FRITATA CON TOMATE (y albahaca)

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Mucho tiempo para mi gusto sin pasar por el blog. El otro día una seguidora me decía:- Pero qué te pasa??? Ya no nos das ideas para cocinar cositas???. Muchas ganas de actualizar algo pero muy poco tiempo para cocinarlo y volcarlo. Pasan y pesan los días en el calendario. Son como horas y tiempo como losas. Entre tanto mi día a día subida en un vagón que  no se detiene y aunque intento llevarlo con optimismo a veces, cuando puedo parar y pensar, hecho que suele ocurrirme en la ducha o cerquita de la misma me pregunto…. ¿pero a dónde voy?? Pretendo estar en todo así que muchas veces solo llego a medias, si lo hubiese conseguido alguna vez, habría roto la barrera del sonido. Pero no me quejo, hablo con mis amigas, con mis hermanas, con mis compañeras y todas vamos igual, algunas hasta peor. Nos falta el casco a lo Fernando Alonso y así se nos notaría menos el despeluse que llevamos a diario por la falta de tiempo para ponerlo decente. Entre tanto, mi hija la mayor cumplió 12 años y yo me muero del vértigo. Diría que aún me duelen las cervicales de cuando la tenía en brazos y ahora vuela sin mi a su lado, de viaje de fin de curso… Puedo estar viendo la mancha de galleta en la solapa de mi chaqueta por las mañanas, o el olor a Nenuco que cada mañana me llevaba puesto a la oficina. De mis noches en vela por sus catarros, por sus miedos. De mis carcajadas con sus primeras palabras, sus primeras canciones, de sus pasitos, de sus carreras. La puedo ver deslizarse sola por primera vez por el tobogán del parque y recuerdo el día de su primera trifulca que resolvió arrancándole una buena mata de pelo a su contrincante. De las lágrimas, de las alegrías, del primer cine y el primer circo, el primer viaje en avión cuando al subir le preguntó a la azafata que dónde iba el chófer. Seguirá pasando el tiempo, sin duda eso es lo que deseamos todos pero hoy, al ver arrancar la guagua con mi peque dentro, hubiera deseado cinco minutos en aquellos años. Solo cinco para llenarme de aquella ternura….

Y aquí va mi particular versión de una fritata o como alimentarte con tu chico a última hora, con el estómago gritando impertinente y tu asaltando la nevera en busca de inspiración. Aunque he de confesar que este día en concreto no, pero cuando he ido al súper a medias y se me han olvidado las 300 cosas restantes que necesitaba y de las que me acuerdo al llegar al ascensor de casa, no se ha tratado de inspiración, directamente enciendo una vela y pido un milagro y lo único que me llega es el dichoso número que debo marcar para llamar a telepizza. Ya ven, siempre acabo pecando…..

INGREDIENTES:

Esta es para dos.

1 Tomate grandito y a ser posible madurito.

1 diente de Ajo

Unas hojas de Albahaca

2 Huevos

Queso Parmesano rallado

Aceite de Oliva

Sal gorda

ESTÁ RICA Y SABROSA, aunque sea recetilla de última hora.

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Empezaremos cortando el ajo muy menudo y procurando retirarle el centro para no repetirlo (a no ser que esperemos a Drácula esa noche). Una vez lo tengamos partidito, en una sartén cubrimos el fondo, sin excesos, de aceite de oliva y cuando esté calentita añadimos el ajo troceado y mantenemos a fuego medio porque no debe quemarse.

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Mientras se hace el ajo, vamos partiendo los tomate en rodajas, no muy gruesas pero tampoco demasiado finas para que no se rompan.

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Una vez cortado, salteamos el tomate en la sartén con el ajo, como un minuto y medio por cada lado. Al colocar los tomates en la sartén lo haremos con cuidado y procurando que se cubran todo el diámetro de la sartén. Echaremos un poco de sal gorda al gusto encima.

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Aprovechamos el tiempo en el que se van salteando los tomates para batir los huevos.

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Cuando ya tengamos los tomates salteados, incorporamos por encima el huevo batido y bajamos el fuego a temperatura baja (yo lo hice a potencia 3 y vitro llega hasta el 9). Se trata de que el huevo vaya cuajando sin darle la vuelta. No estamos haciendo una tortilla.

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Observaremos que primero se irá haciendo por los bordes y para que se vaya haciendo bien, podemos darle movimientos en redondo a la sartén.

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Cuando empecemos a apreciar que se van haciendo agujeritos en la parte del huevo, eso es que ya va cuajando y le quedará poco. Como mucho yo tuve la mía unos cinco minutos. Hay que evitar que se queme por debajo. Cuando apreciemos esos agujeritos de los que les hablo, cortaremos muy menudas las hojas de albahaca fresca y la incorporaremos por encima. Y lo mismo con el queso rallado.

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Ahora apagaremos el fuego y con el calor residual se irá derritiendo el queso y una vez conseguido ya está lista para comer…. Cuidado al volcarla en el plato. Como idea que sepan que la he hecho en otras ocasiones con calabacines y cebollino o con zanahoria y queso azul por encima, pero la base de ajos y huevos es exactamente igual para todas. La hierba fresca la que prefieran.

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ESPUMA DE FRESAS

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Ummm, postre fresco y delicioso. Igual que las grandes pasiones, nos dejará huella y estaremos ansiosos por encontrar buenas fresas en la frutería.

Él suspiraba al verla cada vez que pasaba a su lado. Se sabía atractivo y seguro de sí mismo así que pronto se cansó de las sutiles miradas y se dio paso a la acción. Ella midió los tiempos decentes, los que le marcaba la época, para darle el si a la primera cita. Teatros, cines y cenas a la luz de la velas. Decidieron dejar en medio un verano antes de aceptarse mutuamente ante un altar hasta la eternidad.

Ellos eran el todo cuando estaban juntos, incluso se resistieron algunos años a traer descendencia y es que la pasión no les daba tregua. No eran chispas, a ellos les hervían los cuerpos al verse y solo conseguían aliviarse al encontrarse.

Años más tarde, dos muchachas y dos muchachos en el intervalo de cinco años llenaron la casa de ternura pero también de monotonía. La pasión se transformó en rutina  y en un día a día lleno de obstáculos domésticos.

El fuego se iba apagando y ya apenas quedaban cenizas de recuerdo de lo que fueron juntos, unos años antes, cómplices y mágicos.

Lo que si que fue cierto es que la unidad familiar funcionó siempre, no exenta de los problemas más comunes y corrientes. El fuerte cariño paliaba los egos al llegar la noche y los hacía más fuertes al comenzar el día. Y así uno tras otro, igual que el anterior o distinto, al fin y al cabo, era un día más.

Poco a poco, quizás hasta despacio de tan poco, la casa se fue vaciando de hijos, de hijas, de muebles, de ropa, de ruido y cuarenta años después ella entró en la salita de estar con su bata de paño atada a la cintura, sus rulos rizando canas y sus arrugas. Él la miró, creyéndose aún atractivo e igual de seguro de si mismo, la invitó al cine a la sesión nocturna, la peli era lo de menos. A ella le cosquillearon hasta las mandíbulas de la sonrisa picarona que automáticamente se pintaba en su cara.

Y allí volvieron los dos, al punto exacto de la primera mirada, de las mariposas, de las velas, de las ganas y aquel fue el primer día del resto de su eternidad.

INGREDIENTES:

1 sobre de Gelatina de Fresa en polvo

1/2 kilo de fresas

1 Yogourth natural

VAMOS A PONERLE PASION Y VERÁN QUE RICO QUEDA

Primero que nada haremos la gelatina de fresa siguiendo las instrucciones de la caja.

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En este caso, había que diluir el sobre en agua caliente, posteriormente echarle agua fría y dejar cuajar en la nevera. Lo que si es muy importante es saber que la vamos a utilizar una vez que haya cuajado. Así que si quieren hacer este postre, sepan que hay que tener la gelatina de fresa ya cuajada.

Gelatina de fresa

Gelatina de fresa

Mientras se cuaja la gelatina, iremos lavando bien las fresas, partiéndolas y poniéndolas en el vaso de una batidora eléctrica.

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Incorporaremos el yogourth natural y batiremos hasta que todo esté bien integrado.

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Una vez tengamos cuajada la gelatina, la sacaremos del frigo y la batiremos con varillas a mano, dándole aire. El efecto que toma es como si se rizara.

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Un vez toda la gelatina batida, incorporamos el batido de fresas con yogurth y batiremos todo junto. Esta vez mejor será hacerlo con batidora eléctrica.

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Y ya llevamos la mezcla a vasitos o en un solo bolw y a la nevera unas dos horas, dos horas y media. Y a disfrutarlo, sin azúcar añadido, sin grasa (si cogemos yogurth desnatado) y rico no, riquísimo.

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LENTEJAS AL CURRY (sobre arroz blanco)

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Aunque parece que el buen tiempo ya se está asomando a la ventana cada mañana, no renuncio a los platos de cuchara. Me gusta eso de llegar a casa, calentar, destapar y a la mesa y quedarte el resto de la tarde con esa sensación de -Guau, que bien he comido. Casi que lo podemos comparar a cuando uno va a casa de mamá a mesa puesta. Me encanta el sabor y el olor a curry y me chiflan las lentejas así que este plato surgió del encuentro de dos gustos, diferentes y con cuerpo y sabor muy característicos y el resultado fue un apasionante plato lleno de matices en texturas y con mucha, mucha, mucha intensidad. Lo saboreo a la vez que  lo disfruto y cuando se acaban me desconsuelo como al peque al que se le acaban sus chuches.  Por lo pronto no me he cansado ni de hacerlo ni de comerlo,  solo me faltaría una tarde reposadita pero eso hace años que no lo tengo. Con tres peques  a ver quien es el valiente que se echa una siestecita sin que  corra peligro de derrumbe la casa. No me quejo, la verdad que me entretengo y  veces pido tiempo para aburrirme o para poder concentrarme en esta misma tarea de mi blog o en cualquier otra pero uf, dificilillo.  Recuerdo un día, hace unos 4 años. Mi hijo el peque tenía 3 por aquel entonces. Él estaba entretenido con sus construcciones, poniendo y quitando cubos, tirándolos todos al suelo cuando había conseguido llevarlos hasta arriba. Tan concentrado estaba que decidí irme a mi cuarto y ordenar un poco el ropero. No habían pasado 10 minutos cuando escuché el timbre de la puerta y por miedo a que el peque abriera sin más, corrí por el pasillo. Al llegar al salón comprobé que el peque no estaba pero tampoco lo eché en falta, estaría en su cuarto, siempre le ha encantado ir de aquí para a allá sin más. Miré por la mirilla y era mi padre, abrí la puerta y allí estaban los dos, el palo y la astilla, el abuelo y el nieto. Mi padre más blanco que el color de la pared, el peque con una sonrisa de oreja a oreja me dijo: -Hola mamá!!!!. Me quedé sin palabras y como loca giré la cabeza hacia al salón con la desesperación de alguien al que se le acaba de caer la lentilla, buscando ¿un doble?. Simulé a mi padre, me sentí palidecer. Sobre la marcha reaccioné y dije: -Pero que haces tu en la calle????. El niño miró al abuelo, el abuelo suspiró profundo y dijo:- Estaba en el portal, quería ir al kiosco.

El peque entró y volvió a su tarea constructiva-destructiva con sus bloques. Mi padre se sentó en una silla a su lado, yo puse agua a hervir para preparar unas tilas.

Yo no esperaba la visita de mi padre aquella tarde. Vino de sorpresa a traernos un cuadro de regalo. Me repuse del susto mucho días después. Mi mente se detuvo en lo que pudo haber pasado y no avanzaba,  a parte del complejo de San Pedro que nos entró a mi chico y a mí, puerta bajo llave en cada momento del día.

Hoy es una anécdota que al mismo peque le llena de gracia pero no se crean, de vez en cuando me abstraigo y vuelvo a pensar en lo que podía haberle pasado…..

Así que a esto me  dedico en  el reposo de mis lentejas.

INGREDIENTES:

1/4 kilo de lentejas (mejor secas y las pondremos en remojo la noche anterior)

1 Cebolla

2 dientes de Ajo

2 cucharas soperas de Curry en polvo

1/2 vaso de Leche (tamaño de un vaso de agua)

Pimienta Negra al gusto (a mi me gusta mucho)

VAMOS A COCINAR SIN DEJAR DE ECHAR UN OJO

La noche antes debemos de acordarnos de dejar las lentejas en remojo. IMG_0430

Al día siguiente, pondremos a hervir las lentejas con un puñadito de sal gorda. Las tendremos unos 35/40 minutos una vez rompa el hervor, a fuego medio. Solo las hervimos con sal, por ahora, nada más.

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Una vez transcurrido ese tiempo, pondremos las lentejas a escurrir y vamos cortando los dientes de ajo en láminas y la cebolla en juliana. Sobre un caldero, pondremos el fondo de aceite de oliva y cuando esté calentita echamos le cebolla y los ajos ya cortados. Saltearemos hasta que esté bobito (como dice mi abuela), transparente sin quemarse.

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Escurrimos

Escurrimos

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Cuando tengamos el puntito de la cebolla y el ajo, echamos una de las cucharas soperas de curry en polvo y veremos como se pinta todo de amarillo y se inunda la cocina de un olor… Delicioso

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Llega el momento de echar las lentejas que las teníamos escurriendo y las rehogaremos unos minutitos y dándole unas vueltas para que se mezcle bien con el sofrito.

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Cuando ya tengamos esos minutitos de rehogo, echaremos el medio vaso de leche y daremos vueltitas una vez más.

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Y ya por último, echaremos la segunda cuchara de curry en polvo que teníamos pendiente y a fuego suave unos 20 minutitos. Ya el olor llega hasta el pasillo de entrada a casa, perfumando todo lo que le rodea y solo estás deseando que llegue la hora del almuerzo y te sientes a la mesa y las disfrutes. Para el arroz, tienen mi forma de prepararlo en la receta de langostinos (uy! también al curry, jeje). Para terminar un buen toque de pimienta negra recién molida.

 

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MILHOJAS (con tallos de acelgas)

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A mis hijos les nombro la palabra acelga y les debe sonar a algo así como un pistoletazo de salida en una carrera de velocidad. De seguirles esta manía persecutoria a esta verdura,  me plantearé en serio  apuntarles en atletismo dado que tengo la fórmula mágica que hace que su velocidad se multiplique por cinco. Pero como madre de tres no me faltan recursos que disfracen sus fobias “estéticas” a ciertas verduras. Pues le quitamos la hoja verde, se la incorporamos al puré y con la penca o el tallo hacemos estas requeteriquísimas milhojas saladas. ¿El relleno? pues tiene como límite la imaginación de cada uno o los recursos que nos ofrezca ese día la nevera y la despensa. Lo cierto es que los niños se las comen tan contentos y sentaditos, sin carreras y el agradecimiento manifiesto en un plato limpio al minuto de servírselas. Si es que a veces uno corre sin saber a donde va o de que está huyendo…. Recuerdo que tenía por mito eso del típico novio o novia a la fuga pero un día mi curiosidad quiso que me presentaran a uno. Un muchacho que después de organizar lo que iba a ser un bodorrio de película,  decidió,  a última hora,  no casarse. Cuando me atreví a preguntarle el por qué de aquella decisión y sobre todo el por qué esperar al último momento, su respuesta fue muy clara: -Fui un cobarde. Pero no un cobarde para asumir lo que hubiesen sido mis responsabilidades maritales, ni siquiera tuve en mente una tercera persona. Fui un cobarde porque no me atreví a decirle a mi novia de aquel momento que no la quería tanto como para compartir el resto de mi vida con ella. De repente y a la velocidad de la luz, me vi en casa de mis suegros, con mis padres, organizando lo que para mi y para ella, debía ser el principio del resto de nuestras vidas. Y no, no la quería. Y no, no supe decirlo a tiempo. Lo que quedó después fueron las consecuencias de mi cobardía, todas merecidas. Quedó la vergüenza ajena para mi familia, sobre todo para mi madre y la fama que aún hoy me persigue y hace que personas como tú (yo misma) me pregunten sobre lo mismo unos cuantos años después. ¿Lo peor? verla a ella, a la que hice tan infeliz y no poder mirarla a la cara. Soy merecedor de todo su desprecio. Y mi propia conciencia que de vez en cuando me despierta y me dice…. ¿cómo te dejaste llevar hasta aquel punto?. Mi respuesta, cuando llego a estos fondos es: pues fui muy valiente. ¿Su rencor?, No me cabe duda que se hubiese transformado en odio porque aún hoy por hoy  se, sin ningún género de dudas,  que jamás la hubiese hecho lo feliz que ella merecía ser.

Con acelgas o sin ellas, disfrazadas, enteras, guisadas o crudas, podemos correr todo lo que queramos que habrá decisiones que nos persigan toda nuestra vida, aún habiendo sido honestos.

INGREDIENTES:

Cuando queramos hacerlas, debemos de tener en cuenta que necesitamos dos hojas, o mejor dicho los tallos de las hojas por dos. En este caso, fueron 6 acelgas.

200 grs de bacon en lonchas

Salsa de tomate (a ser posible casera)

Bechamel

Queso en lonchas (Gouda, Havarti o cualquier otro que gratine bien al horno)

VAMOS A ELLO:

Vamos encendiendo el horno a 200º grados, calor arriba y abajo, para que cuando nos toque gratinar, ya esté listo.

Lo primero es lavar muy bien las hojas completas de las acelgas.

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Retiramos los verde y nos quedamos con la penca o el tallo, procurando que nos queden en forma de rectángulo.

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Ponemos los tallos en agua a hervir, con un toque de sal gorda,  durante 10 minutos una vez rompa el hervor.

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Una vez pasen los diez minutos, las ponemos a escurrir y cuando ya no quemen, las terminaremos de secar colocándolas sobre papel de cocina. Aprovechamos y le retiramos las hebras oxidadas que pudieran tener.

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Y empezamos a montar nuestras milhojas. Colocamos un tallo o penca de la acelga, encima empezamos a colocar lonchas de bacon (que nos las corten finitas).  Y procurando retirarla la grasa a cada loncha. Dejar solamente el lado rosado.

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Encima de las lonchas de bacon, colocamos otro tallo de la acelga.  Procurando que sea de tamaño similar al tallo base.

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Por encima y con la ayuda de una cuchara, cubriremos este último piso de salsa de tomate.

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Cubriremos todo con una capa, no muy densa, de salsa bechamel.

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Y ya por último, coronaremos con una loncha de queso de tamaño similar al tallo de la acelga.

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Recomiendo que clavemos un palo, tipo pinchito, en el medio de la milhoja para que no se nos descomponga. Ahora introduciremos en el horno (deberá de estar caliente) y lo pondremos en función gratinar (calor solo por arriba) a 200º, durante 12 minutos. Y a disfrutarlas, sin prisas y sin carreras. Sorprendentemente sabrosas.

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BROCHETAS DE VERDURAS (especiales)

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Especiales que no es lo mismo que complicadas. Es más,  cada día me doy más cuenta que el encanto de la sencillez crea adicción.  Sin complicaciones y sin pringues. Sin pérdida de tiempo y con un resultado fabuloso. El secreto es el aliño porque hasta las cosas más simples tienen su toque y es lo que las hace diferentes. Como a Aurora y su vida sentimental. Se había pasado la vida queriendo a los demás y dándolo todo,  hasta su alma. Al fin y al cabo es así como se debe de amar. A decir verdad su espíritu era enamoradizo, pasional y espontáneo. De repente estaba sola como que al mes y medio te pedía la dirección para enviarte su parte de boda. Así era ella, así siguió siendo hasta en tres ocasiones, cada una de ella con sus bodas, la primera por la Iglesia, las siguientes por lo civil. Cada una de ellas fue tan real como la primera. No creo que a uno lo quisiera más que al otro o menos que al siguiente. Ella se daba con la intensidad de quien cree estar dándose para toda la vida y créanme que así lo sentía. En cada una de ellas juró convencida de que moriría al lado de quien tenía a su lado en ese momento. Pero no fue así, en ninguna de las tres ocasiones. Tras sus tres separaciones no faltaron críticas, opiniones gratuitas, malvadas y crueles la mayoría de ellas.  Todas ellas hechas por personas que jamás vivieron tras la puerta de cada casa que albergó sus tres matrimonios.  A los demás les exasperaba su promiscuidad y a ella parecía importarle un bledo todo. Afortunadamente siempre ha sabido hacerse la sorda cuando la intentan herir. Pasado un buen tiempo después de su tercera y última separación alguien se atrevió a preguntarle si había alguna causa en ella o los tres fueron malvados y perversos. Se hizo un silencio muy incómodo. A los pocos segundos que particularmente a mi me parecieron minutos,  Aurora levantó la cabeza sonrío y dijo: -Sencillamente les dejaba de querer con el alma o sentía que sus almas, no estaban entregadas a la mía.

A veces no es muy difícil entender las cosas más simples. Ella dejaba de querer o la dejaban de querer a ella. Entonces, ¿para que seguir?. Ahora está sola por propia elección, hasta que sencillamente su alma le pida calor y compañía. Sin más. No se complica. Esa tarea la deja para aquellos que tienen tiempo de sobra o como ella misma dice, no se han dado cuenta que esta vida, es una sola.

Y digo yo, será por eso que Aurora resulta tan encantadora????

INGREDIENTES

1 Calabacín

10 Tomates Cherry

4 Cebolletas

100 mml de aceite de oliva virgen

1 diente de ajo

1 ramita de romero fresco

sal gorda

EL ENCANTO DE LAS COSAS SENCILLAS

Primero que nada ponemos el horno a calentar a 180º calor arriba y abajo.

Lavamos muy bien el calabacín, los tomates cherry y las cebolletas. IMG_0264

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Cortaremos los calabacines en pedazos cuadrados y los cherry y las cebolletas por la mitad. Iremos insertando las verduras trozo a trozo en cada brocheta, con el orden que más nos guste. En este caso inserté, un pedazo de calabacín, la mitad de un cherry, la mitad de una cebolleta y otro pedazo de calabacín al final. (no por nada si no porque tenía más trozos de calabacín que del resto).

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Cuando ya tengamos todas las brochetas montadas, en un recipiente y con ayuda de un batidor eléctrico (se queda mejor) mezclaremos el aceite de  oliva, el diente de ajo (le retiramos el centro para no repetirlo) y las hojas de una ramita de romero. Batimos hasta conseguir la mezcla homogénea.

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Ahora, con la ayuda de un pincel de cocina, pintaremos la brocheta con este aliño. Hay que dejarlas bien pintaditas.

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Y ahora directo al horno calor arriba y abajo durante unos 25 minutos, temperatura 180º. Y a disfrutar de un plato sencillo, sano y llenito de encanto.

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UNA ENSALADA DIFERENTE

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Cuando llevas un día entero pasándotelo pipa al día siguiente pones los pies en el suelo y a pesar de que las almohadillas del ñoño parezcan piedras y los latidos de los tobillos no te permitan mantener el equilibrio estable sin dejar pasar por alto la resaca que hace que todos a tu alrededor parece que hablen como en esas imágenes a cámara lenta, muuuuyyyyy leeeeentaaaaa….. Te dedicas un temita a lo Marc Anthony y cantas con el hilo de voz que te queda eso de valió la pena!!!!.

Un día en que te sientes entre reina y princesa, empezando por la pelu y el maquillaje. Cuatro manos solo para que estés guapa y carnavalera. Un vestido que finalmente se ajustó a la silueta, una comida entre chicas, algunas amigas que tienes en tu pedestal de adoración diaria, otras conocidas y alguna acabada de conocer pero qué agradable sintonía. Y a chascar de lo lindo para aguantar la gloriosa tarde en carroza. Y así, cual ángeles de Charlie, con la barriga llena,  el corazón más que contento camino a pasarlo pipa. Recorres parte de tu ciudad en la cabalgata del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, entre bailoteos, saludos, alguna copichuela pero rodeada de gente que solo quiere pasarlo bien. Y se consigue, vaya que si se consigue.

Cuando para la fiesta, aunque no quieras que pare, solo te sabe dar las gracias. Esas gracias que salen de muy adentro porque detrás de tanta diversión ha habido gente que se ha preocupado durante mucho tiempo en que el resto disfrutáramos de un día así. Ese trabajo requiere de mucha generosidad como inicio, no les digo nada de todo lo demás porque encima salen las cosas perfectas.

Y así cansada sin ganas ni de pestañear el cuerpo solo te pide una ensaladita y que la experiencia se repita!!!!

INGREDIENTES:

10 Tomates cherry

1 Escarola mediana

100 grs de queso feta (puede ser cualquier otro queso que nos guste)

15 Anchoas (de conserva, pero que sean buenas)

Azúcar moreno

Aceite de Oliva virgen

Vinagre de Módena

Sal gorda

A RELAJAR LOS WATIOS NEURONALES

Antes que nada encendemos el horno a 200º calor arriba y abajo a ser posible con aire.

Mientras el horno se calienta, vamos lavando muy bien la escarola y la vamos a secar igual de bien (para mi este paso en las ensaladas es imprescindible, no soporto lo verde empapado).

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Cuando pasen 10 minutos de pre calentamiento de horno, cogemos una bandeja apta para el horno, lavamos muy bien los tomates cherry, los colocamos en la fuente de horno, le echaremos un buen chorrito de aceite de oliva virgen y azúcar moreno (seremos generosos sin pasarnos) y al horno durante unos 13 minutos a la misma temperatura en la misma función (200º arriba y abajo con aire)

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Mientras se caramelizan los cherry, seguimos con otros pasos de la ensalada….

Trocearemos ahora el queso feta en cuadraditos, ni muy grandes ni muy pequeños, como dice una miga, cortaremos en tamaño “bocado” que viene a ser lo mismo que el tamaño que te permita meterlo en la boca sin cortarlo.

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Colocareamo los pedazos sobre la escarola y haremos lo mismo con las anchoas. Todo colocadito por encima de la escarola.

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Una vez pasado el tiempo de caramelización de los cherry, los colocaremos así en caliente sobre el resto de la ensalada e inmediatamente aliñaremos al gusto con el aceite de oliva virgen, el vinagre y la sal gorda. Lo ideal es servirla enseguida y que se aprecie el tono tibio de la ensalada, los tomates calientes, el resto frío. Un sabor agridulce del caramelo que desprenden los tomates en caliente y el vinagre del resto frio. Delicioso contraste.

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Y aprovecho para contarles a los que tienen pequeños o pequeñas en casa…. Los yogures y los Bifrutas de Pacual. No necesitan frío, caducan tardísimo, súper cremosos. Y los Bifruta además sin pajita. Todo un descubrimiento gracias a Laura. Claro que el dato de que caduquen tarde en mi casa no tiene ningún efecto. Les hice la foto para que los puedan encontrar en el super con facilidad y no tardó en acercarse una manita a la mesa del bodegón que había preparado, a la velocidad del rayo se agenció un Bifrutas Tropical y tardó medio segundo en abrirlo y un cuarto del mismo en tomárselo. Acto seguido me miró me dijo: .-Mamá, mañana uno de estos para el cole.

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TORRIJAS DE CARNAVAL

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Y llegaron los carnavales… y entre tanto que una se prepara para que el disfraz le quede meridianamente bien con lo que eso implica una o unas semanitas de dieta, una logística adecuada mi chico, los niños, las abuelas, los abuelos que cuiden de los tres, la costurera que te ajuste el escote para que el canalillo no salga desde la garganta y la ansiedad que generan las ganas de disfrazarte y salir a la calle, subida en carroza gracias a mi querida Sandra, hago un alto en el camino y me digo STOP. Llegaron las carnestolendas y me olvido de todo y me meto en la cocina y me pongo a preparar torrijas. Mando al carajo los siempre kilos de más que me acompañan, al fin y al cabo se que con ellos o sin ellos me lo voy a pasar estupendamente….

Y entonces saco la libretita donde llevo apuntado todo lo que mi abuela me ha ido enseñando.  Leo y en la letras encuentro  los olores y veo también las tardes que se convertían en una fiesta improvisada. Mis primas aparecían con el tupper vacío (mi abuela jamás prestará un tupper) y ella a llenarlo de torrijas para todos. Terminaba cansada y con dolor de rodillas.  Y entre aquel olor a carnavales, las mascaritas tocando a la puerta con aquello de: ¿me conoces, mascarita???? Mi madre en su cuarto vistiéndose con sus amigas para salir de fiesta y mi padre que empataba desde el almuerzo y lo volvíamos a ver por la mañana, yo me sentaba al  lado de mi Yeya en el sofá o a sus pies para frotarle Trombocid en las piernas mientras veíamos la gala de la Reina o escuchaba sus historias de los carnavales de entonces. Historias como esta que les cuento y que no olvido a pesar del paso de los años. Les recomiendo hacer primero las torrijas y leerla a la vez que muerden una previamente mojada en miel (mejor si es del Carmen).

Pegadita a nuestra casa, estaba la de los Peñate.  Allí vivían Lola y Samuel. Él era contratista de obra y además de los mejores. Siendo muy joven, había emigrado con sus padre a América, así que a su regreso traía todo aprendido. Ella era la activista tierna y entretenida de todas las tertulias del barrio.

Lola venía de una familia humilde, era de campo, creo que de San Mateo. Como era la costumbre y dados los pocos recursos con los que sus padres contaban, Lola había acudido a la escuela lo justito para no llevarse a engaños en la vida. Vida que cambió completamente desde el primer momento en que Samuel se cruzó en su camino.

El único inconveniente, es que Samuel, por aquel entonces, era el pretendiente de la prima de Lola. Ella ganó el amor de su vida, pero perdió todo contacto con aquella parte de su familia, que nunca le perdonaron haber truncado el futuro de su bondadosa prima.

 Aún recuerdo como Lola, nos contaba chistosa que Samuel la conquistó por la palabra. Ella había llegado a casa de sus tíos con lo puesto, a pasar unos carnavales así que ni careta ni antifaz. Ni tiempo le había dado de ir a casa de Dña. Leonor, el bazar de la época en donde todos íbamos a buscar aquellos preciosos antifaces de seda. En aquel modesto negocio todos nos inspirábamos y salíamos de allí convertidos en quien no éramos. La magia del carnaval es esa. Con algo más que un bata o una sábana y una cuerda, nos adornábamos e íbamos por las casas y todo el mundo en el barrio nos abría las puertas y jugábamos al me conoces mascarita… Y así hasta que nos reconocían o nos íbamos y los dejábamos con las ganas. Claro que esto durante la república, porque años más tarde, ya con la dictadura, lo hacíamos clandestinamente, pero desde luego aquellos tiempo nos hicieron vivir los mejores carnavales de nuestras vidas.

 Lola nos contaba que aquella noche estaba tan entusiasmada con lo que estaba viendo, bailes, risas, disfraces que creía estar viviendo un sueño. Todo le parecía maravilloso. Pero por miedo a resultar paleta, se quedó en una esquina, feliz con lo que sus ojos le estaban regalando. Hasta que se acercó Samuel, el novio de su prima y sin mediar palabra, la agarró por la cintura y la besó. Aquello fue un escándalo. Todos los que estaban presentes no atinaban a explicar el impulso de Samuel cuando se encontró con aquella muchacha de campo, preciosa pero tímida. Sería el misterio que despertaba Lola o la borrachera que él llevaba, pero desde luego, para quien diga que los flechazos no existen, el de Lola y Samuel dan  prueba de ello.

 A Lola se le paró el mundo y el corazón. Sintió la eternidad, sintió que todo aquello que daba vueltas se paraba. Cuando el se decidió a despegarla de su boca, la miró a los ojos y ella alelada, solo acertó a decirle:

 -El carnaval es un mundo de caretas de traición, quien no la lleva en el alma, la lleva en el corazón. Porque tu eres el pretendiente de mi prima, ¿no es verdad?

 Y Samuel, con el corazón latiéndole a mil por hora, la miró embelesado y acertó a responderle:

 -Al carnaval hay que dejarlo venir como viene, que cada cual se disfraza del disfraz que le conviene.

 Y de la poesía, al resto de sus vidas y espero que a la eternidad. No se volvieron a dejar de mirar, ni un segundo de sus vidas. 

INGREDIENTES:

6 Huevos

400 grs de harina de esponja

1/2 kg de Azúcar blanca

1/2 lt de leche

1 cuchara tamaño postre de Canela molida

1 cuchara tamaño moka de Anís

2 Limones rallados

El zumo de un limón exprimido

Aceite para freírlas, a ser posible de girasol para que no coja mucho sabor con el aceite de oliva.

Miel negra (de la Virgen del Carmen) opcional

QUÉ GANAS DE CARNAVALES Y DE TORRIJAS!!!

Esta es una receta de lo más sencilla pero como hay que decir toda la verdad, advierto que es un poco pringosa. No por nada en especial, si no por el hecho de estar friendo las torrijas de una en una. Pero en honor a la verdad también hay que decir que una vez las pruebas, el trabajito no pesa. o remedio de mi abuela, Trombocid en las piernas y a bailar.

Como me gusta preparar los previos....

Como me gusta preparar los previos….

Pues sin miramientos de ningún tipo y ayudándonos de una batidora potente y un buen vaso con capacidad suficiente, vamos echando todos los ingredientes. El orden, el que prefieran y les sea más cómodo. Una vez tengamos todo dentro de vaso de la batidora, hacemos que gire hasta que no queden grumos.

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Cuando ya tengamos la masa batida, ponemos en una sartén con buen fondo y buen diámetro, como dos dedos de aceite de girasol a calentar con precaución de que no se nos queme. Echamos dentro de la sartén un trocito de cáscara de limón (truco de la abuela)

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Cuando ya esté caliente, ayudándonos de un cazo o cucharón para sopa, lo llenamos hasta la mitad con la masa y apoyándolo en la sartén, vamos echando la masa en el aceite caliente. Así una a una. Cada cucharón de masa se hará una torrija.

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Vamos dejando que se doren y para saber que ya está el punto exacto para darle la vuelta, este será cuando los bordes se reviren hacia arriba del calor.

Puntito exacto para darle la vuelta

Puntito exacto para darle la vuelta

damos la vuelta y dejamos que se dore también por el otro lado.

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Y una vez doradas por ambos lados, las colocamos sobre papel secante para eliminar el exceso de aceite y listas para tomar. Calientes o frías. Con miel, con azúcar glass, con mermelada. Con lo que nos de la gana.

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Riquísimas y esponjosas. Feliz carnaval y que ustedes lo disfruten!!!

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TARTA DE FRESAS (con cremita pastelera hecha en casa!!!!)

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Muchas veces huimos de platos y postres más elaborados. Yo particularmente y mis circunstancias en mayor medida (mi día completo, debería de tener 30 horas si quiero que me de tiempo de hacer, todo lo que tengo que hacer) me llevan a destapar un yogur desnatado (por cierto gracias Vitalínea por el nuevo postre de chocolate  0%, espectacular!!!!!!) o a comerme una manzana que bien ricas que están, pero donde haya un buen pedazo de tarta,  hecha en casa con cariño y con paciencia que se detenga el tiempo. Les animo a parar los relojes de sus casa o al menos los de la cocina y que sin miedo y sin pereza se atrevan a hacerla. Ahora que entramos en temporada de fresas que vamos al mercado o a la frutería y allí están ellas, cayendo en cascada en los puestos de la fruta. Tienen un potente poder telequinésico. Ellas tan lindas con su color rojo brillante haciéndonos caer a sus pies y rendirnos al olor cuando nos acercamos. Inundan nuestro campo visual, invaden nuestro oxígeno y el paladar comienza a salivar porque ellas tienen que ser tuyas. Tienen que venirse a casa contigo y tienes que comerlas o se te pondrá una mala leche increíble. Las fresas son lo que los antojos a las embarazadas, lo que el juguete del amigo que el niño no tiene, lo del novio de la amiga a los quince que tenía moto y despertaba la envidia de las que iban cinco en el taxi después de rogarle al chófer, lo que la vecina de parking con el nuevo modelo de coche que aparca solo….

Fui una embarazada sin tiempo para antojos, mi madre me decía NO a todos los caprichos que fueran eso mismo, solo caprichos, no tuve novio con moto o si lo tuve no fue novio y mi coche no aparca solo. Me llevé dos kilos de fresas a casa e hice esta tarta. Nos la comimos mi chico, mi hijo el más peque entre mis peques y yo misma.  Y se me olvidaron los antojos, los juguetes, la moto y el aparca coches automático. A decir verdad, me quedo con las fresas de todas todas.

INGREDIENTES:

1 masa de pasta Brisa (redonda para que no tengamos que andar con mucho jaleo y mejor fresca que congelada)

1 Huevo para pintar la masa

1,5 kgs de FRESAS!!!!

3 cucharas soperas de Azúcar blanca

1 hoja de gelatina neutra

PARA LA CREMA PASTELERA CASERA

1/2 litro de Leche

1 vaina de vainilla

125 grs de Azúcar blanca

40 grs de Maizena

4 yemas de Huevo

QUE RICAS SON LAS TARTAS CASERAS

Primero que nada ponemos el horno a pre calentar a 200º calor arriba y abajo y ahora empezamos trabajando la masa que será la base de la tarta. Sacamos la masa brisa de su envoltorio. Normalmente vienen envueltas en un papel vegetal que aprovecharemos. Desenrrollamos la masa con cuidado de que no se parta y la colocamos sobre el papel vegetal.

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Para darle forma de base de tarta, colocamos la base con papel y todo, sobre una fuente de horno redonda y con los dedos vamos dando forma a los bordes como más nos guste, siempre dejando fondo para meter después la crema pastelera y las fresas.

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Aunque estas masas dicen que no suben como el hojaldre, por si acaso y con la ayuda de un tenedor la pinchamos suavemente.

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Ahora batimos un huevo y con la ayuda de un pincel de cocina la pintamos entera y no se olviden de los bordes.

 

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Ahora la metemos en el horno (que ya estará caliente) a la misma función (arriba y abajo) con idéntica temperatura (200º) entre 12 y 15 minutos. El punto es cuando ya esté doradita.

 

Ahora vamos con la masa pastelera mientras se dora la masa base.

Ponemos en un cazo al fuego el medio litro de leche con las semillas que están dentro de la vaina de vainilla. Para ello la cortaremos por un lado y la abriremos a la mitad. Con la ayuda de un punta de un cuchillo, vaciaremos el interior y lo echaremos en la leche.

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Vaciarla es un poco rollo , no se los voy a negar. Cuidado de no cortarse.

Vaciarla es un poco rollo , no se los voy a negar. Cuidado de no cortarse.

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El cazo con la leche y las semillas de la vaina de vainilla lo pondremos al fuego hasta que hierva. Mientras se calienta la leche, vamos con el siguiente paso de esta golosa crema.

Ponemos en un bol amplio, el azúcar blanca, la maizena y las yemas de huevo y batimos hasta que esté todo integrado con la ayuda de unas varillas.

Azúcar blanca

Azúcar blanca

Maizena

Maizena

y yemas

y yemas

Batimos

Batimos

 

Recuerden mientras hacen todo esto que la leche está al fuego. Pues eso, una vez batido lo anterior y una vez la leche haya hervido (cuidado que no rebose y se nos haga un pringue), vamos echando poco a poco la leche a la mezcla de azúcar+maizena+yemas de huevo. Mientras vamos echando, vamos batiendo e integrando. Una vez ya hayamos vertido toda la leche y lo tengamos todo mezclado, llevamos esta mezcla de nuevo al fuego.

Vamos incorporando la leche poco a poco

Vamos incorporando la leche poco a poco

 

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Ya todo batido

Ya todo batido

 

Y de nuevo todo junto al fuego

Y de nuevo todo junto al fuego

 

Calentamos todo junto ya mezclado, a fuego lento y removiendo. Veremos como  a los cinco minutos la crema se empieza a espesar e iremos dando vueltas hasta conseguir esa crema espesa y deliciosa…..amarilla….suave….

Una vez espesa, retiramos del fuego y la pasamos a un recipiente a que se enfríe antes de usarla. Es aconsejable taparla con film transparente mientras se enfría.

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Llegados a este momento, ya tendremos nuestra masa brisa doradita. La sacaremos del horno y dejaremos que se atempere antes de empezar a rellenarla.

 

Ya doradita

Ya doradita

 

Mientras se enfrían la masa y la crema pastelera, vamos lavando muy bien las fresas y cortándolas en rodajitas. Las colocaremos en una fuente. Cuando ya las tengamos todas cortadas en la fuente, incorporaremos por encima las tres cucharadas de azúcar blanca y mezclaremos bien para que suelten un delicioso almíbar mientras esperamos para montar nuestra tarta.

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Y llegó el momento en que la masa ya no quema y la crema ya está tibia, así que iremos rellenando sin que se salga por los bordes, nuestra masa con la crema pastelera.

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Encima de la crema, iremos colocando ahora fresa a fresa por encima de toda la superficie….

Impresionantemente delicioso

Impresionantemente delicioso

 

 

Y si nos gusta así ya podemos empezar a tomarla, aunque le viene bien un ratito de nevera, pero si les gusta con un toque gelatinoso por la superficie, sigan estos pasos:

El agua que sueltan las fresas mientras se han estado macerando con el azúcar lo calentamos en una cazo. Normalmente no es más que medio vaso de agua la cantidad que desprende.

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Mientras se calienta, ponemos una hoja de gelatina neutra en agua helada para que se hidrate. Una vez tengamos caliente el almíbar de las fresas, le incorporamos la hoja de gelatina ya hidratada y mezclamos (veremos que esta última desaparece).

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Mezclamos el almíbar caliente con la hoja de gelatina ya hidratada

Mezclamos el almíbar caliente con la hoja de gelatina ya hidratada

 

Y ahora vertemos todo este delicioso jarabe por toda la superficie de la tarta…

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Y a la nevera para que dentro de un ratito puedan disfrutarla…

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MUS DE CHOCOLATE (con nubes…….)

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Hay días en que las estrellas de la buena suerte se alinean sobre tu cabecita y todo sale redondo. Los peques se despiertan en hora y sin negociaciones de ningún tipo desayunan, se visten y se calzan el uniforme. Llegas a tiempo a la parada de la guagua, sin jadeos de carreras calle arriba para tener que alcanzarla. Da tiempo hasta de que te digan adiós con sus manitas desde la ventana. Es lunes, pero tienes previsto el almuerzo y la cena. No llegas tarde a la oficina y hasta te ha dado tiempo a peinarte frente al espejo del baño y no del ascensor. No te has peleado con nadie en el trayecto ni ningún motorista intrépido se te ha colado por la derecha. Sales de trabajar, también en tiempo y forma. Haces algo de deporte, aunque seas sedentaria y patosa, como es mi caso y hasta te sale bien y dando brinquitos de orgullo recoges a los peques de su lunes. Las mochilas cargadas de deberes que hacen sin rechistar, ningún control suspendido, ninguna nota de la tutora en la agenda porque a uno de tus retoños le ha dado por buscar en el diccionario las palabras: caca, culo y tetas. Se duchan, cenan y se lavan los dientes sin tener que decírselo más de una vez. Y empiezas a pensar donde estará la trampa de este lunes…. Todos los lunes la tienen. Pero no, cuadro el círculo cuando abro la nevera y allí está la última copa del mus de chocolate con nubes esperándome para decirme lo enormemente afortunada que soy. Y me grito a mí misma, ¡Qué viva la madre que me parió!!!! al carajo la dieta que solo practico los lunes de 07:00 a.m a 20:00 p.m. Eso sí, esperaré a que todos se acuesten porque no pienso compartir ni el tamaño de una cucharita de moka. Es mío y sólo mío. Hacerlo ya es un placer y al probarlo logras desatar todo tipo de pecados: la gula, la avaricia, el egoísmo… No sé si hoy me han perseguido estrellitas amarillitas y con todos sus picos perfectos o algún diablillo con tridente y rabo. Me voy a comer la copa de mus yo sola y enterita.

INGREDIENTES:

50 grs de agua (sin gas, claro)

120 grs de  nubes (de las de chuches)

180 grs de chocolate para fundir

40 grs de mantequilla sin sal

200 grs de nata para montar

QUE VIVAN LOS LUNES QUE PARECEN VIERNES….

Hacer este mus tiene muchas no, muchísimas contraindicaciones. Primero porque es fácil, fácil, fácil. Lean la receta y lo comprobarán. Segundo porque entre sus ingredientes no está el huevo crudo que siempre da algo de respeto en las recetas. Sobre todo porque no tienes que montar claras a punto de nieve y correr el riesgo de que no se monten y las tengas que tirar a la basura. Tercero porque tienen un ingrediente muy peligroso: las nubes…. Les aconsejo comprar el doble de lo que lleva la receta, les garantizo que picarán sin parar. El olor, la textura, el dulzor… Inevitable.  Y ya por último porque siempre queda bien y con la textura perfecta que todo mus requiere…. Lo harán y lo volverán a hacer unas 100 veces al mes. Se podría dar el caso de precisar terapia para desengancharse. Que nadie me diga después que no se lo advertí….

Ponemos en un cazo la mantequilla junto con el chocolate y dejamos que se derritan ambos, sin dejar de remover y de integrarlos.

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Cuando ya esté el chocolate más o menos derretido, incorporaremos las nubes cortadas en pedazos. No hace falta que sean muy pequeños. Seguimos manteniendo todo a fuego medio y es muy importante remover e ir mezclando todos los ingredientes.

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Cuando tengamos incorporadas las nubes al chocolate, pondremos en otro cazo los 50 grs de agua hasta que hierva. Esto se logrará rápidamente ya que es poca cantidad de agua. Una vez hierva, echamos el agua a la mezcla del chocolate con las nubes (ya se estarán derritiendo estas segundas).

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Ven como se van derritiendo las nubes???

Ven como se van derritiendo las nubes???

Seguiremos dando vueltas, manteniendo a fuego medio y mezclando todos los ingredientes hasta que consigamos una mezcla algo espesa y homogénea.

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Una vez conseguida esta mezcla, retiramos del fuego y dejamos que se temple y se reduzca el calor. Mientras se atempera la mezcla, vamos montando la nata con la ayuda de unas varillas, mejor y más rápido sin son eléctricas.

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No me digan que no están deseando meter el dedo en esta nata.....

No me digan que no están deseando meter el dedo en esta nata…..

 

Una vez tengamos la nata montada y ya la crema de choco-nubes esté tibia, mezclamos la nata con el choco-nubes con movimientos envolventes.

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Mejor no les cuento el olor que desprende el mus en este momento, pero les garantizo que debe de ser pecado. Vamos mezclando dando vueltas hacia arriba y hacia los lados, hasta conseguir que todo se mezcle en perfecta armonía para todos los sentidos de nuestro cuerpo….

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Cuando todo esté perfectamente integrado, sin grumos y con una consistencia algo cremosa pero aún líquida, lo dividimos en copas (si es así como queremos servirlo) y las llevamos derechitas a la nevera a enfriar durante al menos 1 hora. Pasada esa hora se abre un cielo de sabores y texturas para nuestro paladar. De verdad que gustándome escribir como me gusta, soy incapaz de describirles con palabras las sensaciones que me provoca…. Estrellitas sobre la cabeza o demonios pinchando el pompi con tridente, eso según se mire….

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CHUPITOS….

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Allí están ellas puntuales a su cita. Como cada tarde de miércoles. Fieles a la mesa y al orden en el que colocan las sillas. El camarero se acerca cuando ya han llegado todas y con familiaridad pero guardando un respeto cariñoso les dice que si van a tomar sus café con leche y sus  pulguitas. Ninguna de las cuatro es joven pero todas van arregladas, con sus pelos grisáceos perfectamente colocados para que no se note donde faltan. Sus manos y su postura en el asiento descubren que la artrosis ya no les deja estar cómodas, sea cual sea el momento del día. Empiezan a hablar del tiempo, del frío que hace, del recuerdo ya borroso de años anteriores donde también hizo este frío. De la camisola de franela que dejaron de necesitar cuando empezaron la penitencia de la menopausia y que ahora habían tenido que rescatar con la ayuda de algún nieto desde alguna maleta en algún altillo de la casa. El camarero vuelve a acercarse a su mesa y les lleva el periódico. Lo ojean en común y comentan la familiaridad del nombre que sale en la esquela. En tono jocoso una comenta:- Paquita, ahora mismito salimos nosotras ahí retratadas. Paquita no se da por aludida pero apoya la barbilla sobre su mano y suspira. Las demás se concentran en una noticia, que si no fuera por los periódicos nadie se enteraría…. Los problemas de un centro de salud.  Siguen dándole vueltas a las noticias de cultura y reivindican el coste del cine y que no saben ni de horarios ni de películas porque ahora todo sale por internet y si mis nietos no vienen a mi casa, no me entero de lo que echan en el cine. Paquita sigue en alguna galaxia, dando vueltas.

Llegan los café con leche humeantes a la mesa. Dos de las cuatro echan mano a los pastilleros de sus bolsos y una a la otra se preguntan si es la pastilla de la tensión o del reúma.  Y vuelve a suspirar Paquita. Empieza a poner nerviosa a Antonia que sin paciencia la zarandea suavemente por el hombro y le dice: – Paquita, qué tienes??’ Esos suspiros???. Te has echado un novio, Paquita? A estas alturas???. Ella baja la cabeza y le dice a todas que no pasa nada, que está cansada: – Me dio por freír pescado y estuve fregando la cocina hasta que me metí en la ducha para venir para acá.

Las cuatro encajan con gestos sus dentaduras postizas, agarran la pulguita de queso tierno sin sal y a mordisquitos van saboreando y a buchitos se van entreteniendo y consolando. Llega la hora de irse para casa, empieza a hacerse de noche y Paquita ya está más lejos de la galaxia conocida. Las tres amigas se han dado cuenta pero saben que no quiere hablar. Antonia intenta animarla de nuevo y a la tercera Paquita responde: – A mis años ya tenía que tener las cuentas pagadas. Mi marido falleció hace una década, he vencido un cáncer de mama, he trabajado por mis cinco hijos sin descanso y he pasado muy malas noches y muchas tristezas. He tenido la suerte de curarme para conocer a los ocho nietos que tengo, he pagado toda la vida mis impuestos. He luchado por los derechos y la insurgencia de las mujeres, porque soy mujer y porque quise otro mundo para mis hijas. He votado desde que se me permitió hacerlo. Me he manifestado por causas justas,  le he escupido a la cara a las maldades del mundo, he sido valiente. Pero para ver a mi hijo en paro y a mis nietos pasar necesidades no estaba preparada. Me he dado cuenta que soy una cobarde. No les puedo ayudar  más que con mi mísera pensión y no es suficiente. Estoy desarmada.  Quiero estar en una de esas esquelas porque el dolor me mata y me abrasa viva. Muerta no lo sentiría. A la vez que se que sin mí sería peor, así que no puedo morirme. Yo no le debía nada a la vida ya. Estábamos las dos en justo pago. No me esperaba que la peor cuenta me la pasara a estas alturas….. ya estaba todo pagado.

Paquita, heroína, salvadora de vidas que hoy dependen de ella,  no saldrá en ninguna noticia de ningún periódico. Pero sale hoy en este blog y comparto su coraje con ustedes y sus ideas como esta receta donde con un par de ingredientes y una presentación diferente se pueden pasar ratos ricos en la mesa y  solo esperar que la vida no nos traiga cuentas inesperadas y no se nos ponga puñetera.

INGREDIENTES: (salen unos doce chupitos con estas cantidades)

2 Tomates rojos y en punto exacto de maduración para que no se vacíen al partirlos.

1 Cebolla morada

Un buen chorro de limón

3 Aguacates maduros

Sal gorda

18 Langostinos cocidos y pelados

12 vasos bajo de cristal para la presentación

VAMOS A HACERLO…

Primero cortamos los tomates en cuadritos y rellenamos la parte baja de cada vaso.

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Ahora escacharemos los aguacates (que deberán de estar maduros) y haremos como una papilla con ellos, añadiéndoles un buen chorro de limón o si tuviéramos que estamos en época de lima y sal gorda. Picamos ahora muy menuda la cebolla morada y la incorporamos al puré de aguacate. Con este puré rellenemos los vaos con un dedo más de altura, sobre los tomates picados.

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Y por último y teniendo previsto que ya los langostinos deben de estar guisados y pelados, los vamos cortando en pedazos y vamos incorporando langostino y medio en pedacitos en cada vaso.

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Y el resultado es el aperitivo ideal para invitar, para disfrutar, para sorprender, de invierno a verano. O para hacerlos y dejarlos en la nevera y picar entre horas. Metemos cuchara larga, llegamos hasta el fondo del vaso y procuramos pillar de los tres pisos y llevarlos a la boca. Ummmm por si acaso disfruto, que no sé cuando pueden cambiar las cosas…..

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