bruce sobre aquellas tablas. Y aún así, en aquel ambiente tan rockero me bebía las lágrimas, no tengo remedio.

Dos días más tarde, el turno de la mayor y nueva excursión  que este año le dio por apuntarse a la friolera de cuatro bailes. Hasta de faralaes sin saber todavía bailar una Isa canaria…. y claro, cada baile tenía su vestuario y su atrezzo. Y a la calle cada tarde porque cada día de la pasada semana me llegaba con recados del tipo: medias negras, falda de volantes hasta el suelo, malla roja, malla negra, falta de tul amarilla o dorada, cartulinas doradas, guirnalda dorada, zapatos de tacón, flor para el pelo, short negro más corto que el que ya tengo….. Al llegar el día D en la hora H, se obró el milagro, porque claro, toda petición venía acompañada de la constante amenaza…. -Si no lo llevo mañana, me echan del baile. Y creanme, no podría haber mayor afrenta para una niña de 11 años.  Y allí que estuvimos todos, la abuela, la prima y hasta los hermanos colaborando como enlace sindical para que la niña no sufriera el ERE navideño. Eso y las mamis como Merche y como Luzma que obran auténticos milagros y en plena tarde de tormenta salieron a la calle a por la ropa de sus hijas y me compraron también la de la mía…. No tengo palabras suficientes con las que agradecérselo.

Y lloré, ni no me alcanzó con los cuatro paquetes de Kleenex que llevaba en el bolso. Y al llegar a casa con el lumbago, el rímel en la barbilla, el cansancio, el frío, sin un euro en el monedero de las rifas varias y los chocolates calientes en la cantina y con tres vocecitas cantando al unísono:- Mamaaaaaa que hay de cenar?????? y yo sin piedad contesté: UN BOCADILLO…. Eso sí con toquito gourmet que ya huele a Navidad.

INGREDIENTES:

Pan, a ser posible de leña que está tierno y con miga súper esponjosa.

Salmón ahumado

Queso tierno (el mejor, el de Lomo Gallego en San Mateo) si no lo tuvieran, cualquier queso fresco.

Pepinillos en vinagre

Eneldo

Mayonesa

A MONTAR EL BOCATA Y A DESCANSAR DEL AJETREO….

Abrimos el pan por el medio y untamos ambas tapas con mayonesa. Que quede jugosito y cremoso que las  mamis y los papis nos lo merecemos.

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Cortamos el queso en lascas no muy gruesas, para que al llevar el bocata a la boca, nos quepa de un mordisco.

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Espolvoreamos el eneldo por encima del queso al gusto del que se vaya a comer el bocata, la mezcla archiconocida con el salmón es triunfal y de matrimonio estupendamente avenido, si le añadimos el queso fresco es un trío sorprendente….

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Cortamos ahora los pepinillos a lo largo y los colocamos sobre el queso con el eneldo.

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Separamos las lonchas de salmón y las repartimos generosamente sobre los pepinillos y digo generosamente porque es el ingrediente estrella del bocata y hay que notarlo!!!

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Cerramos el bocata con la otra parte del pan y a disfrutar y a descansar con una buena peli en la TV y los niños a la cama….

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CALAMARES EN SALSA (receta de abuela Yeya)

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Receta de las de siempre, de las que pruebas y te recuerdas llegando a casa y aquel olor traspasando las paredes y desde el ascensor ya sabías lo que estaba cocinando abuela. Receta que prometí hace más de un año darle a Bibiana cuando la probamos en una tasquita de Ferrol y le conté que los de mi abuela eran insuperables, muy parecidos a aquellos que nos estábamos comiendo, pero le faltaba la mano de mi Yeya. Aquí tienes la receta Bibi, queda saldada una deuda y te regalo lo que para mí, es un tesoro. Receta para compartir con amigos, en su casa, donde su generosidad nos abre las puertas cada primero de diciembre y juntos adornamos su árbol. Cada uno lleva algo y entre todos compartimos. Desde los entrantes con el insuperable guacamole de Juan, hasta los postres que siempre son demasiados y a los que llegamos más inflados que el mítico muñeco Michelín. Pasando entre medio por un plato de calamares en salsa con un buen arroz blanco. Todo es exquisito, la sonrisa de Patri al abrirnos las puertas de su casa, las alegrías del pequeño Félix cuando ve su casa llenarse de gente y de más niños como él y que vienen a jugar con él, a compartir un momento mágico, sus amigos vienen a ayudarle a hacer el árbol de Navidad en su casa. Deliciosa la amabilidad y el empuje con la que Félix papá nos va llenando y rellando las copas, primero de cerveza, después de buen vino, después de lo que tercie y corriendo riesgo extremo la estrellita del árbol. En ese punto todos lo vemos torcido, pero creo que los que no vamos derecho somos nosotros. El festín de sabores estalla en la sobre mesa, con las ocurrencias de Juan y Jose, a cual más divertido o más disparatado pero todo sienta bien. Y seguimos haciendo el árbol y los niños corren por la casa ante la paciencia ilimitada de Patri y sus amigos seguimos haciendo el árbol o lo seguimos torciendo. Y llegan los postres siempre apetitosos, con la compañía de Isa y de Bente a los que no veo y disfruto tanto como quisiera pero en cada reencuentro comprobamos que el mundo se detuvo, allí justamente el el último sitio que nos vimos y aunque la vida nos haya dado palos o alegrías, seguimos como aquel entonces, felices de encontrarnos y capaces de volver a detener el tiempo en el justo momento donde sabemos sacarle partido. Y siguen corriendo los niños por la casa. Y vamos terminando el árbol y se va haciendo de noche y llegamos a despedirnos con la promesa de vernos más a menudo y aunque después no sea así, tenemos la certeza en los bolsillos de que dentro de un año, Patri nos dejará decorarle su árbol y nosotros sabremos recuperar el tiempo que no nos tuvimos a carcajadas. Y es que lo más exquisito de esta vida no lo preparan ni siquiera,  las mejores abuelas….

INGREDIENTES (Para unas ocho personas)

2 Kg de calamares ya limpios.

1 Cebolla y media

2 Pimientos Verdes no muy grandes

4 dientes de Ajo

1 cuchara tamaño postre de Pimentón (mejor de la Vera)

2 ó 3 hojitas de Laurel

2 cucharas soperas de Azúcar blanca

Agua

Leche

Aceite de Oliva

2 cucharas soperas de salsa de tomate, si es casera estupendo, si no pues dos de tomate frito, procurando que sea en Aceite de Oliva.

Un chorrito de vino blanco

UN SABOR  DE LOS QUE PERDURAN EN NUESTRA MEMORIA GUSTATIVA…ya lo verán

Antes que nada, pondremos los calamares en remojo con leche. Que la leche los cubra. Este es un paso obligado si queremos que los calamares queden bien tiernos… (truco de mi Yeya).

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Mientras se van reblandeciendo, seguiremos con nuestros pasitos para llegar al cielo y tocarlo con la punta de los dedos mientras nos comemos estos calamares.

Ayudándonos de una picadora eléctrica, picaremos por este orden:

Lo ajos

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La cebolla.

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Una vez picados ambos, en un caldero chato y con buen diámetro que cubriremos el fondo de aceite de oliva y que la calentaremos, para posteriormente añadirle los ajos y la cebolla picadita. Sofreímos a fuego medio hasta que se vayan quedando bobitas sin que tomen color.

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Mientras se va haciendo, picamos, también en picadora, los pimientos verdes…

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Cuando consigamos que la cebolla y el ajo estén en el punto deseado, añadimos el pimiento y seguimos sofriendo a fuego medio para que nada se queme ni se pegue.

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Una vez hayamos añadido el pimiento picadito a la fritura, aprovecharemos para ir escurriendo los calamares de la leche en la que los teníamos en remojo.

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Una vez tengamos la fritura lista, con todos los ingredientes reblandecidos y con ese olor tan característico que desprende y que invade la cocina, incorporamos al caldero las dos cucharas soperas de salsa de tomate o tomate frito, según tengamos en casa.

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Removemos bien y seguimos manteniendo a fuego medio. Ahora es el momento de incorporar al caldero las dos cucharas soperas de azúcar blanca.

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Volvemos a remover y seguimos manteniendo a fuego medio y es justo ahora cuando incorporamos al caldero los calamares que teníamos escurriendo de la leche.

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Removemos y mezclamos bien, con paciencia y con cariño. Una vez lo tengamos bien mezcladito, cubriremos con agua los calamares, justo que quede al borde de donde llegue la altura de los calamares, añadimos también la cuchara tamaño postre de pimentón.

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Y damos vuelta y mezcalmos, con lentitud , con ternura. Es una receta mimosa… Añadimos seguidamente las hojitas de laurel.

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Le añadimos también un chorrito de vino blanco, mezclamos y a fuego medio con el caldero semi tapado los dejamos que se vayan haciendo durante una horita apróximadamente. Recuerden darle vuelta de vez en cuando, vigilarlos que diría mi abuela, montando garita en la cocina, armados con cuchara de palo en mano y con la paciencia que se tiene cuando uno sabe que lo que le espera, va a a estar delicioso, como la compañía de unos buenos y grandes amigos.

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Y se sigue llenando de olor la cocina tanto o más embriagador que cualquier perfume.

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 Y cada vez que destapo el caldero para darle unas vueltas doy gracias a la vida por la suerte de tener a mi abuela.

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Y apagamos el fuego y rectificamos de sal al gusto y dejamos que se enfríen un poco para poder pasarlos al tupper y llevarlos a casa de Patri y Félix, eso sí, los calamares fueron los que menos disfrutaron de la velada….

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Esto quedó de ellos, cinco minutos después de llevarlos a la mesa.

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Y así los platos de cada uno. Les cuento y les advierto y no es una exageración, que Félix se tuvo que levantar a mitad de la comida e ir a por más pan. Esa salsa tampoco podía sobrar….

ROLLO DE CARNE

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Hace un mes me subí a una montaña rusa. Llena de curvas, de repentinas bajadas, de sospechosas subidas y de oscuras trampas. Fue un trayecto largo, demasiado largo y estresante. En ningún caso pude pensar con claridad cual era la finalidad de aquellos vaivenes y baches. En ningún caso fue divertido. Solo acierto a decir que estuve asustada y aún hoy tiemblo cuando lo recuerdo. Tengo una amiga que me dice, no me subo a las montañas rusas no porque les tenga miedo, es que no me gustan. A mí tampoco pero en mi caso no me quedó más remedio que ser valiente a pesar de estar sintiendo un miedo que me devoraba. Que me hacía palpitar tan fuerte que el corazón no me explotó porque debe ser cierto que los milagros existen. Solo se que ya bajé del vagón y que la experiencia, ya con los pies en el suelo, me sirvió para darme cuenta de que hace once años di a luz a la niña más fuerte, paciente y valiente que conoceré nunca. Que alguien, sin conocerte de nada, puede ser la persona que más te ayude a llevar un trance. Que comienzo a entender por qué  las batas de los médicos son blancas, a los que trataron a mi hija y se preocuparon y se ocuparon de ella, solo les faltaban las alas porque fueron ángeles, con ella y conmigo. Sandra llena de generosidad y profesionalidad sin perder un segundo la sonrisa y la calma. Agustín con más paciencia que cualquier santo. Alexia y Olga, porque no dudaron en ayudar y en calmar, pendientes en todo momento. Sonia, porque jamás esperé encontrarme la mayor muestra de ternura en la puerta de un quirófano. Ya pasó todo y aún sigo mareada. Y a pesar de saber que todo está bien aún me recorre el cuerpo un escalofrío, me estremezco al recordar a mis hermanas acompañándome, a mi tía Ana, a Mapino, a mi abuela,  a mi madre que sé que estaban subidas en el vagón de detrás. A mi chico, que al cruzarnos las miradas me agarraba fuerte de la mano y me decía: -No va a pasar nada. Y me hacía sentir a salvo. A mis amigas que de repente un día aparecieron y me ayudaron a hacer este rollo de carne y su compañía me devolvió el apetito…..

Al final, la vida te llevará a donde tenga que llevarte pero lo más importante siempre será quien te esté acompañando.

INGREDIENTES:

1Kg de ternera molida

1 Huevo

1 diente de Ajo (le retiramos el centro)

2 rebanadas de Pan de Molde

Un poco de Leche

150 grs de Bacon

50 grs de queso Parmesano

1 Cebolla

2 vasos tamaño de los de beber agua, de caldo

2 vasos de agua

Aceite de Oliva

Salsa Perrins

Pan rallado

Say y pimienta negra molida

SABROSO Y TIERNO, como los auténticos amigos

Colocamos la carne molida en un recipiente ancho y cómodo para mezclar y trabajar bien la carne.

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A la vez, pondremos en otro recipiente las rebanadas de pan de molde y las mojaremos en leche.

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En una picadora o mezcladora eléctrica, echaremos el bacon, el trocito de queso parmesano y el diente de ajo, al que previamente le habremos retirado el centro. Mezclamos o picamos bien y reservamos. El resultado será una especia de pasta rosácea.

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Ahora echamos el huevo sobre la carne molida y salpimentamos.

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Vertemos ahora también sobre la carne, las rebanadas de pan ya casi deshechas y escurriéndolas como podamos con las manos del exceso de leche. Añadimos también la pasta que hemos mezclado con el bacon, el queso y el diente de ajo.

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Nos colocamos unos guantes desechables y con la manitas, vamos mezclando e integrando todo los ingredientes hasta que todo vaya quedando bien compacto. Cogeremos ahora una papel vegetal de cocina y lo humedeceremos con algunas gotas de agua sobre el mismo de manera dispersa.

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Aún con la manos y los guantes puestos, cogeremos la mezcla y le daremos forma de rollo la cual colocaremos sobre el papel vegetal humedecido.

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Empaquetaremos el rollo en el papel, como si fuera un paquete de un caramelo. Apretando bien. Una vez hecho esto, lo meteremos en la nevera y lo dejaremos reposar así, durante una hora.

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Pasado ese tiempo, sacaremos nuestro rollo de la nevera, con cuidado le retiraremos el papel en el que lo habíamos envuelto y en un plato echaremos pan rallado.

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Con cuidado y con cariño, pasaremos el rollo de carne sobre el pan rallado y mientras tanto en un caldero con fondo y con buen diámetro, pondremos como un dedo de altura de aceite de oliva y la pondremos a calentar in que se queme y sin que tome demasiada temperatura.

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Cuando ya tengamos al aceite calentito, pasaremos el rollo por y lo sellaremos, dándole vueltas para que el sellado sea perfecto. No se trata de freírlo ni de que e haga en ese momento, tan solo lo sellaremos para que durante la cocción posterior, no pierda sus jugos.

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Cuando ya lo tengamos sellado, bajaremos el fuego y lo mantendremos a temperatura media. Es entonces cuando comenzaremos a echar en el caldero una cebolla entera, cortada en juliana.

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Justo después, un buen chorrito de salsa Perrins y por último los dos vasos, tamaño agua, de caldo. Si no tuviéramos caldo echaremos la misma cantidad  pero de agua y le añadiríamos una pastilla de caldo vegetal.

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Ahora taparemos el caldero y calcularemos 15 minutos a fuego 6 (temperatura media). Pasados los 15 minutos, daremos la vuelta al rollo y volveremos a calcular otros 15 minutos. IMG_0566

Y cuando se terminen estos tiempos por cada lado, ya tendremos listo nuestro rollo. De sabor intenso, pero suave, muy suave al paladar. Yo lo acompañe con las amigas más lindas y con un pisto de verduras sobre puré de papas que será receta futura para este blog. Cortamos el rollo en rodajas para presentar en la mesa y la salsa la podemos dejar entera o pasar por la Minipimer, de cualquier manera está exquisita.

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PASTA BOLOÑESA CURIOSA (invertida)

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Qué pasaría si de pronto algo viniera y te volviera tu vida del revés. Si cada mañana al despertar un martillo te diera contra la cabeza y no te dejara poner los pies en el suelo. Si cuando vieras las caras de tus hijos en el desayuno quisieras abrazarles fuerte, fuerte y prometerles que nada malo va a suceder, aún sabiendo que antes que ser hijos tuyos, lo son de su propio destino. Que pasaría si te diera por imaginar que en alguna parte del mundo hay un mesa y alrededor sentados unos señores siniestros que conspiran en tu contra. Que pasaría si en tu despiste chocas con el coche de delante y es un taxista malhumorado por las pocas bajadas de bandera, por la crisis, por las doscientas obras que se están acometiendo en la ciudad de manera simultánea. Qué pasaría si al salir de tu trabajo precario y escasamente remunerado te dirigieras al super y la cajera no se compareciera de ti y del ritmo frenético de la cinta, imposible llevar las cosas a las bolsas y vaciar el carrito desde el otro extremo. Y allí vuelven a estar los conspiradores siniestros, formando una fila de 20 personas detrás de ti, esperando por ti y porque le des ritmo de samba a tu compra y hagas todo a una, mientras la cajera te pide un dineral por las cuatro cosas que compras…..

Qué pasaría si de repente un día te llenaras de valor y le dijeras a tu marido que sabes que anda tonteando con otra y que se acabó.

Pasados los días pasaría y pasó que no estaba el martillo dándole golpes, solo salían unas lagrimillas que rápidamente había que secarse para que los niños no adivinaran su tristeza. Les daría los mismos abrazos, igualito de fuertes y con la certeza de saber que acabarían aceptando la ausencia diaria de papá, el mismo que no pensó en traicionar no sólo a ella, si no a toda la familia por pasar no sé sabe cuántos ratos, si mucho o pocos, eso ya daba igual,  al calor de otros abrazos. Pasaría y pasó que el trabajo se convirtió en una vía de escape y ya importaba un congo el número de días de asuntos propios. Pasaría y pasó que en el super el ritmo sigue siendo el mismo, pero ya no conspiran, ahora mira directamente a los ojos a la cajera y le dice:- Espere a que empaquete mi compra por la que ahora le pagaré un dinero que sustentará un porcentaje de su nómina. Y después, pasados los días nos llamaría a todas sus amigas y nos diría algo así…..

Un día leí un whatssapp  de fulanita de tal  a mi marido que ponía(……)

Hoy soy la mujer más triste del planeta, pero la más firme, la más segura y la más fuerte. No sé si le perdonaré algún día, solo sé que pensé que es lo que pasaría y dejé de sufrir por lo que no sabía y me imaginaba. Hoy sufro por recordar lo que fuimos, tuvimos e hicimos juntos, pero he recuperado mi vida y me recuperé yo de mi misma.

Por y para ella, por y para su dolor que cada día que pasa, me dice que se va haciendo más pequeño, preparo esta pasta boloñesa (invertida) porque a veces, cambiando el orden de las cosas, volvemos a encontrarnos en el camino.

 

INGREDIENTES (tienen trampa)

Este verano tuve la enorme suerte de disfrutar de un crucero y hacer algunas escalas en Italia. Concretamente en Venecia, compré esta pasta  “Pipettoni”   y es estupenda para rellenarla. No solo está buenísima si no que además llena de asombro y color la mesa en la que la sirves. Aquí en Gran Canaria la pueden encontrar en tiendas gourmet.

200 grs de pasta Pippetoni

200 grs de ternera molida

1 Cebolla

1 bote de 150 mml de salsa de tomate (mejor si es casera) si no hay que intentar que esté hecha con aceite de oliva

Aceite de oliva

Orégano

Sal

Pimienta negra molida

100 grs de queso parmesano

VAMOS A DARLE LA VUELTA

Cocemos la pasta según las indicaciones del paquete para dejarla al dente.

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Mientras se cuece la pasta, vamos cortando muy menuda la cebolla y la sofreímos en aceite de oliva hasta dejarla transparente y sin que se queme ni tome mucho color. IMG_0455

 

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Una vez tengamos el punto de la cebolla, incorporamos toda la carne molida a la sartén junto con la cebolla.

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Tan pronto como hayamos incorporado la carne, damos una par de vueltas (a fuego medio) incorporaremos la mitad de la salsa de tomate a la sartén y mezclaremos bien. Manteniendo el fuego a media temperatura, daremos vueltitas a todo de vez en cuando hasta que la carne se vaya haciendo suavemente. Salpimientamos e incorporamos orégano al gusto. (Le da un toque muy rico y sabroso).

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Ya estará cocida la pasta y la pondremos a escurrir. Dejaremos que se enfríe un poco para poder manipularla. Una vez podamos tocarla sin quemarnos y ya tengamos lista la salsa boloñesa, iremos cogiendo nuestros pipettones uno a uno con cuidado y con la ayuda de una cuchara de postre iremos rellenándolos y colocándolos en la fuente donde posteriormente los vayamos a servir.

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Inevitablemente alguno o algunos se pondrán romper pero aún así dejan un hueco estupendo para rellenarlos. Una vez los tengamos todos rellenos, los bañaremos con la salsa de tomate sobrante por encima. IMG_0472

 

Rallamos el queso parmesano y cubrimos la superficie de la fuente. IMG_0473

 

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Y ya por último le daremos un golpe de calor de 2 minutos (no más para que la pasta no se nos reseque) al gratén, bien en el horno ya caliente o bien en el microondas. Y listos para disfrutar, desde otra perspectiva una pasta boloñesa.

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